La deplorable “trata de personas”
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La deplorable “trata de personas”

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La deplorable “trata de personas”

14/02/2020

La esclavitud de la antigüedad clásica, sobre todo en Grecia y Roma no ha pasado de moda. Es una historia nefasta, desde los siervos de la gleba en la Edad Media, pasando por el rescate de cautivos hasta los esclavos de la revolución industrial. La esclavitud fue abolida en los Estados Unidos en 1863 por Abraham Lincoln pero, una nueva esclavitud ha surgido en el mundo moderno de forma más cruel y dolorosa: la “trata de personas”. La proclamación de la dignidad de la persona como fundamento de los derechos humanos es violada de múltiples maneras por esta forma de esclavitud que supera al negocio de las drogas y al tráfico de armas.

La trata de personas ejerce un cruel control de sus víctimas que son explotadas y cosificadas como una mercancía en la que se siguen las reglas abusivas de la compra-venta. Una de las raíces de la “trata” es la actitud consumista, hedonista y egocéntrica que usa a las personas para su propia conveniencia y beneficio, lo cual conduce a la ceguera de no ver más allá de uno mismo, al afán de lucro, a la satisfacción de los caprichos y al desahogo de las más bajas pasiones.

Toda esclavitud es deshumanizadora, pero especialmente es repugnante en nuestra época en la que tanto se proclama los derechos humanos. La antigua esclavitud enfatizaba sobre todo el fenómeno del trabajo que reducía al esclavo a una cosa, de la cual se podía disponer arbitrariamente, incluso, quitándole la vida. No existe gran diferencia entre esa esclavitud y la de hoy que está en constante evolución y tiene múltiples manifestaciones.

Cada año, sobre todo, miles de mujeres y niños son víctimas de la explotación sexual y laboral. México ocupa el primer lugar en América Latina y el quinto en el mundo. Ante esto, urge un cambio profundo de la sociedad a fin de que se proteja la dignidad de las personas, a partir de un juicio ético profundo que valore auténticamente a la persona humana. La dignidad de la persona ha de estar en el centro y ser el objetivo principal de todas las políticas públicas y económicas. En este punto, las inhumanas prácticas del pasado son superadas por la supresión de la libertad, la violación de los derechos humanos y la anulación de la justicia social.

La cultura del descarte no se da solo sobre las cosas, sino también sobre las personas, cuando la persona es desplazada, los valores éticos son pisoteados. Es importante fomentar una economía de la comunión, de la participación, del respeto por los demás y combatir esta idolatría que fabrica víctimas, descarta a las personas y oprime a los más necesitados. A las mafias que promueven estos abusos debemos añadir la gran demanda que sustenta esta oferta, los traficantes no son la causa única de la “trata”, sino también, la masa anónima de personas que son indiferentes a los males que les rodea.

En efecto, en medio de los traficantes y los consumidores existe una sociedad anónima que mira hacia otro lado y se declara inocente ante este terrible abuso. Esta sociedad indiferente quizá no sea culpable, pero si responsable por su apatía y carencia de solidaridad. Es urgente un cambio de actitud, una conversión ética que exija al poder público acciones concretas y convincentes para combatir estas lacras y ofrecer programas educativos para reforzar la capacidad de prevención, protección y colaboración para una sociedad más sana.

Entre las causas de la esclavitud hay que señalar también la corrupción de mandos intermedios de las fuerzas del orden o de instituciones civiles y políticas. Algunos autores señalan que es importante que las víctimas denuncien su nefasta situación, pero esta consigna no es fácil, ya que suele existir un miedo legítimo a denunciar y testificar contra los criminales: temen por sus vidas y por la de sus seres queridos. Lo más apropiado sería apresar a los traficantes y sancionarlos de acuerdo a la magnitud de su delito.

Igualmente, deberían sancionarse a los colaboradores y sobre todo a los consumidores pues todos ellos son parte de la cadena de esta esclavitud y servidumbre. Asimismo, ya que la oferta de esta esclavitud se suele dar por varios medios de comunicación incluidas las redes sociales, también deberían utilizarse estos medios para la educación y prevención de estos delitos a fin de no caer en falsas ilusiones y falaces promesas de una vida mejor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.