La farsa del Conacyt
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La farsa del Conacyt

12/06/2020
columnista
Raymundo Riva Palacio
Estrictamente Personal

El 23 de abril, en una de los circos vespertinos en Palacio Nacional, la directora del Conacyt, María Elena Álvarez Buylla, afirmó que para el 15 de mayo tendría listos 700 ventiladores, “ensamblados y listos” para soporte de los enfermos de Covid-19 en situación crítica, con tecnología 100% mexicana. No sucedió, y 15 días después, ante la presión de los medios, tuvo que justificar sus mentiras con más mentiras, al afirmar que no había dicho lo que sí había dicho. Pero desde un principio, sabían los expertos cuál iba a ser el resultado.

La directora del Conacyt engañó a la nación y, a menos que estuviera consciente del timo, al presidente Andrés Manuel López Obrador. Tocó la música del régimen al impulsar la racional del gobierno que apela al nacionalismo, con propaganda y mentiras que, sin embargo, no tiene consecuencia política alguna para ella –y de hecho, para nadie de sus compañeros de gobierno–, porque no hay rendición de cuentas en esta administración para embusteros.

Invitada en abril a Palacio Nacional para que hiciera el anuncio, Álvarez Buylla, dijo que la dependencia a su cargo “asumió la responsabilidad de coordinar el diseño y manufactura de ventiladores 100% mexicanos”. Era mentira. El diseño y manufactura, de entrada, se iba a realizar con un diseño gratuito del Tecnológico de Massachusetts, al que se puede acceder fácilmente en internet, y había uno más que estaba preparando un mexicano. No se sabe qué está haciendo el Conacyt con este diseño y patente estadounidense, y del trabajo mexicano se sabe menos.

Pero aún si el diseño mexicano va caminando, no será tampoco 100% de contenido nacional. Otra mentira flagrante. La mayoría de las piezas para este tipo de equipo se fabrican en los principales centros industriales de equipo médico en Alemania, China y Suiza, de donde se importan para su fabricación en México –en las primeras semanas de la pandemia, por minimizarla la Secretaría de Salud, se vendieron los inventarios y no se guardaron equipos, como lo hizo el resto de las naciones–, y se ensamblan en plantas de multinacionales, en Zodiac que está en Chihuahua, y en Hitachi, que se localiza en Querétaro.

Una persona que la conoce se asombró cuando escuchó su declaración en abril, donde ofreció en breve ventiladores mecánicos invasivos, de alta calidad y seguridad biomédica a bajo costo, porque sabía que ni siquiera existía un prototipo del ventilador. Un experto en la materia dice que podría ser posible que los primeros prototipos se presenten durante junio, un mes después de la fecha que ofreció Álvarez Buylla para entregarlos “ensamblados y listos”.

“La pregunta obvia es cuál es el contenido de esos ventiladores”, dijo el experto, pensando en la justificación que habrá. “Me recordó la historia de los autos Lada soviéticos, orgullo nacional, bautizados localmente como ‘Kopek’, que fueron una copia calca del Fiat 124. La planta fue construida siguiendo los planos italianos bajo supervisión italiana”.

El comentario refleja mucho lo que está sucediendo. La propaganda nacionalista al estilo soviético, difundida través de sus órganos de difusión –no había libertad de prensa ni se permitía la disidencia–, con falsedades tan grandes, que cuando el Kremlin ya no pudo sostener el ritmo del avance económico y tecnológico en el mundo, la Unión Soviética colapsó y se disolvió la federación de repúblicas en medio de la destrucción del modelo de gobierno. Álvarez Buylla está en esa lógica de chapucerías bañadas de nacionalismo, respaldada siempre, de manera contundente, por López Obrador.

La directora del Conacyt no tiene que rendir cuentas por las mentiras que dijo y las promesas, que de haber sido honesta, nunca debió haber ofrecido. No se sabe si lo que dijo fue por instrucciones de López Obrador, muy proclive a llevar a sus colaboradores a hacer afirmaciones insostenibles o promesas prematuras.

Sin embargo, como el Presidente nunca se equivoca, alguien tendría que haber pagado por el incumplimiento de lo prometido.

Las palabras en esta crisis sanitaria deberían tener un valor superior y un costo mayor de probarse falsas, porque si engañó al Presidente y a los responsables en la Secretaría de Salud sobre la posibilidad de tener rápidamente ventiladores, probablemente tomaron decisiones presupuestales y adquisiciones equivocadas en función de ese ofrecimiento. Si esto fue así, y el tiempo permitirá ir conociendo la verdad de este episodio, existe la posibilidad de que sus mentiras causen muertes. ¿Estará consciente Álvarez Buylla de la irresponsabilidad incurrida?

Varios altos funcionarios en el gobierno, involucrados en el tema del combate al Covid-19, probablemente no se han dado cuenta que sus acciones pueden estar blindadas en México, mientras se mantenga la fuerza de López Obrador, pero que el haber tomado decisiones de Estado que afectan a un grupo específico de personas, se abre la puerta para que una vez pasada la emergencia y se empiecen a revisar los resultados de las decisiones y las acciones, podría abrirse la posibilidad de juicios en tribunales internacionales por las políticas que provocaron la muerte de personas.

Esto no tendría nada que ver con el número de decesos ni con los pronósticos confusos que hay sobre la enfermedad, sino sobre acción-decisión-resultado.

Deberían tener en cuenta este horizonte y dejar de mentir y engañar a todos. Si creen que en México pueden salir impunes, por algunos años así podrá ser.

Pero nada es para siempre. Además, el camino a tribunales internacionales es una opción que se considerará y eventualmente, en función de lo que resulte al día siguiente del final de la crisis, y habrá quien tome la decisión de la denuncia internacional. Ahí no habrá más blindaje ni impunidad. Tampoco servirá la propaganda y las mentira. Es mejor que rectifiquen y que vean en ese horizonte un freno para detener la palabrería y la irresponsabilidad.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.