Cooperar para vivir
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Cooperar para vivir

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Cooperar para vivir

23/05/2019

Desde Milán, la capital del norte italiano, alojado en la residencia de la Universidad de Milán Bicocca para un seminario sobre desarrollo humano, me entero de la presentación de la propuesta de la CEPAL de un plan de Desarrollo Integral El Salvador-Honduras-Guatemala y México, hecha por la secretaria ejecutiva de la Comisión Alicia Bárcena. Se trata de una encomienda que los gobiernos de esas naciones hicieron a la CEPAL a fines del año pasado y tiene como motivación urgente la crisis humanitaria desatada por las caravanas masivas de migración del sur mexicano hacia el norte cada vez más lejano y hostil de Donald Trump.

Nada más lejos de la perspectiva abierta por el gobierno mexicano que la visión siempre punitiva, a pesar de tanto cambio, de los gobiernos estadounidenses, hasta la cumbre actual de agresión y amenaza a la que convoca cotidianamente el empresario convertido en presidente en una cínica combinación de bajeza político-electoral, racismo y xenofobia.

En lugar de asumir las viejas pero siempre actuales lecciones de algunos de sus próceres contemporáneos, de Walter Lipman al presidente Kennedy, que pusieron por delante de sus estrategias de poder un mínimo reconocimiento de la realidad profunda latinoamericana, signada por la huella oligárquica que lo marca todo, Trump ha optado por un encierro retórico, pero amenazador. Poniendo en jaque las de por sí dañadas estructuras del orden comercial global, así como las siempre precarias convenciones y legislaciones, instituciones y costumbres que deberían articular nuestras relaciones con el coloso y que sin más son puestas a un lado siempre que así conviene a los poderes en turno del imperio.

La coyuntura obliga a revisiones a fondo de un orden internacional hecho harapos después del fin de la bipolaridad y del colapso del hiperglobalismo, inaugurado con prepotencia a fin de siglo pasado por Estados Unidos después de la Guerra del Golfo. De eso dan cuenta las tribulaciones europeas donde están en juego el futuro de sus democracias y también de su gran proyecto unificador. Pero de eso también hablan las fintas de guerra comercial entre China y Estados Unidos y las realidades de “guerra fría” electrónica impuestas por Estados Unidos a la segunda potencia emergente del Oriente, en su disputa por el predominio cibernético global.

Por ello es que el Plan del Sur al Norte que ofrece la CEPAL, en su escala y a su manera, contiene miradas de aliento y esperanza. Podría trazar otras coordenadas cooperativas a los erráticos esfuerzos nacionales y locales por poner al día las economías de Mesoamérica, cruzadas por la reproducción de la pobreza masiva y sofocadas por aperturas al comercio y las finanzas que no han traído consigo el desarrollo tan ansiado como esquivo y extraviado.

Los mexicanos somos, a pesar del olvido fingido, más vecinos y parecidos a los de nuestro sur y el Plan podría darnos la oportunidad de saldar cuentas con tanta confusión y omisión geográfica, geopolítica y hasta geoeconómica. Con todo, es posible aspirar a seguir los rastros de un cambio significativo en formas de entender y vivir las duras ecuaciones y desigualdades del desarrollo.

Para tomar nota y hacer nuestra una situación terrible, que hace urgente y crucial la agenda que el gobierno mexicano y su presidente han presentado como exposición de motivos del Plan, necesitamos conocer la cruda y cruel vivencia de los migrantes en Tapachula, donde centenares de centroamericanos acompañados por africanos, cubanos y haitianos, se mueven en una “tierra de casi nadie” aunque ahí sigue el Instituto de Migración, como atestiguó Mario Luis Fuentes después de una breve excursión en aquella región.

De lo que se trata, como alguna vez dijera Walter Lipman allá en los inicios del siglo XX, es de que se migre por curiosidad, empeño viajero o exploratorio no por necesidad. Por mejorar, como dijera el clásico del Siglo de Oro, no para sobrevivir. Y es para eso que Centroamérica y México, el continente todo, necesitan pensar bien y en serio, porque ninguna barrera de contención o represión puede “encauzar” mucho menos resolver el andar migratorio.

Bienvenidos el Plan y sus primeras y difíciles asignaturas. Apostemos todos por el inicio de cooperaciones inéditas que involucren a la América Latina toda y le “ayuden” a Estados Unidos a tomar nota de que una “alianza para el progreso” no sólo es necesaria y posible, sino vital. Y que como anécdota a no recordar queden el señor Bolton y su Doctrina Monroe.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.