Los gobiernos y la bruma
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Los gobiernos y la bruma

16/05/2019

Dado que en abril se presentaron dos documentos ante la Cámara de Diputados, en términos reales hoy no sabemos cuál es el Plan Nacional de Desarrollo que el gobierno federal usará como guía durante el sexenio.

Por tanto, para esta columna sobre contingencias ambientales usaremos los dos textos, el que se hizo en Presidencia y el que realizó, a partir de foros, la Secretaría de Hacienda.

En el primero, de 63 páginas de extensión, se dedica media cuartilla al tema ambiental. Media. O, dicho con otra métrica, 181 palabras bajo el título de Desarrollo Sostenible.

Esta es la esencia de lo que ahí se expone: “El gobierno de México está comprometido a impulsar el desarrollo sostenible, que en la época presente se ha evidenciado como un factor indispensable del bienestar. Se le define como la satisfacción de necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. (…) Por ello, el Ejecutivo federal considerará en toda circunstancia los impactos que tendrán sus políticas y programas en el tejido social, en la ecología y en los horizontes políticos y económicos del país”.

En el otro documento, de más de 200 páginas, hay un eje transversal dedicado al “Territorio sostenible”; de ese, en términos de medio ambiente, destacaría que ahí se promete que “en los casos que resulte aplicable, la determinación de las opciones de política pública deberá favorecer el uso de tecnologías bajas en carbono y fuentes de generación de energía renovable; la reducción de la emisión de contaminantes a la atmósfera, el suelo y el agua, así como la conservación y el aprovechamiento de los recursos naturales”.

Hay además en el documento de Hacienda un objetivo, el 2.5, que se propone “garantizar el derecho a un medio ambiente sano con enfoque de sostenibilidad de los ecosistemas, la biodiversidad, el patrimonio y los paisajes bioculturales”.

En ese apartado se reconoce a la contaminación del aire como “un factor de riesgo a la salud en las ciudades; en 2015 la contaminación atmosférica produjo la muerte de al menos 20 mil personas. De las 66 ciudades que cuentan con información de sus redes de monitoreo en el país, todas registraron al menos un día con mala calidad del aire. De acuerdo con cifras del INECC, en 2017 el área metropolitana de la Ciudad de México rebasó 64% de los días las concentraciones de ozono señaladas por la norma”.

Ojalá que sea este, el segundo documento, el que se termine publicando en el Diario Oficial de la Federación como verdadero PND.

Porque al menos se propone algunas estrategias como “conservar y proteger los ecosistemas terrestres y acuáticos, así como la biodiversidad para garantizar la provisión y calidad de sus servicios ambientales” y “articular la acción gubernamental para contribuir a una gestión pública ambiental con enfoque de territorialidad, sostenibilidad, de derechos humanos y de género”.

Ya se ha dicho que los planes nacionales de desarrollo son documentos que en nuestra realidad nacen muertos. Puro trámite. Pero en medio de la primera contingencia ambiental en tiempos de gobiernos surgidos de Morena, uno quisiera tener claro si la administración federal tiene un planteamiento correctivo, no solo paliativo, sobre la realidad medioambiental.

Si nos atenemos a lo que dicen los planes tenemos que concluir que no hay plan, que estamos a merced del cambio climático, una constante degradación de recursos ambientales y un modelo de gestión de las urbes que no se ha planteado a cabalidad un futuro sin contingencias atmosféricas o hídricas.

La bruma que verdaderamente importa no es la que ha padecido la capital estos días. Si no la evidente falta de claridad sobre cómo se pasará de esas generalidades en el PND a una realidad donde la sustentabilidad, y no la ideología, sea el eje principal del actuar gubernamental.

Los anteriores gobiernos patearon el bote. El actual, que ha reducido el presupuesto de la Semarnat de 36 mil millones a 31 mil millones de pesos, números redondos, parece instalado en la misma lógica.

¿La llamada de atención provocada por los incendios en la capital y otras zonas será atendida para corregir prioridades?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.