Tiempos convulsos
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Tiempos convulsos

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Tiempos convulsos

02/09/2019
Actualización 02/09/2019 - 15:08

Asistimos a un tiempo difícil, un cambio de era se está produciendo y no debemos ser solo testigos de esto, sino parte del cambio.

El capitalismo ha entrado en una etapa de redefinición porque los mecanismos para su reproducción se están viendo desde la crisis de las hipotecas de 2008 cada vez más limitadas, por las contradicciones inherentes de este, particularmente del mercado que no se puede autorregular; pero también por las protestas de que el Estado ha estado sirviendo cada día más a sus intereses haciendo de este un 'capitalismo de amigos', y que los objetivos de desarrollo económico no se vienen cumpliendo porque el crecimiento del PIB es cada día más reducido o, como en el caso de nuestro país este año, de cero, y además la pobreza y desigualdad social marcan los signos de las actuales sociedades en el mundo.

Hay, es cierto para el caso de México, un contexto internacional adverso en la medida que la economía se ha ralentizado, que las potencias económicas están bajando sus expectativas de crecimiento como Alemania, China o los mismos Estados Unidos pero que además las guerras comerciales entre los dos últimos países y la inminente ruptura entre el Reino Unido y la Unión Europea el día 31 de octubre está llevando a una convulsión de las bolsas de valores y las monedas donde los países emergentes de una u otra manera se ven afectados por esta gran incertidumbre.

Pero lo que más ha dañado a los resultados económicos en México sin duda alguna es la falta de claridad por parte del actual gobierno de cuál es su propuesta de política económica, ya que el Plan Nacional de Desarrollo presentado por el gobierno y avalado por los diputados de Morena no es más que un manifiesto político del Presidente de la República, y además, sumado una serie de acciones de cancelación de obras, caída de inversión, retraso en los programas, subejercicios, renuncias y despidos de servidores públicos, menosprecio o violación del Estado de derecho y sobre todo de mantener un discurso de confrontación con amplios sectores de la sociedad han erosionado la confianza para que la inversión privada se haga presente, así el contexto global y la falta de una propuesta coherentes en materia económica han hecho lo suyo: crecimiento económico cero.

Pero lo que la crisis financiera y económica de 2008 dejó también en el mundo como saldo el resurgimiento de los populismos en donde los líderes de esta marca han llegado al poder se han cerrado a la economía global pretendiendo discursivamente hacerlo hasta llegar a posiciones ciertamente nativistas, que son más bien racistas y que los liderazgos estos pretenden cortar o con sus acciones buscan acotar o incluso anular los equilibrios de poder constitucional para llegar a poderes y decisiones unipersonales para dar cabida a preocupaciones serias de que la democracia liberal está verdaderamente amenazada.

Los autócratas ahora se hermanan en la internacional populista y no importa su autodefinición dizque ideológica para elogiarse mutuamente por mantener los rasgos de gobiernos autoritarios y unipersonales, desprecio por las instituciones democráticas desde Rusia hasta Venezuela, México o Turquía o Estados Unidos y Reino Unido al final la amenaza con sus acciones en el ejercicio del poder es el mismo: acabar con la democracia liberal. El ejemplo más reciente es el cierre del Parlamento inglés, por aquellos que aún dudaban de hacia dónde se dirigen estos demagogos aprendices de brujo o ególatras como el recién caído ministro del interior de Italia, queda esta lección de que la política puede aún salvar la democracia pero no es suficiente con este ejemplo, es necesaria la participación abierta de todas las fuerzas políticas, sociales y sobre todo de los ciudadanos en una estrategia ordenada democrática para enfrentar con las reglas de la democracia en una salida hacia adelante con mayor democracia y de sus instituciones para transitar de este momento populista, no para regresar a donde estábamos sino a un estadio más elevado de participación social que permita edificar la democracia y el proyecto de desarrollo nacional en el caso mexicano, que ataque de raíz las causas de la pobreza y la desigualdad y lleve a la democracia también a un mayor grado de desarrollo participativo, no hacerlo es voltear a ver los casos que existían en el mundo antes de nosotros ahora y preguntarnos si es eso lo que queremos para México.

La destrucción de las instituciones y el minar la democracia no solo en el caso mexicano proviene de quien hoy detenta el poder, sino también del crimen organizado que con su violencia y muerte han cercenado partes muy sustanciales del Estado y hacen de este una entelequia de modo que el reto es mayor, pero más nos vale iniciar la recuperación antes de tener no solo en riesgo la democracia como forma de gobierno y la senda del crecimiento económico, sino el mismo sentido de convivencia social en un país regado de inseguridad, violencia y muertos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.