Hermoso colofón
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Hermoso colofón

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Hermoso colofón

18/02/2020
columnista
Rafael Cué
La Fiesta Está Viva

La Temporada Grande 2019-2020 llegó a su fin el domingo pasado. Dieciocho corridas de toros, donde, como es lógico, hubo de todo. ¿Vaso medio vacío o medio lleno? En mi opinión, desde luego, “medio lleno”, siempre con la motivación de trabajar para que la Fiesta siga viva, con aún más participación de los jóvenes en los tendidos, en el ruedo y en el palco de ganaderos.

Lecturas muy interesantes nos arroja esta Temporada. En su primera parte el triunfo de los mexicanos; jóvenes y experimentados dieron el “do de pecho” y arrasaron, metiéndose en el ánimo de la gente de inmediato. El público estuvo receptivo con ellos, dejando a un lado la actitud malinchista que en otros años hemos vivido y que perjudica a todos, ya que no permitía valorar la capacidad, talento y virtudes de los nuestros. Ante los extranjeros quedó muy claro que el que no venga dispuesto y con la convicción de convertirse en ídolo, mejor que no venga, nunca más, ya los veremos por tele. Ejemplo de entrega y compromiso, el de Antonio Ferrera, que ya se metió en el corazón de la afición y se mantendrá ahí todo el tiempo que él quiera.

Otra lectura es la manera en la que mejoró la entrada en los generales; una vez que se dispuso la promoción 2x1, se poblaron más y más domingo a domingo. La gente gusta de los toros, si se le pone accesible el panorama, asistirá, y de esta forma se mantiene el interés por esta tradición con más de 450 años en nuestro país.

Carteles variados, distintos y con el toro estupendamente presentado, son una fórmula que difícilmente va a fallar, las corridas del 3, 5 y 9 de febrero son el claro ejemplo. Cada tarde tiene que ser un acontecimiento, no es sencillo, pero al final, ¿qué lo es en esta vida?

Como cereza del pastel fue la tarde del domingo 16, un evento histórico con enormes lazos entre España y México. 20 años de idilio, ni más ni menos. Como toda historia de amor, con altas y bajas, con momentos plenos de belleza, emoción y admiración, así como otros de incomprensión y disgusto. Así ha sido la relación entre Pablo Hermoso de Mendoza y México. Al final, cuando la verdad y honestidad van arropadas con humildad por ambas partes, el idilio se mantiene, pero esta vez no sólo se mantiene, sino que se amplía.

Guillermo Hermoso de Mendoza, con 20 años de edad, ha venido a ampliar este círculo, pero bajo sus propios términos, con sus argumentos personales y taurinos. El hecho de que un padre le pueda confirmar la alternativa a su hijo, ya es de suyo algo impactante; dos historias que comparten una pasión, pero que se escriben con guiones distintos.

Admiro de Guillermo la osadía de ser torero, como cualquiera que lo intente. En su caso le tocó la gracia de ser hijo del mejor del mundo, y eso puede facilitar o endurecer el proceso hasta hacerlo insoportable. En el toro nada está escrito, la suerte y la inteligencia juegan un papel fundamental. La disciplina férrea, la vocación de no claudicar ante las adversidades de la profesión, vivir con el miedo e incertidumbre como compañeros y maestros de vida, es una decisión que pocos hombres son capaces de tomar cien por ciento convencidos, más aún cuando fácilmente pudo haber tomado el camino de buscarse la vida de otra manera.

Los valores de familia y educación de los Hermoso de Mendoza se palpan en todos y cada uno de ellos. Guillermo asume la responsabilidad de mantenerlos dentro del toreo, tiene la frescura de la juventud, el arrojo y la convicción de pasar la línea de fuego al torear. La escuela del padre en la equitación es un gusto al verle bien sentado, con estupendo manejo ecuestre primero y taurino después. La gran virtud de Guillermo es que conoce del toro como pocos; encastes, comportamiento y hechuras son parte de su entender el toreo a caballo. Tiene el valor que no se nota, el bueno, del que no hay que alardear. Con elegancia respeta siempre al caballo por medio de la alta escuela y de llevar a sus cabalgaduras al sitio de fuego con el toro, pero sin traspasar la lógica del espacio y tiempo.

Sus ejecuciones con rejones y banderillas son pulcras, la emoción que transmite al tendido es la del artista sumido en un trance de felicidad por gozar del privilegio de hacer lo que ama, abrazando los valores de la tauromaquia.

Tarde histórica en la que un nuevo capítulo se escribe entre México y los Hermoso de Mendoza, esta vez bajo el guion de Guillermo. Habrá similitudes y diferencias con el padre, difícil de superar sin duda, pero el simple hecho de intentarlo nos habla de un joven ejemplo para su generación.

El tiempo y el toro dirán, lo que es ya una realidad es que esta hermosa historia continuará basada en los valores de la tauromaquia y la familia, que son muy similares y que siempre a la larga triunfan en ambos sectores.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.