Culiacán y la imagen de México
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Culiacán y la imagen de México

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Culiacán y la imagen de México

25/10/2019
Actualización 25/10/2019 - 13:11

El fiasco de Culiacán le permitirá a la leyenda del Chapo Guzmán, si no es que ya había sucedido, superar la otra gran narrativa de nuestra América Latina, la del villano popular Pablo Escobar. Cuando Escobar fue asesinado en 1993, el Cártel de Medellín estaba decimado. Los acontecimientos de la semana evidencian el poder de Cártel de Sinaloa: sigue siendo una organización que pone a temblar al Estado mexicano.

El fallido intento de capturar a Ovidio Guzmán, uno de los hijos del Chapo, tuvo una cobertura uniformemente negativa en la prensa internacional e incluso exagerada. Específicamente en Estados Unidos, el fiasco de Culiacán tuvo cuatro lecturas.

Alimentó la narrativa que México es el país donde anidan los más sangrientos y poderosos cárteles del narcotráfico del mundo. Ya el Chapo con su secuela de sobornos e huidas ha dado origen a todo un género de cine y literatura -narcos a la mexicana. El 'culiacanazo' seguramente ya está en la mente de los 'cuartos de escritura' (writers’ rooms) de Hollywood, donde se conciben las series de Netflix, Amazon y HBO. Algunos detalles de los acontecimientos, como el hecho de que los narcos robaran tres pipas de gasolina y habían planeado dónde explotarlas para causar el máximo caos urbano, serán seguramente las escenas estelares de las nuevas series sobre narcos mexicanos.

Justo en esta época en que las series acaparan la atención de los televidentes del mundo entero, me parece incalculable el daño que se producirá en la narrativa global de nuestro país. México se consolida como un país del narco, violencia y corrupción.

En segundo lugar, sigue sorprendiendo a los estadounidenses la falta de capacidad del Estado mexicano. No era un operativo local ni estatal; ni siquiera de la nueva guardia nacional. Era un operativo del Ejército mexicano, es decir, el más importante instrumento de seguridad del gobierno federal y que ha cobrado mayor preponderancia en la vida política de México con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia.

Esta es una lectura muy dañina. Evidencia que México adolece de las instituciones de procuración de justicia –policías, ministerios públicos, jueces y prisiones– que puedan aportar uno de los más importantes bienes públicos –seguridad ciudadana. Un colega californiano que conoce y quiere a México me comenta preocupado, “tus paisanos no confían ni en la Policía ni el Ejército y están apanicados por el crimen organizado”.

En Estados Unidos, las instituciones de procuración de justicia tienen un enorme espíritu de corps y hay líneas que si los delincuentes cruzan tendrán una reacción masiva. Los mexicanos lo aprendimos durante el caso Enrique Camarena. La DEA, por más de dos décadas después del asesinato de su agente mexico-americano, seguía insistiendo que todos los culpables pagaran sus penas. El evento de Culiacán sugiere que los narcos no tienen líneas rojas que cruzar en nuestro país.  

En tercer lugar, agrava otra de las grandes lecturas sobre nuestro país -la corrupción es endémica. Ha logrado penetrar a todas las esferas de actividad, incluyendo a la procuración de justicia y en específico al Ejército mexicano. También añade a la leyenda de los cárteles mexicanos como organizaciones con enorme poder de fuego y con bolsillos enormes para corromper.  

Finalmente, mella la confianza en la cooperación bilateral en materia de seguridad. ¿Para qué gastar fondos del contribuyente estadounidense en una causa perdida que son las instituciones de procuración de justicia en México?

Tras lo ocurrido en Culiacán, Richard Glenn, subsecretario de International Narcotics and Law Enforcement Affairs del Departamento de Estado compareció ante el Capitolio y advirtió que México no ha desarrollado ni compartido su estrategia contra el crimen organizado transnacional y sin esa estrategia no habrá avances.

El 'culiacanazo' llegó en un mal momento en la relación se seguridad entre ambos países. Justo cuando se está redefiniendo todo el aparato de cooperación bilateral. Se supone que el equipo de seguridad de AMLO está haciendo una evaluación de la Iniciativa Mérida que ha sido el mecanismo que ordena y sienta prioridades en la agenda binacional de seguridad.

El equipo de seguridad de AMLO no puede repetir el funesto legado del presidente Enrique Peña Nieto en la cooperación de seguridad con Estados Unidos. Se conformó con criticar las deficiencias en la agenda bilateral de seguridad bajo Felipe Calderón y nunca logró esbozar ni una estrategia propia y mucho menos una nueva configuración de la Iniciativa Mérida.

Ya es tiempo para que AMLO y su equipo de seguridad actúen.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.