El supremacista blanco de la Casa Blanca
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El supremacista blanco de la Casa Blanca

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El supremacista blanco de la Casa Blanca

15/11/2019

Stephen Miller es el gran arquitecto de la política antimigratoria de Trump. Un joven de 34 años que se ha entendido de maravilla con el mandatario desde que arrancó la campaña presidencial. Es un funcionario decidido a hacer la diferencia en el terreno migratorio, pues considera que los privilegios de los blancos y el bienestar de la sociedad estadounidense está en peligro por estas grandes oleadas de migrantes de México, Centroamérica, Asia y, desde luego, de países musulmanes.

Miller tiene un acceso privilegiado al mandatario, pues es su favorito discursero en el tema migración. Es quien le vendió la idea de atacar sin compasión a los migrantes que han cometido un crimen. Él es responsable de invitar a los actos de campaña y ahora a los actos de gobierno, como el mensaje anual al Congreso, a familiares de las víctimas que sufrieron un daño a manos de un inmigrante. Miller, egresado de la Universidad de Duke, se ha hecho fama de ser muy sagaz en implementar su agenda antimigratoria durante los primeros tres años de presidencia de Trump. Esto es, no sólo es el ideólogo de la Casa Blanca, sino que se toma el trabajo de instrumentar sus iniciativas, como la separación de hijos de los padres centroamericanos en la frontera con México.

Miller se esconde de los reflectores. Sabe que tiene una oportunidad excepcional de impulsar la supremacía blanca trabajando como un asesor de alto rango (senior advisor) de la Casa Blanca. Y trabaja para ello incansablemente.

Sin embargo, esta semana hubo una filtración a la prensa que ha puesto a Miller en el reflector. Katie McHugh, experiodista de el sitio archiconservador, Breibart News, entregó nada menos que a la organización Southern Poverty Law Center (SPLC por sus siglas en inglés) cerca de 900 correos electrónicos que le había enviado Miller con el ánimo de influirla en su cobertura. Los correos recomiendan todo tipo de literatura y sitios web supremacistas blancos, como America Renaissance, o la novela francesa El campo de los Santos.

La noticia de los correos de Miller, publicada el martes pasado, ha llevado a algunos legisladores como Alejandra Ocasio Cortés a pedir la renuncia de Miller.

Trump no despedirá a Miller. Lo necesita y simpatiza con él. Es un actor clave en su campaña de reelección 2020.

Los correos en manos del SPLC, sin embargo, evidencian lo que se sospechaba: Miller es un declarado supremacista blanco que ha emprendido una exitosa cruzada porque Estados Unidos deje de ser un país de inmigrantes y se convierta en una fortaleza que privilegie la raza anglosajona.

Más aún, Donald Trump es el instrumento de un grupo de supremacistas blancos, entre los que se encuentran Steve Bannon, el dueño de Breibart News y exdirector de estrategia de la Casa Blanca, Jeff Sessions, exsenador de Alabama y el primer procurador general de justicia de Trump, así como el escritor de extrema derecha, Sam Trende.

El libro Border Wars, Inside Trump’s Assault on Immigration, de los reporteros de The New York Times, Julie Hirschfeld Davis y Michael D. Shear, señala que justo cuando los líderes del Partido Republicano decidieron que para poder recuperar la presidencia que Barack Obama les había arrebatado en 2008 y 2012, era necesario acercarse más a los electores latinos. Sin embargo, un pequeño grupo archiconservador, con ideología supremacista blanca, propuso justamente lo contrario.

En 2013, Bannon invitó a su casa en Capitol Hill, conocida como la Embajada Breibart, a cenar a Sessions y su entonces asistente, Miller. Los hizo ver que lo que en realidad necesitaba el Partido Republicano era un candidato que atacara a los inmigrantes sin remordimientos y que dejara en claro que sólo venían a arrebatar las oportunidades a los verdaderos estadounidenses. Más aún, le insistió a Sessions, entonces el senador más antimigrante, que buscara la candidatura.

Con buena dosis de sensatez política, Sessions convenció a Bannon que lo que requerían era encontrar un candidato republicano a modo para sus creencias antimigratorias.

Y lo demás ya es historia. Los tres coincidieron en la campana de Trump. Fueron los más influyentes en el mensaje antimigración del candidato, a quien transformaron de un antimigrante ramplón a un mandatario que está instrumentando una agenda migratoria supremacista blanca.

Mi lectura es que Trump es el instrumento de un grupo de racistas que están transformando el alma social del país vecino. Trump les ha comprado ávidamente el paquete antimigratorio pues Bannon tenía razón: las bases republicanas, los blancos sin estudios, empobrecidos y de pequeñas poblaciones, han abrazado gustosos el mensaje trumpeano preparado por Miller –los migrantes de países de mierda como México y Centroamérica están arrebatando los trabajos a los blancos pues aceptan cualquier sueldo y no reparan ante las adversas condiciones laborales.

El reporte del SPLC sobre los correos electrónicos de Miller y el análisis del libro Border Wars evidencian que Trump es el títere de un grupo de supremacistas blancos que ahora tiene como punta de lanza a Steven Miller, justo en el núcleo del poder: la Casa Blanca.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.