En Ecatepec o en Miahuatlán, tragedia anunciada por Covid-19
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En Ecatepec o en Miahuatlán, tragedia anunciada por Covid-19

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En Ecatepec o en Miahuatlán, tragedia anunciada por Covid-19

22/05/2020
Actualización 22/05/2020 - 12:08

Para ir a Santa Catarina Cuixtla, Oaxaca, hay que pasar por Miahuatlán. No es un viaje corto, pero es la ruta. La segunda población estuvo libre de contagios por Covid-19 durante meses. Hasta que el encierro se relajó y hoy tienen cinco casos. Pasaron de cero contagios, de estar en la lista de lugares que, según el gobierno, ya iban a salir, a media decena de casos y a la certidumbre de que el número de enfermos puede multiplicarse en los próximos días.

En Santa Catarina Cuixtla, me dice alguien de allá, es otra la historia. El pueblo ha sido cerrado porque los habitantes no quieren que nadie los infecte. Por eso, quienes son oriundos de esa población, y contrario al ritual, no podrán ser enterrados en su lugar de origen si en medio de la pandemia fallecen en el Valle de México.

Así le pasó a una mujer, cuyo caso fue reportado en el noticiario En Punto, el pasado 16 de mayo. Ni a la carroza fúnebre ni a sus familiares venidos de la capital se les permitió entrar al pueblo. Pero no fue el primer caso.

En la casa de los Jiménez Jiménez la tragedia por el Covid-19 ya cobró tres vidas. Yolanda y sus hijos Laura y Jesús murieron en menos de tres semanas. Ellos fallecieron en Ecatepec, Estado de México.

La primera en morir fue Yolanda. Según testimonios, acudió a una clínica de la población mexiquense a atenderse de un mal preexistente, iba a lo que se suponía que era una visita de rutina. Ya no la dejaron salir. No había pasado una semana cuando falleció. Y a los cinco días fue hospitalizada Laura, y finalmente Jesús. En menos de una semana murieron. El padre está hospitalizado. En casa sólo queda la nuera.

Los familiares de los Jiménez Jiménez ni se plantearon llevar a sus difuntos a Santa Catarina Cuixtla. “Sí es nuestra costumbre que nos entierren allá, pero ahora el pueblo está cerrado”, cuenta un familiar.

Pero tampoco en Ecatepec hubo velorio. “No pudimos estar con ellos por las cuestiones de sanidad, por cuidarnos. Sí los queremos mucho, pero ya seríamos más los muertos.

Porque nosotros, por lo que hemos vivido, ya no salimos. Pero nadie cree que el virus sea tan grave, seamos honestos”, agrega.

La familia se queja de que en la muerte de doña Laura se “vivieron cosas muy turbias, le pusieron que era otra cosa. Pero llegó y ya no la dejaron a salir, y luego los hijos estaban sanos y fueron cayendo, primero ella y luego él”.

Esta tragedia familiar muestra dos lados opuestos del reto que supone Covid-19 para México. Ecatepec, con su millón 700 mil habitantes, es una concentración total, mientras que en Santa Catarina Cuixtla sobreviven 2 mil personas que ya vieron el inicio de los contagios entre sus vecinos de Miahuatlán (50 mil habitantes).

Sin embargo, y por grotesco que parezca, Ecatepec y las dos poblaciones oaxaqueñas tienen otras cosas en común. Ninguno de esos enclaves, ni el que es más grande en población que algunos estados del país ni los pequeños poblados en la Sierra Sur de Oaxaca, tienen infraestructura sanitaria adecuada para lidiar con la pandemia.

La otra cosa en común es que la gente tiene que salir a buscar el sustento. Por lo que el encierro para muchos no es opción. Y luego están los que subestiman al coronavirus.

Quién sabe si en Ecatepec estén por alcanzar el pico de contagios, pero en otras remotas regiones, el terror parece estar comenzando. Como para los Jiménez Jiménez de ambas poblaciones.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.