De rodillas ante los yanquis
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De rodillas ante los yanquis

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De rodillas ante los yanquis

19/07/2019
Actualización 19/07/2019 - 13:28

El domingo, fecha calendario rarísima para que nos visite el procónsul norteamericano Michael Richard Pompeo, tiene un propósito: le deberemos mostrar los datos que lo convenzan de que hemos hecho la tarea que nos encomendó su jefe Trump para no ser castigados.

El secretario de Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubon, hará gala de sus nuevos dominios y le explicará que a la frontera sur él ha enviado a seis mil soldados para tratar de sellar, o al menos impedir que migrantes de diversas nacionalidades transiten por México para llegar a Estados Unidos y encontrar la paz y las oportunidades que no encuentran en sus países, los cuales no son sólo Guatemala, El Salvador y Honduras, sino también Nicaragua, Cuba y hasta provenientes de Somalia y Bangladesh.

Marcelo Ebrard también hará cuentas de los elementos del Instituto Nacional de Migración destinados a interrogar, enlistar y clasificar a perseguidos y esperanzados que aspiran lograr the american dream.

Además, también ofrecerá datos sobre la Secretaría de Exteriores, del número de burócratas y diplomáticos que afanosamente buscan elementos para que no se nos aplique la amenaza de sufrir el 5.0 por ciento de impuestos a nuestras exportaciones. Dadas las circunstancias en que hoy se encuentra la recesiva economía mexicana, el sobreendeudamiento de Pemex, el pago que durará un par de decenios para sufragar los costos de los bonos del aeropuerto de Texcoco en manos extranjeras y nacionales y, los recursos despilfarrados a diestra y siniestra, sería desastroso.

¿Y cómo es que nos encontramos en semejante aprieto?

Debemos remontarnos a la fatídica fecha del 15 de noviembre del año pasado, cuando el ciudadano Ebrard, desconocedor de los laberintos de la diplomacia y ya designado como titular de la SRE, trató de ser condescendiente con Pompeo, quien como titular de la CIA había dicho que ese organismo debía ser “más agresivo, brutal, despiadado e implacable”. En esa fecha en Houston, Ebrard, quien había sido activista a favor de Hillary Clinton durante 2016, trató de tener reconocimiento y legitimación al puesto que ocuparía unas semanas más tarde. Por ello cedió a las exigencias del procónsul, quién es miembro del ala ultraderechista 'Tea Party' dentro del Partido Republicano.

Ese compromiso oral consistió en aceptar once puntos de recepción en la frontera de los expulsados, de no importa qué país, en nuestro suelo patrio. Esa aceptación, que ni el gobierno panista de derecha ni el del corrupto gobierno priista, lo hizo Ebrard en nombre de un gobierno de izquierda progresista y que aspira a una transformación de fondo.

Michael Richard Pompeo llegará el domingo a ver, oír y escudriñar lo que el gobierno ha hecho en los últimos 45 días. Llega después de declarar el 10 de junio recién pasado lo siguiente: “No hemos ofrecido ningún apoyo de recursos al gobierno mexicano para lograr esos resultados, tampoco lo hicimos para América Central. Cuando encontremos que es de nuestro interés proporcionar recursos en el Triángulo del Norte o en México, que tengan sentido para proteger al pueblo estadounidense, lo haremos. Pero en primera instancia, estas naciones tienen la responsabilidad de atender esos problemas de inmigración en su país de origen”.

El procónsul llegará el domingo con una sonrisa ante quien ya etiquetan algunos expertos como vicepresidente Ebrard, pero eso no le impedirá soltar el látigo. No sabemos si don Marcelo estará acompañado de doña Olga Sánchez, de Gobernación, y de don Alfonso Durazo para que cada uno rinda cuentas o, como ya lo ha hecho antes, don Marcelo esté solo como interlocutor válido, único y legítimo que ha desterrado de su currículum sus andanzas de activista en favor de los Clinton. Odiados por Trump.

Véase desde el ángulo que usted prefiera, pragmatismo puro, insolvencia de credibilidad, estrategia para evitar gravámenes arancelarios o lo que usted logre inventar, el hecho claro, definitivo, sólido, innegable e inaceptable, es que el domingo próximo nos someteremos, todos, a regalarle al exdirector de la CIA, embajador plenipotenciario de Trump y efectivo procónsul, un buen gajo de nuestra soberanía.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.