menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Toca

COMPARTIR

···
menu-trigger

Toca

09/02/2021
columnista
Rafael Cué
La Fiesta Está Viva

Hoy toca aguantar, hoy toca ser inteligentes, fríos, y muy pero muy pacientes. Se cumplieron 75 años de inaugurada la Plaza México, se festejó de manera virtual en un esfuerzo original, de cientos de horas de recopilación, edición y pasión. Toca reconocer y aplaudir a quienes lo hicieron posible: Tauroplaza México y a todo el equipo de Tauroagencia. Se hizo y se hizo bien. Tuvo buenos números en redes. Gustó, aunque claro, siempre existen los sabios de las redes que opinan desde el anonimato o con su nombre —que es casi lo mismo—, que hubieran, hubieran, hubieran… Hubo criticas, las inteligentes, bienvenidas, las que salen del rincón de la envidia, los complejos y el resentimiento, quedan archivadas en el cajón de la triste realidad de muchos seres humanos a los que la marea de las redes sociales los tiene ahogados.

Otro ejemplo de lo que hay que aguantar es la imbecilidad de algunos políticos. El viernes 5 de febrero, no se le puede ocurrir otra cosa al inestable de Jesús Sesma, diputado o senador, da igual lo que es, es un vividor de la política mexicana, un gato de otros partidos y de oscuras intenciones animalistas; lo de “gato” no me lo tomará a mal, ya que prefieren ser animales a personas, así que hoy le tocó ser gato; en pandemia organiza una manifestación. Buen ejemplo, talento y sentido común puro. Lo bueno es que a esa manifestación donde ese día hubieran asistido 40 mil aficionados, él tuvo que acarrear a 9 gatos —otra vez, para ellos es halago el ser gatos—, tres periodistas y poco más. Realidad de su “convicción”.

No veo al lamentable Partido Verde pelear por la atrocidad del Tren Maya, devastando la naturaleza, matando animales y deforestando kilómetros y kilómetros de selva. Eso no vende, y quizá hasta los regañan. No los veo tampoco intentando ayudar con la vacunación, que es un desastre monumental en el país. Son una verde vergüenza, vividores de la política, lastre para México.

A los taurinos nos toca abrazar las virtudes y valores del toreo. La sangre fría, el saber esperar sin quedarnos estancados en el pasado, ni en formas ni en promoción. Está siendo muy duro no tener toros con público, para todos, ganaderos, toreros, y aficionados principalmente, que no han podido nutrir el alma desde los tendidos; los dos primeros de alguna forma no han perdido contacto. Cientos de toros se han lidiado a puerta cerrada, los toreros le han visto la cara al toro en el campo. Ejemplares que estaban listos para ser lidiados en plazas de toros, con cuajo y edad, han sido toreados en su hábitat. Los toreros han tenido que cruzar la línea imaginaria de los terrenos del toro, para poderles, para demostrarse que su vocación torera es tan grande que la vida se pone en los terrenos del toro y en ese momento el toreo entra en su estado más puro, más real.

La tauromaquia sigue viva, el deseo, los sentimientos, el desarrollo y concepción de la embestida perfecta, la necesidad de los toreros de expresarse, artistas nacidos con el valor de poner la vida en juego ante un toro, que hace lo mismo, cuya esencia es embestir, pelear y entregar su vida de manera inconsciente y noble, real, a cambio de crear arte junto al torero. Si el toro es capaz de manifestar su esencia, regresará al campo a vivir con una punta de vacas para heredar su bravura a futuras generaciones. El ciclo perfecto. Si muere en el ruedo, lo hará con honor, enalteciendo su raza y su instinto.

Llegará el día de volver a las plazas, ¡qué añoranza más grande! Vivir un día de toros, ver a los amigos, ir con la familia, gozar desde el tendido la emoción única e irrepetible de la magia del toreo. Admirar la belleza y poderío de un toro, el valor y gallardía de un torero. Volveremos más fuertes, no me cabe la menor duda. Mientras tanto toca aguantar, toca valorar lo que hoy no tenemos y toca agradecer que tenemos vida para esperar el momento de volver.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.