Preguntas que ya no tienen respuestas
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Preguntas que ya no tienen respuestas

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Preguntas que ya no tienen respuestas

26/12/2019

¿Papá, por qué insisten en enseñarnos a memorizar datos en lugar de dejarnos crear?

¿Por qué tengo que aprender tanta información del pasado y de la historia, pero quién me va a enseñar a superar la inteligencia de un robot?

Me quedé en silencio, no tenía palabras inmediatas para responder con agilidad y menos con certeza aquellas preguntas.

De pronto, recordé cuando tenía entre cinco y seis años, cuando mi papá en aquellos domingos en que nos escapábamos para platicar después de la comida en familia, me dijo “yo no te voy a educar a ser judío sino a ser humano”. “Quiero que comiences a leer el Libro de los Sucesos de Isaac Asimov”.

En su pequeña biblioteca estaban libros de Spinoza, Bacon, Lord Jim de Conrad y El extranjero de Camus, que yo utilizaba como libro para colorear a los cuatro años.

El libro de Asimov era un tabique de pasta verde y gruesa, y recuerdo que todas las tardes -desde que aprendí a leer- lo leía antes de jugar un poco Nintendo o ver He-Man en la televisión.

En esas épocas, recordé que mi papá hacía que olvidara todas las creencias de religión que me enseñaban en el colegio y me decía “lo primero que tienes que hacer es pensar, porque la única diferencia que separa a los seres humanos, no son ni las castas económicas o sociales, ni mucho menos raciales, la distancia entre los seres humanos, que los une y separa, son sus niveles de conciencia”.

Entonces ahí recordé cómo aprender a contestar.

Lo único que nos distanciará de las nuevas máquinas o de la inteligencia artificial es nuestra capacidad para aumentar nuestros niveles de conciencia, y por ende, de innovación.

Todos pagamos el costo de aprender y de acumular experiencia, pero ¿qué sucede cuando todo lo que has aprendido o cómo te han enseñado a aprender ya no es actual y mucho menos útil, y hay preguntas que ya no tienen las respuestas tradicionales?

Me senté en el sofá, respiré y contesté: todos estábamos preparados para vivir en un mundo que cambiaba lento, luego empezó a cambiar rápido y ahora no existe cambio, lo que hay es destrucción creativa. Es decir, crear lo que no existe y quienes te están enseñando hoy datos no se han dado cuenta de cómo enseñarte a vivir lo que ellos no saben cómo. Entonces, la respuesta es no sé, pero no te voy a dar una respuesta, te voy a enseñar a construirla por ti mismo.

Si algo me ha enseñado mi papá es a no depender de nada. Hoy -pensé- eso me toca trasmitirlo a mí.

¿Cómo educar a nuestros hijos en un mundo donde la impresión en 3D puede crear casas a mayor velocidad que espacios urbanizables con servicios públicos, cómo desarrollar médicos frente a la impresión en 3D de una córnea?

La automatización revolucionará el espacio, el tiempo y el trabajo humano. Estamos llamados a recuperar nuestra capacidad de pensar más que juzgar, nuestra creatividad para crear más que para recopilar datos.

Para deconstruir el 'no sé', nos sentamos como lo hacía yo con mi papá, tomé otro libro de Asimov, y le dije que leyera esta frase: “No van a escuchar. ¿Sabes por qué? Porque tienen ciertas nociones fijas sobre el pasado. Cualquier cambio sería una blasfemia a sus ojos, incluso si fuera la verdad. Ellos no quieren la verdad; prefieren sus tradiciones.”

A veces los abuelos tienen mejores respuestas que los padres. Para eso vale la pena aprender también del pasado.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.