López-Gatell, las obviedades y el derecho a la información
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López-Gatell, las obviedades y el derecho a la información

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López-Gatell, las obviedades y el derecho a la información

20/05/2020

El subsecretario Hugo López-Gatell calificó ayer como obviedad la revelación periodística de que en la Ciudad de México hay 4 mil 577 actas de defunción, del periodo de marzo 18 a mayo 12, con el término Covid o parecidos inscritos –como confirmados o sospechosos– en el rubro de causa de muerte.

Obvio es algo, uno creería, que al común de la gente, o de un entorno, o de un grupo, le parece “muy claro o que no tiene dificultad”, según dice la RAE en una de sus definiciones de ese término.

El funcionario que personifica la máxima vocería del gobierno federal para la pandemia sostiene que es “muy claro”, obvio pues, que haya 4 mil 577 actas de defunción, documentos oficiales, donde a partir de un certificado de un médico, se apunta que en esas muertes estuvo involucrado el nuevo coronavirus. Será claro para él, ¿pero será obvio para los capitalinos y otros mexicanos que apenas el día 18 conocieron ese dato?

Y es que nadie sabía del monto de esos posibles contagiados fallecidos en la Ciudad de México hasta que fue revelado este lunes por MCCI (del que formo parte, por si se quiere declaración de interés).

Qué tan obvio será para la ciudadanía que en el Registro Civil capitalino hay 4 mil 577 actas de defunción que incluyen Covid en causa probable de muerte, cuando las cifras oficiales para ese mismo periodo sostenían que en la Ciudad de México había apenas la cuarta parte de casos confirmados: 937.

¿De verdad la mejor respuesta o reacción que tenía el subsecretario López-Gatell frente a la revelación de ese abultado, y específico, número de actas era que se trata de una obviedad?

“No es información nueva”, diría unos minutos más tarde López-Gatell, a pregunta expresa de una colega, en la conferencia de las siete de la tarde.

Sí es. A lo mejor no para él. Para la ciudadanía, es obvio que es una novedad. Pero claro, es difícil rebatir la retórica de López-Gatell, que en tres meses de ruedas de prensa diarias si algo ha hecho es mover el ábaco a conveniencia.

López-Gatell agregaría otra cosa anoche. Dijo que “la información se recaba en ritmos más lentos”. De esa forma trató de minimizar la diferencia de cuatro a uno entre las 4 mil 577 actas de defunción y el casi millar de muertes oficiales por Covid.

Es raro el subsecretario. Qué le costaba sacar una nota que dijera: Miren, nos lleva equis días depurar las actas. Pero el patrón que va saliendo es que por cada diez sospechosos, ye actas terminan en casos confirmados.

No. En vez de ello, el funcionario dijo que se trata de una “noticia repetitiva”. Quizá confunde, o más bien desdeña, el interés periodístico ante la nebulosa narrativa que ha expuesto en estos meses, con flojera intelectual.

Porque señala que estamos ante un tema muy trillado (cuántos contagios reales hay, cuántas muertes probadas), pero dice eso al tiempo que con Pepe Cárdenas, en Grupo Formula, y en la conferencia de las siete dice que no leyó el reporte que dio a conocer las 4 mil 577 actas. ¿Qué clase de científico no lee algo antes de refutarlo? Uno o muy alzado, o uno muy ideologizado. Por dar dos posibilidades. Pero hay peores opciones: uno mentiroso, o uno manipulador de la verdad en medio de una crisis que miles de familias pagarán con dolor.

Los periodistas quieren información para dársela a la ciudadanía. Los gobiernos por regla quieren lo contrario: ocultar a la sociedad la dimensión de los problemas.

Es una obviedad que la función periodística moleste al poder. Es también una obviedad que antes que informar con claridad, un funcionario pretenda evitar con adjetivos, evasivas y supuestas conjuras lo que debería ser su más elemental obligación: informar con claridad, de manera veraz y siempre oportuna, y en cumplimiento de su deber adquirido para con el derecho de la ciudadanía a saber. Esa obligación suya sí es obvia, ¿o no subsecretario López-Gatell?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.