La espiral inclemente de la violencia
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La espiral inclemente de la violencia

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La espiral inclemente de la violencia

09/05/2019

Como en el relato de Edmundo Valadés, la muerte parece tener permiso en nuestro país; así lo atestiguan los relatos de Eduardo Guerrero en El Financiero, Héctor de Mauleón y Alejandro Hope desde El Universal. Y sí, todo pareciera decir que como colectividad estamos muriendo. Dudo que, como sociedad, ¡que “acostumbrada” está a pasarla mal!, nuestra sociedad vaya a resistir por mucho tiempo más esta circunstancia extrema y tensa. Con todo y la “paciencia” mostrada en momentos diferentes por la sociedad mexicana.

Algo harán los ciudadanos organizados y mucho tendrá que ingeniar e intentar nuestro atribulado gobierno para defenderse y defendernos, aunque tenga que ser, sin remedio, de manera provisoria. El destino nos alcanzó de la peor de las maneras imaginables: sin recursos humanos preparados y sin organismos formados y confiables, en condiciones de responder, desde varios frentes como lo son la investigación, el congelamiento de dineros, la secrecía en y de las investigaciones, las carpetas bien hechas, para hacer frente a la capacidad de fuego y reclutamiento largamente preparados por los grupos criminales.

De poco sirven los lamentos; la búsqueda de culpables no es otra cosa que eludir responsabilidades. El resultado está a la vista y nos abruma como impotencia nacional, al estilo de lo que probablemente embargó a los héroes de la Reforma y la resistencia al Imperio francés del siglo XIX. Para no recordar la tragedia del 47.

Tiene razón el gobierno cuando pide tiempo y paciencia, puesto que lo que se enfrenta(mos) es una andanada de criminalidad cubierta de corrupción que parece descontrolada. Los hechos no admiten tregua. Los cientos, los miles de agraviados sólo aciertan, cuando pueden, a reclamar protección y abrigo. La precariedad en el empleo y la vida cotidiana, de la que hablaron Mario Luis Fuentes y sus invitados en el “México social” de Canal Once, entumeció nuestros reflejos y resortes.

La república, confirmada como gran horizonte gracias al ejercicio del voto y el respeto ciudadano a los partidos, no puede resistir mucho más está tensión. Con una economía insatisfactoria, desde el punto de vista de las necesidades de la mayoría, y unas instituciones estatales despojadas de las mínimas capacidades compensatorias, la sociedad no tiene sino veredas de sobrevivencia.

La estructura social del México de hoy está hundida en la heterogeneidad y el desamparo porque le falta lo fundamental. Ni el Estado ni los poderes establecidos han sido capaces, hasta ahora, de dar cuenta de esta anomia, menos de actuar con oportunidad y con los recursos necesarios para enfrentar el reto: la perenne desigualdad. Así están y se pusieron las cosas. Antes de que la Cuarta Transformación se pusiera en movimiento.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.