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Mirando al 'boom'

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Mirando al 'boom'

07/01/2021
Actualización 07/01/2021 - 15:16

Para empezar a crecer, a un ritmo que la caída de 2020 deje de verse como fatalidad de nuestro corto y mediano plazos, hay camino sinuoso por delante. Crecer a 3.0 o 3.5 por ciento este nuevo año es mejor que nada o que seguir decreciendo, pero desde ningún punto de vista, práctico ni discursivo, es suficiente para sanar las heridas que, en pérdidas de empleos, salarios y empresas formadas a pesar de nuestro estancamiento relativo de decenios, han ayudado a redefinir, en parte, la faz social del país.

La 'ayudadita' externa con la que el gobierno apoya sus expectativas de recuperación y alivio, sin embargo, podría cifrarse no solo en un nuevo aumento de las remesas, gracias en parte al 'paquete' apenas acordado por el Congreso americano, sino en una suerte de encadenamiento de los efectos macroeconómicos de ese paquete y el que lo antecedió, con el impacto de innovaciones y adaptaciones tecnológicas de amplio espectro y mayor profundidad, 'en lo físico' y no sólo en lo informático, según propone Paul Krugman en su primer artículo del año para The New York Times.

En sus palabras: “(…) aunque no deberíamos minimizar las durezas encaradas por millones de familias, en promedio los americanos han ahorrado como locos y emergerán de la pandemia con hojas de balance más fuertes que antes (…) Así que estoy en el campo que espera un crecimiento rápido una vez que la gente se sienta segura para gastar su dinero (…) O’ Connell y sus republicanos harán lo que hacen cada vez que llega un gobierno demócrata, que es tratar de sabotearlo, pero esta vez la economía no necesitará apoyo público tanto como lo requirió en los años de Obama”.

Sin duda, se trata de una auténtica travesura de la macroeconomía que deriva en incrementos en el ahorro seguidos por aumentos extraordinarios en el consumo. Además, Krugman vaticina un buen desempeño de la economía sostenido en otras variables que las consabidas medidas de auxilio y alivio que se esperan de la política fiscal clásicamente anticíclica. Así, estaríamos ante la posibilidad de un auge que traería consigo la afirmación de cambios significativos en las pautas energéticas, del transporte, de la biotecnología y de la biomedicina.

Cómo engancharnos a ese eventual boom de nuestros socios y vecinos deja de ser especulación, para volverse obligada reflexión cuidadosa, pero urgente sobre los componentes de nuestra política económica y social. Es cierto que las remesas seguirán constituyendo un soporte importante del consumo y hasta de la inversión local en vastas regiones de México, pero será parcial e insuficiente. Por ello, el reto va más allá de los usos imaginarios de esos envíos por parte de las familias que los reciben y que podrían buscar con ellos formas modestas de apalancar un gasto de inversión que redundaría en mayores y mejores (por sostenidos) ingresos para muchos.

Parece necesario contar con mecanismos de financiamiento efectivos para traducir las millonarias remesas en multimillonarias inversiones de pequeño y mediano alcance, pero reproducible, para familias y localidades. Se trata de ir más allá de esos afluentes cuya importancia económica ha crecido sin dejar de ser limitada.

El gobierno y la empresa, vinculada o por ligarse a la economía internacional, sobre todo a través del TMEC, tendrían que configurar estrategias de incorporación y aprovechamiento, no solo del auge en sus términos macro de consumo, importaciones y ventas foráneas, sino de las oleadas de innovación y renovación tecnológica y productiva de las que habla Krugman.

Más que ante una nueva 'ola' de innovaciones, estamos ante un 'tsunami', una revolución tecnológica que cubrirá economías enteras, fenómeno del que no podemos ni debemos tratar de escapar. Como lo ha expuesto con claridad y eficacia José Ramón López Portillo (La gran transición: retos y oportunidades del cambio tecnológico exponencial, México, FCE, 2019), la transformación productiva y cultural está en curso y nosotros, incluso sin quererlo, por geopolítica y geoeconomía, por tratado y por historia, estamos en las vecindades del epicentro de estas mudanzas. Hay que tratar, y pronto, de ser actores en ellas y dejar de ser pasivos receptores de algunas de sus ganancias.

Además de la salud, plataforma de acción universal urgente y vital, la infraestructura, la energía, la educación, la formación de cuadros jóvenes para que puedan inscribirse en el contexto de cambio, tendrían que ser parte de un programa nacional que nos ponga de cara al nuevo siglo XXI que nos dejan la pandemia y la caída económica y productiva. El escenario bien puede estar ya con nosotros, como sugiere Krugman y con detalle estudia López Portillo. Ni modo, tendremos que hablar de nuevo de transición, grande y compleja y, por qué no, promisoria… Después del diluvio.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.