La inevitable evolución de lo humano
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La inevitable evolución de lo humano

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La inevitable evolución de lo humano

06/09/2019

La evolución es un fenómeno universal. El libro más reciente de Matt Ridley, “The evolution of everything”, es una lectura que nos invita a imaginar posibilidades infinitas sobre los alcances de esta teoría. En su obra, el autor argumenta que la teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin es sólo un caso particular de una teoría más general, sugerida previamente por Adam Smith —y refinada posteriormente por Joseph Schumpeter al ser aplicada al mercado.

De acuerdo con Ridley, el poder de la evolución y la adaptación aplica a un amplio número de fenómenos sociales, como son: el gobierno y la política, la moral, la tecnología y, por supuesto, la economía y el sistema monetario. La evolución es un proceso iterativo que no persigue un principio rector preestablecido. Es, más bien espontánea, gradual y acumulativa.

A pesar de que la complejidad de muchos fenómenos nos sugiere un diseño definido con anterioridad, al hablar de evolución, se trata de procesos espontáneos que suceden sin intervención externa y que nunca terminan de producirse —en otras palabras, están en constante movimiento, en una operación que se auto-organiza a partir de la información que ésta misma recibe y genera.

Las acciones no se realizan de forma jerárquica —de arriba hacia abajo—, fluyen constantemente entre todas las partes involucradas y especialmente, de abajo hacia arriba. La evolución es entonces un proceso de cambio gradual y repetido, determinado por un proceso continuo de prueba y error. El éxito está sujeto a una selección natural: en palabras de la teoría darwinista, en la sobrevivencia del más apto. La acumulación de los éxitos y descarte de los fracasos a través de la selección natural se convierte en el fundamento mismo de la evolución.

Como ya mencioné, el autor sugiere la aplicación del principio evolutivo a diferentes fenómenos sociales. Consideremos simplemente: la cultura, el gobierno y la política, la tecnología y, finalmente, la economía y la moneda.

De acuerdo con Ridley, cada cultura llegó a su estado actual a través de un proceso evolutivo. Como bien ha demostrado el paso del tiempo, una cultura logra el éxito cuando se impone sobre otras y extingue a las demás, a través de la adaptación y la fusión de las anteriores. Por ejemplo, la cultura mexicana moderna ha evolucionado a través de los siglos: ya es distinta a la de nuestros abuelos y a la de nuestros bisabuelos y tiene poco que ver con la forma de vida en tiempos de Hernán Cortés.

Bajo una perspectiva histórica, nuestra cultura es el fruto de la interacción de muchas otras: especialmente la combinación de los distintos modos de vida y costumbres prehispánicas y españolas, fruto de la Conquista hace 500 años. Pero nuestra cultura es un crisol de varias como las que trajeron los inmigrantes franceses, ingleses y libaneses a lo largo de décadas —la globalización también nos ha marcado, no debemos combatirla.

Precisamente porque la cultura es un proceso evolutivo, debemos impulsar un Cambio Cultural que nos lleve a crecer y evolucionar como sociedad. La obra de Ridley nos hace pensar que este cambio cultural nos obliga a incorporar elementos capaces de sobrevivir a un proceso de selección natural. Para ello, tendríamos que observar qué fundamentos de distintas culturas las han llevado a ser exitosas y adaptarlos a nuestra forma de ser —porque la evolución también es un proceso de adaptación al entorno.

Es común pensar que las decisiones gubernamentales ocurren en un proceso jerárquico de arriba hacia abajo. Ridley refuta esta percepción al hacer referencia a un estudio que describe cómo se auto-organiza el gobierno en las prisiones en Estados Unidos, de manera espontánea.

El estudio expone la existencia de un código de conducta no escrito entre los prisioneros que busca maximizar su capacidad de acción, con el mínimo uso de la violencia y de la fuerza. Este código funciona cuando la población en una cárcel es relativamente pequeña y homogénea. No obstante, cuando el número de internos rebasa los 200 o 300 individuos, eventualmente surge un grupo o una persona que impone su ley y establece una forma de gobierno sobre la población. Si el gobierno fracasa y no logra un mínimo bienestar, eventualmente será derrocado —en las prisiones, a través de la violencia.

A través de la historia se han dado procesos similares. Cuando una aldea contaba con unos pocos miembros, bastaba con un simple “código de conducta”, pero cuando la población excedía algunos cientos de personas eventualmente surgía un líder, un señor feudal o un rey local que establecía un gobierno. Si este gobierno fracasaba, era cambiado —en tiempos pasados, de manera violenta y hoy a través de las urnas—. Después de leer esta obra, me queda claro que el proceso democrático seguirá evolucionando. ¿Qué forma tendrá en cien años?, vale la pena reflexionar.

El avance tecnológico es resultado de un claro fenómeno evolutivo. Cada artefacto que utilizamos es resultado de un proceso de prueba y error interminable, de una selección natural donde sobrevive el más apto —es por esto que se puede entender la transición del telégrafo al teléfono celular—. Ridley establece que la concepción del inventor es un tanto mítica, porque éste simplemente agrega y mezcla ideas previamente existentes. Dado que el comercio conlleva un intercambio de ideas, la invención se convierte en un resultado inevitable.

La historia económica y monetaria narra otro claro proceso evolutivo. Durante cientos de miles de años, el hombre basó su sustento en la caza y la recolección y los intercambios eran poco frecuentes —por lo que el trueque era sencillo—. No obstante, cuando surgen las primeras civilizaciones, hace más de 10,000 años, el comercio se vuelve esencial para el desarrollo de la humanidad y la moneda se hace indispensable y evoluciona a la par del sistema económico.

Haciendo un pequeño paréntesis consideremos que, en su libro “El optimista racional”, Ridley argumenta que es precisamente el comercio la cualidad humana que hizo que el “Homo Sapiens” prevaleciera sobre el hombre de Neanderthal, a pesar de que este último era físicamente más poderoso y su cerebro más grande. Ridley considera que el comercio hizo posible al ser humano desarrollar una mente colectiva que beneficia a toda la especie. Por esto, creo que los ataques al libre comercio son ataques a una de nuestras cualidades más esenciales.

El capitalismo moderno y la globalización son resultado de más de 10,000 años de evolución del comercio, que nos llevan a sociedades altamente especializadas que han logrado crear productos increíblemente sofisticados. Consideremos por ejemplo un smartphone, cuyo uso común nos hace olvidar su enorme complejidad: contiene miles de piezas avanzadas que provienen de muy distintas partes del mundo y que son ensambladas “justo a tiempo”, componente por componente, hasta lograr un producto inconcebible hace apenas un par de décadas.

Es imposible detallar en un libro de poco más de 300 páginas la sofisticación de una gran diversidad de procesos humanos. Pero la lectura de esta obra de Ridley nos invita a imaginar las posibilidades infinitas que la humanidad podría alcanzar a través de sus diversos fenómenos evolutivos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.