El libre comercio del futuro
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El libre comercio del futuro

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El libre comercio del futuro

09/07/2020
Actualización 09/07/2020 - 13:33

La nueva economía del conocimiento crea valor logrando hacer simple lo que es complejo. Sustituye el esfuerzo físico por la eficiencia de los datos. Las economías viejas reducen costos para subsistir, las economías innovadoras crean valor para producir riqueza.

A partir de ahora, el libre comercio mundial del futuro se transformará por la mentefactura, la inteligencia artificial y la economía del conocimiento, porque no sólo están impactando las economías de Estados, sino que están transformando regiones geográficas que impulsarán la migración y transformarán la vida cotidiana de los seres humanos por las nuevas formas en como se crea valor y empleo.

El libre comercio del pasado consistía principalmente en la reducción de aranceles y barreras no arancelarias al comercio para mover mercancías, bienes y servicios para reducir costos y ganar rentabilidad. El libre comercio del futuro creará inteligencia y productividad con la mente en lugar del esfuerzo, lo que saltará la trampa de los costos a la competencia de la especialidad productiva.

Los bienes materiales cada vez más, se convertirán en bienes intangibles que le darán valor a los fierros. Ya no al revés.

En el viejo libre comercio, la logística y el costo del valor por el movimiento representaba la base para construir ventajas competitivas; en la economía del conocimiento, el éxito está en la manera en que se transforma información en conocimiento y convierte los datos aislados en inteligencia colectiva. Hoy, no es la empresa más grande la que vence a la pequeña sino la que logra transformar rápidamente datos en inteligencia.

Por eso es importante reflexionar sobre las nuevas cadenas productivas frente a la inteligencia artificial y cómo ésta impactará en la economía del conocimiento en el mundo, y evidentemente de nuestro país.

La inteligencia artificial nos ayudará a prevenir y sobre todo a generar estrategias importantes para poder tomar mejores decisiones donde el comercio cada vez se basará más en la especialidad del valor y menos en la competencia de los costos de mano de obra o logística porque los algoritmos revolucionarán la vida, el espacio y el tiempo de millones de seres humanos.

¿Queremos crear o ensamblar automóviles que se manejan solos y reconocen distancias y movimientos? La innovación es la fuente más efectiva de competitividad en la actualidad.

A la distancia, las viejas cadenas de valor se transformarán en comunidades colaborativas sin región geográfica posible de determinar que con impresoras 3D fabricarán de forma remota y a la distancia de seres humanos todo tipo de insumos, materiales y procesos productivos. Esto es la mentefactura y ese no es el camino de la salvación, sino de la trascendencia de México.

Estoy convencido que una de las metas del capitalismo crónico más claras es el 'desempleo pleno' para que el costo de la mano de obra se abarate gracias a la automatización de cada vez más empleos.

Frente a esta amenaza global, el proyecto político de un movimiento progresista del siglo XXI debe ser construir una economía en la que la gente ya no dependa sólo del trabajo remunerado para sobrevivir, sino en la libertad para aprender a generar valor y transformar para que la creación de productividad sea la palanca de la movilidad social y del desarrollo regional.

La tecnología no se está usando para favorecer el trabajo humano sino para automatizarlo. Cada día, hay más estabilidades económicas sin empleos bien pagados; estabilidad para las élites, y crisis permanente para los trabajadores que serán sustituidos por la automatización.

El comercio más que libre, debe ser inteligente, si no, hay que ver lo que China ha aprovechado con relación al valor de contenido regional en Norteamérica: por cada 10 dólares del superávit que tiene México frente a Estados Unidos, cinco se los regresamos al país asiático en el déficit que tenemos con ellos, que es de 65 a 67 mil millones de dólares.

Por eso, es la hora de ser creadores y ya no maquiladores.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.