Lo que está en juego, y el riesgo de pisar el freno
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Lo que está en juego, y el riesgo de pisar el freno

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Lo que está en juego, y el riesgo de pisar el freno

29/06/2020

Las noticias mundiales en el sector energético son sumamente alentadoras. De acuerdo con el informe de las estadísticas de capacidad renovable global 2020, publicado por la Agencia Internacional de Energías Renovables, del total de la nueva capacidad de generación de energía eléctrica, incorporada a la red al cierre de 2019, el 72 por ciento fue de centrales que generan a partir de fuentes renovables y limpias. Y de ese 72 por ciento, 90 por ciento fue de granjas solares y eólicas exclusivamente.

Nuestro planeta cerró 2019 con una capacidad total de 2,536 GW de generación eléctrica renovable, apenas un poco mas del doble de lo que se contaba al cierre de 2010. En México, la cifra de renovables alcanzó 25 GW, el 1 por ciento de la capacidad mundial. Desagregando esos datos y particularizando el desempeño de la energía eólica en nuestro país, tenemos que en 2010 contábamos con una capacidad instalada de 519 MW, que al 30 de diciembre de 2019 ya se han convertido en 6.6 GW. Para ahorrarte la conversión de unidades, te diré que este gran salto significó multiplicar por 13 la capacidad, en tan sólo nueve años. Sin embargo, la energía eólica se divide en dos grandes tipos, en tierra (on-shore) y en mar (off-shore), y de esta última, en México aún no existe una sola turbina. Creo que este tema representa una enorme ventana de oportunidad para una nación con una línea de costa de 11 mil 122 km de longitud.

En energía solar fotovoltaica, el avance es asombrosamente impactante, en todo el territorio nacional había apenas 29 MW en 2010, y a finales de 2019 la capacidad total alcanzó los 4.44 GW, nada más y nada menos que 153 VECES más en el periodo analizado.

La frialdad de unas cuantas cifras escritas en un pedazo de papel, a pesar de sorprendernos por sus buenos resultados, es probable que nos impidan dimensionar en su justa medida el impacto económico que derrama en todo nuestro suelo nacional. La cantidad de empleos que este sector ha generado, incluyendo su formación, especialización y profesionalización, es sencillamente invaluable. Para el mismo gobierno, esto ha significado una importante fuente de recaudación fiscal, y muchos sectores, entre ellos el financiero, se han beneficiado de manera indirecta de estos avances.

Ahora, las graves consecuencias sociales, económicas y de salud pública derivadas del coronavirus, en conjunto con la crisis climática, se han convertido en una amenaza existencial que está imponiendo un desafío mayúsculo a nuestra generación. La urgencia de hallar soluciones podrían tentar a los gobiernos a inclinarse por las respuestas de corto plazo; sin embargo, las medidas a implementar no deben perder de vista que los objetivos necesariamente tienen que ser sostenibles y medioambientalmente responsables en el mediano y largo plazos.

Ya bastantes amenazas y desafíos enfrenta la transición energética hacia energía limpia y renovable, como para que el propio gobierno le ande colocando nuevos obstáculos. Es demasiado lo que está en juego. Intentar colocar un freno injustificado a los enormes progresos que hemos hecho todos los mexicanos en energía renovable, es una equivocación de grandes proporciones.

No sólo es necesario, sino imperativo, tomar decisiones informadas y fundamentadas, respetuosas del Estado de derecho, generadoras de confianza para la inversión y el empleo, que refuercen el compromiso con el desarrollo amplio y sostenido de las energías renovables, para garantizar un futuro sostenible, estable y saludable.

E-mail: raul@mienergiamx.com

Facebook: Raúl Asís Monforte González

Twitter: @raulmonforte

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.