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16/05/2019

La caída de AMLO en las encuestas es significativa, pero aún mantiene un alto índice de aprobación de alrededor del 60%. Se dice que percepción es realidad. Y por el momento no hay signos de alarma significativos que alerten a la población. Y bien dicen que la esperanza muere al último. Y es AMLO quien encarna esa esperanza de un mejor país, más justo y con mayor seguridad. Muchos se niegan a pensar que se equivocaron al elegirlo Presidente de la República y desde luego se otorga el beneficio de la duda, aún cuando hay mensajes y actos contradictorios en su desempeño.

Cerró el NAICM y vamos a seguir pagando por algo que no se construirá. Santa Lucía aún no cuenta con proyecto ejecutivo, ni con las autorizaciones para poder operar simultáneamente con el AICM. El Tren Maya, único circular, presuntamente turístico, después mixto de carga, tampoco cuenta con las evaluaciones para demostrar su viabilidad económica y social, ni con los permisos medioambientales por afectación a selva y reservas, ni con los del INAH en zonas arqueológicas. La refinería de Dos Bocas, ubicada lejos de los ejes industriales y sin comunicación, sería construida por las mejores empresas mundiales seleccionada por el sector, para después informarnos que los expertos declinaron poder cumplir con el costo y el tiempo que, de manera arbitraria, fijó el gobierno. Y ahora resulta la construirá PEMEX y la supervisará SENER. Una apuesta riesgosa. Tanto así que se ha reducido el proyecto.

La apuesta por el carbón y el petróleo se hace en una época donde el desarrollo de energías limpias son la apuesta mundial, cuando varios países anuncian que para dentro de 15 a 20 años ya no se utilizarán vehículos de combustión y solo se permitirán los eléctricos. Se quiere producir gasolina en México a precios más baratos que en EEUU o Europa, cuando nuestro petróleo es pesado y para refinarse requiere de mezclas con petróleo importado de mejor calidad. Se recortan presupuestos federales a rajatabla. El criterio es por porcentajes, no por funcionalidad. Hoy CONAFOR no puede con los incendios forestales. Se despiden a miles de trabajadores públicos, sin liquidaciones, y se descapitaliza a las instituciones. Pero ni el tipo de cambio, ni la estabilidad macroeconómica se ven afectadas de momento, en parte por factores externos.

Los recortes presupuestales terminan afectando a la población en servicios básicos como salud. Y no cesan. Porque para financiar la deuda de PEMEX y a la vez repartir recursos a la población a través de nuevos subsidios, no alcanza el presupuesto. Caen los ingresos al disminuir la actividad económica, al crear zonas de beneficios fiscales en el norte, al disminuir la carga fiscal a PEMEX. Se recurre a las criticadas instituciones neoliberales internacionales para refinanciar la deuda de PEMEX y poder enfrentar pagos. Se invierte en refinación, cuando lo rentable es la exploración y explotación. Pero dijo AMLO estos rubros no requieren de ciencia. Ahí está su video donde señala que solo se debe hacer una perforación profunda y brota el petróleo sin tanta investigación.

Se debilita la participación social en programas de gobierno al prohibir entrega de recursos a ONG por ser “intermediarias” y consumir el dinero que debe llegar íntegro al beneficiario. ¿Cómo cuidarán las madres trabajadoras a sus hijos? ¿Cómo podrán voluntarios atender enfermos de SIDA? ¿Cómo podrán las mujeres violentadas en peligro con sus hijos salvarse mediante una dádiva? ¿Cómo puede fortalecerse la participación ciudadana en programas de gobierno? Si el gobierno no puede, ni debe, atender todo problema, como los enfermos terminales, ¿debe rechazarse el apoyo que organizaciones de la sociedad civil les brindan? Un Estado fuerte debe contar con una sociedad organizada para alcanzar fines que mejoren la vida de todos. Este sector es muy importante en otras naciones y sus servicios muy valorados.

En México casi el 70% del PIB lo produce la empresa privada. El gobierno solo aporta un 30%. Buena parte es por las empresas productivas del Estado, hoy en peligro por inversiones riesgosas y poco rentables. El gobierno debe fomentar empleo e inversión, lo cual requiere de certidumbre, de certeza y reglas claras, de confianza. Todos los organismos cúpula empresariales se han pronunciado por invertir y generar empleos en apoyo al gobierno federal. El problema es que no hay definiciones claras para hacerlo. Permea la concepción de que la iniciativa privada toma ventaja de la promoción gubernamental. El Plan Nacional de Desarrollo no despeja las incógnitas. Es más un manifiesto que un programa con líneas de acción para poder invertir en infraestructura, vivienda, turismo, educación, salud, servicios financieros o comercio.

La Cámara de Diputados revisa el PND y seguramente lo aprobará en junio. Están tratando de colaborar para sugerir mejoras, al efecto realizan foros, reuniones y consultas, pero ese ejercicio que debió hacer el Ejecutivo, difícilmente incluirá a todos los actores. Algo podrá hacerse para ayudar si se consulta a los expertos, hoy tan devaluados. Pese a todo, y como nadie desea que a México le vaya mal, todos los actores tratan de entender la nueva lógica de la 4T. Ya hay nuevos beneficiarios de la misma con contratos adjudicados por miles de millones. No hay grandes licitaciones y existe poca transparencia.

Sin embargo; la esperanza está presente en el pueblo que con ilusión admira a su líder. El entusiasmo en el gobierno federal es tal que se toman apuestas confiando en que por el hecho de contar con apoyo popular, los proyectos no pueden fracasar y se cumplirá con la palabra empeñada. No se admite la duda. Ni se cuestionan las decisiones. Pronto nos dicen, el consumo interno se incrementará por las ayudas a grupos beneficiarios de programas sociales y se reactivará la economía. Todo marcha bien bajo esa óptica. Habrá mayor justicia y más oportunidades. El gobierno creará miles de empleos con sus proyectos.

¿Qué puede salir mal? Y ahí va la apuesta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.