¿Quo vadis Presidente?
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¿Quo vadis Presidente?

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¿Quo vadis Presidente?

27/05/2019

Después del triunfo de López Obrador el primero de julio del 2018 el consenso de todos los actores políticos, económicos y sociales era de que un tsunami político había sucedido y que se entraba a una nueva etapa en México en donde la recomposición del sistema político y el encauzamiento de un nuevo modelo económico estaba por iniciar.

Es cierto de que desde un principio se vislumbraban nuevos enfoques y políticas públicas para atacar los principales problemas que aquejaban al país y que la sociedad reclamaba, y era también el hartazgo de la gente lo que justo explicaba en gran medida el triunfo de López Obrador y su movimiento político, y esto se entendía como un nuevo rumbo en la administración pública y el sentido político que el nuevo gobierno tendría en un marco de reconciliación nacional, pues así fue el discurso posterior al resultado electoral y al inicio del gobierno, que llevó a que el Presidente llegara a tener cerca de 80 por ciento de aprobación.

Pero conforme fueron avanzando las semanas, el beneficio de la duda que se le dio al gobierno y sobre todo al Presidente se ha ido evaporando, lejos ha quedado ya la promesa de crecer al 4% el PIB este año para que él mismo lo bajara a regañadientes no sin antes acusar sin sustento a las calificadoras, a los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, la OCDE, etc. y hasta veladamente las mismas previsiones del BANXICO y la Secretaría de Hacienda, que hablaban de un 2%, hasta llegar al día de hoy en donde casi unánimemente se habla de un crecimiento del 1% a fines de año, pero el Presidente sigue insistiendo ahora en un 2%, aún y cuando el informe de INEGI estos días reporta que la economía decreció 0.2% en el primer trimestre del año. La inflación se está disparando, que ahora ya medida a tasa anual llega a 4.4% y si agregamos la caída del empleo como lo que se reportó por el IMSS en el primer trimestre, el más bajo en los últimos 10 años, entonces la cosa está aún más complicada. Esto me parece que es por la ausencia de una política económica clara, el entorno internacional de la economía, pero también las señales del actual gobierno de ausencia de respeto al estado de derecho.

Las acciones del “memorándum" a sus secretarios de despacho de Hacienda, Educación y Gobernación para cancelar la reforma educativa, así como la cancelación del aeropuerto de Texcoco, la definición sin estudios ambientales técnicos y financieros del aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya y del Istmo, la adjudicación de la construcción de la refinería de Dos Bocas y la compra de pipas a PEMEX, así como sus respectivas “consultas” han evidenciado un absoluto desprecio al marco constitucional, sí, a la Constitución que en su toma de protesta juró respetar.

Las valandronadas diarias contra los medios de comunicación, periodistas, oposición y órganos de la sociedad civil deja muy en el olvido el “amor y paz” que pregonó y abona con sus dichos y acciones a la polarización social, olvidando la investidura de Jefe del Estado mexicano. El dar a conocer cartas privadas o las que se han filtrado lo aleja de comportarse como un hombre de Estado al que un colega de otra latitud lo pensara mucho antes de enviarle una misiva o tan siquiera una llamada telefónica, no sea que cualquier día que requiera de “caja china" la de a conocer.

Los temas de la violencia e inseguridad lejos de reducirse se han incrementado, según el secretariado ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública en el primer trimestre del año se registraron 8,493 homicidios dolosos, es decir, un aumento del 9.60 % respecto al mismo periodo de 2018. La frontera sur es más que un “queso gruyere” de paso de inmigrantes ilegales, ya no solo de centroamericanos sino ahora se sabe de otros países de otros continentes, que han despertado incluso ya formas antes no vistas en nuestro país de xenofobia, pero también de riesgos para la salud y seguridad pública, entre otros.

Pero lo que ha desatado la furia social los últimos días han sido los incumplimientos a supuestos beneficiarios de programas sociales como lo que fue progresa, la beca “Benito Juárez", los del programa “sembrando vida” y en fin casi de todos se habla de un retraso en los padrones que ha llevado a manifestaciones y plantones ya, y ahora la crisis de falta de medicamentos y retención de recursos por parte de Hacienda que se visualizó con la salida del director del IMSS y su atípica carta de renuncia, ponen en el centro las gravedades que se viven en el sector salud.

Las “verdades falsas”, las mentiras abiertas o el “yo tengo otros datos” para evadir responsabilidades o simplemente para no quedar como que no sabe del tema correspondiente ante la prensa son ya el “pan nuestro de cada día" y la forma abierta de centralización del poder con un lenguaje limitado monótono, repetitivo y elemental y obcecado en señalar que el petróleo y su refinación serán la salvación no solo de PEMEX sino del país y de una visión nacional que evade toda la complejidad del mundo exterior. Son estas pinceladas y por supuesto muchas más, que por falta de espacio no podré desarrollar, las que me llevan a concluir que el Presidente por todos estos errores y acciones ha perdido en estos 6 meses 20 puntos de aprobación.

Pero que un político pierda popularidad no es novedad, lo grave es que este cúmulo de hechos muestran día a día la falta de un proyecto nacional coherente y viable para México que hace ver un gobierno sin rumbo, ineficiente, centralista que lleva a preguntar ¿quo vadis Presidente? ¿ A dónde vas? y ¿a dónde nos llevas?, porque este país es de todos los mexicanos y no solo de un solo hombre.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.