Una red eléctrica confiable requiere una transición limpia e inteligente
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Una red eléctrica confiable requiere una transición limpia e inteligente

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Una red eléctrica confiable requiere una transición limpia e inteligente

20/06/2020

La confiabilidad es un valor que se enfoca en generar certeza convincente, de que una persona o cosa será capaz de realizar una función específica que conduzca a resultados o entregables consistentes y congruentes con ciertos atributos cualitativos y cuantitativos, dentro de un entorno o condiciones determinadas, y por un período de tiempo establecido.

La confiabilidad del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) es el tema central de la política que publicó la SENER en el DOF, cuyos términos se han estado discutiendo públicamente en las últimas semanas, y que están siendo combatidos en tribunales por quienes ven amenazados sus derechos, con bastante éxito por cierto.

Si el SEN perdiera la cualidad de confiable, una de sus principales manifestaciones visibles y sensibles, sería la frecuente ocurrencia de apagones, cuya duración puede variar desde unos cuantos minutos hasta una buena cantidad de horas en condiciones “normales”. Así como existen zonas en donde estos eventos son escasos, hay áreas en donde los usuarios ya están hastiados de tanta interrupción del servicio.

En la gran mayoría de los casos, estos apagones son ocasionados por fenómenos climáticos, como ventarrones o ciclones tropicales, y en otros por accidentes, como los incendios de maleza debajo de las líneas de transmisión. Estas amenazas a las que está sometida la infraestructura ponen en evidencia la necesidad, en muchos casos urgente, de implementar medidas proactivas tendientes a encontrar soluciones de largo plazo y confiables, acerca del modo en que generamos, transportamos, distribuimos y consumimos electricidad, y eso es lo que justifica la emisión de una política pública.

Ahora bien, ¿cuáles son los factores que causan inestabilidad y, por lo tanto, comprometen la confiabilidad de la red? Quizás el más importante es la antigüedad de la infraestructura, que conforme se hace más vieja, queda aún más expuesta y especialmente vulnerable ante la ocurrencia de fenómenos meteorológicos cada vez más frecuentes e intensos.

Otro factor que hoy es importante, pero que pronto será determinante, es el natural crecimiento de la demanda, que se verá multiplicado, aunque algunos todavía tengan dudas, por el incremento acelerado de la movilidad eléctrica en el corto y mediano plazo. Es claro entonces que la antigua red no fue construida para las demandas tecnológicas, medioambientales y de seguridad que imperan hoy en día. Es primordial entonces invertir, y fuerte, en transmisión.

Por lo tanto, el incremento de la confiabilidad requiere necesariamente de una transición energética que no solamente tiene que ser limpia, sino también inteligente. La infraestructura eléctrica del futuro tiene que ser distribuida, descarbonizada y con una mayor relación costo-beneficio, teniendo a los usuarios como la principal fuerza impulsora.

El despliegue masivo de proyectos de generación solar distribuida, en combinación con sistemas de almacenamiento y gestión inteligente, junto con la creación de plantas virtuales de energía y redes inteligentes, son elementos clave de un nuevo mercado que debe regir en el sector eléctrico, con ciudadanos más empoderados, informados, participativos y responsables con su entorno y su comunidad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.