El dilema de los demócratas
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El dilema de los demócratas

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El dilema de los demócratas

14/02/2020
Actualización 14/02/2020 - 15:18

En las primeras dos paradas de la temporada de primarias del Partido Demócrata–Iowa y New Hampshire—han surgido dos claros punteros para lograr la nominación a la presidencia: Bernie Sanders, senador de Vermont y Pete Buttigieg, exalcalde de South Bend, Indiana.

Sanders es el Trump de los demócratas. Se ubica en el extremo progresista de su partido y él mismo se autonombra socialista.

Es un viejo duro de roer. Sus ideales son sagrados y eso es lo que necesita el país: mayores impuestos a los ricos, una cobertura universal de salud, paternidad y maternidad pagadas y condonar la deuda en que han incurrido los estudiantes universitarios.

Bernie ha logrado crear un movimiento político que pretende subsanar las deudas sociales del país vecino del norte. Que el Estado sea el bálsamo de los excesos del capitalismo.

Como candidato, Bernie apasiona a su base, la cual es particularmente joven y progresista. Sanders es el aspirante demócrata que ha levantado más fondos en el último mes, 25 millones de dólares. Y lo que ha llamado particularmente la atención es que son donativos pequeños -un promedio de $19 dólares.

Más aún, no acepta donativos de los llamados fat cats, es decir, las élites demócratas que donan con cifras de millones de dólares.

Pete Buttigieg representa una parte más moderada del Partido Demócrata.

Es un joven de 38 años educado en Harvard, veterano de la guerra de Afganistán, y es abiertamente gay. Es el primer millenial que logra esa estatura política.

Es un candidato pragmático, que se ha ido desplazando en la campaña para llegar a ocupar el espacio del candidato del centro de su partido.

Mayor Pete, como lo llaman sus seguidores, es la gran sorpresa electoral del año. Construyó una organización sofisticada en todas las paradas que realizará en la temporada primaria.

Comparado al resto de los aspirantes, tiene la propuesta migratoria más desarrollada y promigrante. Y ha sido crítico de la idea de Sanders de la cobertura universal de salud, pues simplemente no le dan las cuentas.

Buttigieg está logrando, como en su momento lo hiciera Bill Clinton, invocar al elector moderado demócrata y al independiente.

El dilema demócrata consiste entonces en seleccionar entre un candidato radical como Sanders, quien está movilizando a la base progresista, pero que repele a un candidato centrista y pragmático, justo como Pete Buttigieg.

Bernie es adorado por su base, muy a la Trump. Sus seguidores están felices con sus propuestas radicales, como el pago de colegiaturas en universidades públicas.

Le celebran que repudie a las élites de Wall Street y la clase política tradicional de Washington.

Así como los seguidores de Bernie no acabaron de aceptar la candidatura de Hillary Clinton en 2016, y por tanto carecieron de incentivos para salir a votar, ahora en 2020 se repite la historia y es dudoso que lleguen a aceptar a Pete Buttigieg u otro candidato centrista demócrata.

Efectivamente, Pete no se ha distinguido por ser un aspirante que levante pasiones. Es justo un candidato moderado y pragmático. Por eso justamente ha sido arropado por las élites demócratas.

Grandes estrategas y figuras demócratas a nivel nacional como James Carville han salido a proponer que los demócratas no se preocupen ahora por las diferencias entre los candidatos. La pregunta que debe guiar la elección, según Carville, es quién es el candidato que sí puede destronar a Trump.

Tiene razón Carville. Pero Bernie es Bernie. Y su movimiento está embalado y olfateando la victoria. Al contrario de lo ocurrió en 2016 con Hillary Clinton, esta vez parece que no será frenado por cuestiones estratégicas emanadas de la élite de Washington.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.