El peso de la violencia en la diáspora estadounidense en México
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El peso de la violencia en la diáspora estadounidense en México

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El peso de la violencia en la diáspora estadounidense en México

23/08/2019
Actualización 23/08/2019 - 15:06

A mi amigo Carlos Loret, quien personifica el lema del periodista –ser un perro guardián de la democracia.

El sábado pasado tuve una discusión con mi hermana. Le platiqué que después de un maravilloso día en la ciudad de Puebla con nuestro padre, que está por cumplir 90 años y quien acaba de ser operado de la cadera, me sentí enormemente vulnerable. Caminando un par de cuadras en el centro de la ciudad, después de una suculenta cena, se me acercó demasiado un joven creo que para asaltarme y por algún motivo siguió su camino. Hermano, me dijo, desde que vives en Estados Unidos te has vuelto quisquilloso y miedoso.

Más allá de contestarle a mi hermana, comparto con usted lector mi conversación con una empresaria estadounidense, quien ha vivido 15 años en la Ciudad de México feliz y exitosa, pero ahora que tiene hijos, se está replanteando la decisión que tomó con su marido mexicano de vivir y educarlos en nuestra ciudad.

Esta empresaria californiana, quien prefiere que no la identifique, tuvo una experiencia profesional de muy joven que la marcó. Trabajó en Los Ángeles en una organización social no lucrativa para empoderar a migrantes, básicamente mexicanos. “Allí aprendí mi español”.

Después de la experiencia de trabajo comunitario, estudio una maestría en negocios en la Universidad de Pensilvania. Al concluir, tomó la decisión de crear lo que se conoce como un start up en un mercado emergente. México sería su elección. Le era cercano por su gente y por ser vecino de California.

La CDMX superó todas sus expectativas. Su cultura, museos, colores y olores la hacen una ciudad atractiva y global. “Estoy convencida -me dice- que exposiciones como la de Jeff Koons en el museo Jumex atraen talento a esta ciudad.

“Es una ciudad vibrante. No es San Diego, California, en que todo sirve. La CDMX tiene poesía y es humana. Primero me enamoré de la CDMX y salí me paseé en ella. Después salí con mi esposo y me enamoré de él.

“Me ha facilitado amistades profundas y desinteresadas. Me encantan las comidas largas, son fantásticas. En Estados Unidos se come frío y a las 11:30 de la mañana. Mis paisanos son gente muy estresada con el tiempo; en México se vale desvelarse y cenar tarde entre semana. Me gusta este ritmo.

“La CDMX es un centro financiero, cultural y político. Para lo que te ofrece requerirías cinco ciudades estadounidenses.

“Puedes –me explica—montar un negocio 'con una agujeta'”. Entre sus ahorros y lo que le sobraba del sueldo que percibía, estableció un negocio en línea que ha sido muy exitoso.

Los trabajadores jóvenes en México son muy leales. Les entusiasma trabajar en un start up. Es una lealtad que no se basa únicamente en cuánto ganas. Por contraste, considera, en Estados Unidos hay tantas opciones que los jóvenes con talento cambian muy rápido de trabajo. Con mucho entusiasmo me comenta que la joven que hace el mercadeo digital está “enamorada y entregada a su chamba”.

Finalmente, es fantástico que una profesionista mujer, sin ser millonaria, pueda tener ayuda doméstica para la casa y los niños.

Sin embargo, ya con dos niños pequeños, me confiesa, “me siento más expuesta a la violencia. A mi esposo lo asaltaron a punta de pistola a dos cuadras de la casa.

“Siento que la violencia nos rodea. A uno de mis empleados lo acuchillaron en la Central de Abasto. La nana de mis hijos nos llamó a media noche para pedirnos dinero pues su papá y hermano estaban en el hospital con heridas de bala.

“Hace poco me enteré -continúa- que el abogado que nos ayudó con ciertos trámites fue asesinado por haber vendido dos pinturas falsas. Percibí -me dice preocupada- que es muy fácil hacer justicia por mano propia.

“Me he movido en Uber feliz durante los últimos años. No me importaban las historias de asaltos. Ahora con mis niños ya me pesan.

“Me siento expuesta. Tengo poco más de 20 empleados. He tenido que despedir a más de uno. Vivo muy cerca de mi trabajo y temo que me puedan hacer algo.

“A final de cuentas me preocupa cómo voy a educar a mi hija. Percibo una sociedad muy machista. Cada vez que digo que tengo un negocio, la pregunta es: ¿eres socia de tu marido? Les cuesta trabajo entender, tanto a mis trabajadores como a mis clientes, que mi chamba no es un hobby, es un trabajo y le 'meto durísimo'. Me eduqué para eso”.

Esta empresaria quiere estar segura de que no cae en la trampa de las ranas. “Si les pones agua ardiendo brincan para salvar su vida. Pero si calientas el agua lentamente, las ranas no se salvan”.

La diáspora más importante de Estados Unidos está en México. Son entre un millón y medio y dos millones de personas. Es un conector de la mayor relevancia entre los dos países y es instrumental para un México vibrante y global.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.