La autoridad moral
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

La autoridad moral

COMPARTIR

···

La autoridad moral

10/09/2019
Actualización 10/09/2019 - 13:30

El presidente Andrés Manuel López Obrador dedica sus fines de semana a conocer la realidad de clínicas del IMSS-Bienestar. Con frenesí digno de las mejores causas, lleva desde julio visitando hospitales de, por ejemplo, Chiapas, Colima, Hidalgo, Michoacán, Puebla y Tamaulipas.

Visitar esos hospitales dará a López Obrador un inmejorable diagnóstico sobre las insuficiencias del Estado a la hora de brindar atención médica a los más necesitados. Pero una cosa es llegar a conocer una realidad, y otra, saber qué procede para mejorar esa situación.

Dicho de otra manera: el Presidente que llevaba días y días recorriendo hospitales, escuchando médicos, enfermeras y pacientes, atestiguando la enclenque infraestructura sanitaria, ¿cómo respondió ante una protesta por carencia en medicamentos para tratar cáncer infantil? Culpando a otros, no al gobierno, con eso de que “¿qué sociedad somos, si la enfermera, si el médico, si el director del hospital, si cualquier ciudadano no toma la decisión de comprar el medicamento para que no pierda la vida la niña o el niño?”.

López Obrador recorre incesantemente el país bajo la lógica de que no debe dejarse de ocupar ningún espacio mediático o político. La primera mitad del año fue y vino por todo el país promoviendo sus programas sociales. Ahora va a las clínicas que terminarán reconvertidas en el Instituto Nacional de Salud para el Bienestar, ente que no sólo sustituirá al Seguro Popular, sino que está llamado a renovar toda la atención médica de este gobierno.

Pero pasarán meses antes de que eso (eventualmente) ocurra, porque una cosa será la transformación del Seguro Popular a un nuevo ente burocrático (el Insabin), y otra muy distinta lograr que la atención médica, incluida la distribución efectiva de medicamentos en los diferentes sistemas sanitarios de México, eleve su calidad o, para ser más realistas, deje de perder calidad.

Y mientras eso ocurre (si es que llega a ocurrir), el tiempo correrá en contra del gobierno de López Obrador, que tendrá que medirse con las expectativas generadas no sólo por las promesas electorales, sino por el discurso triunfalista que AMLO no deja de entonar.

En el mensaje correspondiente al Primer Informe de Gobierno, el Presidente atinó al definir a la oposición como una fuerza cuyos integrantes “están moralmente derrotados, porque no han tenido oportunidad de establecer un paralelo entre la nueva realidad y el último periodo neoliberal caracterizado por la prostitución y el oprobio, que se ha convertido en una de las épocas más vergonzosas en la historia de México”.

Ese acierto, sin embargo, contiene el germen del reclamo. Cambiar México para bien no es tarea sencilla, y menos una que vaya a ocurrir a golpe de declaraciones.

Si “el periodo neoliberal” recientemente concluido se puede traducir en una “de las épocas más vergonzosas” en cuanto a atención médica a los más vulnerables, para concretarnos al tema más reseñado en esta columna, es cierto que en ese renglón, como en otros, los de la oposición están moralmente derrotados.

Mas esa derrota no será para siempre si el nuevo gobierno tarda en probar que puede hacer una diferencia en tan crucial materia. Es decir, si como ha pasado con tantos otros presidentes, las promesas de campaña se quedan muy lejos de la realidad.

En el Presupuesto entregado el fin de semana, el gobierno de AMLO propone para Salud prácticamente el mismo monto de 2019 (sólo aumenta lo de la inflación).

Con ese dinero, y mientras los recortes no se traduzcan en eficiencia, muy pronto la autoridad moral del gobierno que prometió un cambio verdadero caerá al nivel de los derrotados que se fueron.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.