Simon Levy

4T: Estabilidad y crecimiento para...

Es curioso cómo el llamado 'populismo económico' de la 4T está resultando más cuidadoso y alentador que los maestros del 'fomento económico' disfrazado de la fábrica de concentración de la riqueza.

Sí, la estabilidad macroeconómica es la base del crecimiento económico, pero no siempre el crecimiento económico garantiza el desarrollo regional y mucho menos prosperidad. En los últimos años, la dogmatización de los postulados más ortodoxos del modelo neoliberal, impulsaron concentración en lugar de democratización del desarrollo económico.

Pese a la incertidumbre internacional y las previsiones apocalípticas de algunos, es irónico cómo el modelo económico de la 4T está siendo mucho más disciplinado en su actuar que los últimos sexenios que impulsaban la liberalización no de la libertad sino del libertinaje económico y de la indisciplina fiscal. La austeridad, pilar para la disciplina fiscal y en consecuencia base de una economía estable e incluyente, permiten dinamizar con las transferencias sociales —bien aplicadas— el capital semilla para impulsar el consumo interno y sobretodo el desarrollo humano. Lo siguiente y el gran reto, son las bases para crear riqueza pública.

En lo que va del año, si bien por variables exógenas y por nuestra política monetaria, vemos mes con mes que aunque podría ser engañosa la conclusión, el peso extiende su racha positiva. Sin embargo, llegan otros indicadores irrefutables que dependen mucho más de nuestro actuar y no de variables externas: al mes de marzo tenemos un superávit primario de más de 57 mil millones de pesos y en los dos primeros meses del año, el gasto presupuestario registró una disminución real del 7.7 por ciento.

La inflación, en el último reporte del Inegi, se ubica en 4.0 por ciento (en el mismo mes, pero de 2018, los resultados fueron de un incremento en el INPC de 0.34, y una inflación anual de 5.04 por ciento) hemos regresado al rango objetivo del Banco Central de 3.0 por ciento +/-1, rango que no tocábamos desde hace dos años.

Siguiendo los datos del Inegi a marzo de este año, el Indicador de Confianza del Consumidor, que mide la percepción de la economía en general y el grado de optimismo que los consumidores sienten sobre su situación financiera se ubicó en un 12.4 por ciento por arriba de lo reportado a marzo de 2018, es decir, los mexicanos sabemos que las cosas van a ir bien, pero esto no nos dice mucho si no lo vemos reflejado en un aumento en el consumo, en este caso también cifras reveladoras, el Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior reportó que en febrero de este año tuvo un aumento de 2.2 por ciento con respecto al de febrero del 2018.

En este sentido, podemos decir que hay un nivel de precios controlado, buenas expectativas del consumidor y un consumo privado en aumento.

Por otro lado, en lo que respecta a la entrada de remesas al país, que es la entrada de divisas más importante, reportó que en febrero de este año subieron un 6.4 por ciento más que en el mismo mes de 2018 sumando dos mil 387 millones de dólares, lo que permitirá mantener el alza del consumo privado. En cuanto a la entrada de divisas turísticas, en febrero, entraron al país dos mil 219 millones de dólares que significa un 16 por ciento más que el mismo mes del 2018.

Y no hay que olvidar un indicador con alta sensibilidad al ambiente político, económico y social, que viene determinado también por el consumo privado y costo del financiamiento como lo es la Inversión Fija Bruta, que contempla los gastos en construcción y maquinaria y equipo nacional e importado, este indicador mostró en enero un aumento real del 8.0 por ciento con respecto al mes anterior llegando a los 111.64 puntos, una cifra sin precedentes, la construcción como parte de este indicador, registró un aumento de 5.3, una cifra que desde hace tiempo no lograba despegar.

Ante la guerra de guerrillas psicológica para constreñir la inversión privada, nuestro gran reto es fomentar confianza y seguridad para que la inversión se convierta en el enorme diferenciador del modelo neoliberal: la estabilidad para crear riqueza pública y privada, en consecuencia, impulsar el desarrollo y no la concentración económica, para que la existencia de la política industrial de cuarta generación desarrolle capital humano, no mano de obra barata.

Es curioso cómo ese llamado 'populismo económico' está resultando más cuidadoso y alentador que los maestros del 'fomento económico' disfrazado de la fábrica de concentración de la riqueza pública y privada.

El Estado no es hoy un simple vigilante indiferente plegado a los designios del mercado. La austeridad es la base, crear riqueza la clave para el desarrollo y el bienestar social sin círculos viciosos.

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