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Ciudad de México

04/10/2019

Como candidata en el 2012 a la Jefatura de Gobierno procuro no entrar mucho al debate porque las autoridades que ganan legítimamente una elección requieren del apoyo para poder cumplir con sus tareas. Pero no puedo mantenerme indiferente ante el gran deterioro que sufre nuestra gran capital por malas decisiones que además ponen en riesgo la seguridad de las personas, el bien más preciado que el Estado debe tutelar.

El registro de homicidios, feminicidios, robos y secuestros se ha incrementado. Ante protestas e indignación, la Jefa de Gobierno capitalina, Claudia Sheinbaum, se quejó de que era un ataque a su persona, en lugar de reconocer y atender el problema de los feminicidios.

Lo ocurrido el 2 de octubre al sacar de sus oficinas a los servidores públicos en forma “voluntaria” para contener a grupos violentos es un atentado a la vida y seguridad de sus propios trabajadores. Sin capacitación, forzados ante la amenaza de perder empleo, los usan mediáticamente, sin importar si son hombres o mujeres, jefes de familia, sin darles seguridad alguna para un trabajo que no está en su contrato, sin remuneración extra y en horario laboral, descuidando las labores que les son propias.

¿Quien actúa así en contra de la seguridad y la vida de sus propios colaboradores? ¿Hay alguien que realmente crea que era una estrategia adecuada y sin riesgos? Poca cobertura de prensa, pero muy lastimosas escenas. Es inhumano el trato a los servidores públicos, les bajan salarios, les quitan prestaciones y ahora los usan en lugar de la policía, como carne de cañón. Muy vergonzoso lo que sucede en nuestra capital.

Bajo el pretexto de la no represión se dan todo tipo de excesos en impunidad total, no me refiero a marchas y manifestaciones que reflejan coraje e impotencia ante feminicidios, y no encuentran otra vía para ser escuchadas, sino a los asaltos y hostigamiento en transporte público, a robos a transeúntes, robos de autos pistola en mano, asaltos al salir de sucursales bancarias, violaciones de bandas de taxistas, y un largo etcétera.

Al subir el desempleo es más o menos lógico que padres de familia, desesperados, busquen opciones y así vemos crecer al crimen organizado y aumenta la presencia de cárteles. En lo económico la ciudad paralizada, tres o cuatro obras públicas, Cablebús, paso a desnivel. Y se prohíbe la inversión privada. La ciudad de México necesita redensificarse, no ahuyentar a la población a zonas periféricas con el gasto económico y los problemas de movilidad que se agudizan.

La ciudad tiene infraestructura, agua, transporte, drenaje, servicios, empleo, predios, alguna vigilancia, y en lugar de aprovecharlos se frena la inversión, se quiere regresar esta macro-ciudad a un tema de vecindario o barrio, hace muchos años superados. Hay identidad en sus pobladores, es cierto, nadie quiere nuevas viviendas o servicios junto a sus hogares, pero es la única forma de que la ciudad se desarrolle, que se abata inseguridad al repoblarse e inversionistas contraten servicios privados de vigilancia, que baje el problema de movilidad al reducirse el recorrido, que cese el estrés por el solo hecho de ir a trabajar o a la escuela.

Vi un plan, el de movilidad, interesante y con planteamientos viables. No soluciona el problema, pero si se redensifica la ciudad y se utilizan medios alternativos de transporte es un programa que puede ser exitoso. Aún sin metro. Supongo que debe haber algún otro programa para abatir los problemas que capitalinos y mexiquenses vivimos cotidianamente, no se conocen.

Vivimos escuchando ocurrencias, con múltiples festejos de Día de Muertos, con un programa cultural que no funciona ni atrae a la población, con eventos que imitan al tequio porque alguna vez barren las calles, como si ese problema solucionara, con una foto, la basura que tapa el drenaje y provoca inundaciones.

Nunca se había vivido un deterioro en la calidad de vida de la ciudad de una forma tan acelerada e inhumana. Donde la Jefa de Gobierno parece más preocupada por la sucesión presidencial que por gobernar a una ciudad que pese a sus retos, es la nuestra. La amamos, la disfrutamos y sufrimos, somos ciudadanos poco comprometidos, es cierto, pero diariamente hacemos que funcione este centro financiero, económico, cultural, social, político que es la capital del país.

No queremos quejas sobre supuestos ataques personales, no queremos excusas, queremos nos regresen a nuestra ciudad.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.