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Inútil resistencia a aumentar la deuda

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Inútil resistencia a aumentar la deuda

05/08/2020
Actualización 05/08/2020 - 8:14
columnista
Víctor Piz
Dinero, Fondos y Valores

La principal meta fiscal del gobierno federal para 2020 era el equilibrio presupuestal sobre la base de obtener un superávit primario y mantener estable el nivel de la deuda del sector público como proporción del PIB, casi como dogma.

Pero ya no será posible generar un superávit primario ni cumplir con el nivel de endeudamiento que se autorizó en el Paquete Económico para este año.

Al cierre del segundo trimestre, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP), que es el concepto más amplio de la deuda, se ubicó en 52.1 por ciento del PIB.

Hay un aumento de 7.3 puntos respecto a la cifra de 2019, que la Secretaría de Hacienda atribuye a “un efecto de valuación por la depreciación del peso frente al dólar”.

Al cierre de 2019, ese saldo se ubicó en 44.8 por ciento del PIB, nivel similar al de 2018.

La semana pasada, Hacienda publicó una actualización de la estimación de cierre de las finanzas públicas, que incluye la principal definición de la deuda, el SHRFSP:

“El SHRFSP se prevé en 55.4 por ciento del PIB en lugar del 45.6 por ciento del PIB esperado originalmente, efecto del mayor déficit, la depreciación del tipo de cambio y el menor dinamismo de la economía.

“Asimismo, el balance primario pasa de un superávit de 0.7 por ciento del PIB a un déficit de 0.6 por ciento del PIB, resultado de las medidas para enfrentar la emergencia en materia económica y de salud por la pandemia de Covid-19”.

El fin de semana, el presidente López Obrador reconoció que “va a haber crecimiento de la deuda por la caída de la economía y por la depreciación del peso, pero no hemos solicitado créditos”.

En 2020 no habrá manera de mantener finanzas públicas equilibradas, pues serán deficitarias y no precisamente por el ‘apoyo fiscal’ para atenuar los efectos del choque pandémico sobre la economía mexicana.

La principal razón es la recesión económica más profunda de la historia y que en México será más prolongada que en otras partes del mundo.

Sus impactos negativos sobre el empleo y los ingresos de hogares y empresas están causando afectaciones importantes en las finanzas públicas.

Así lo confirma la evolución de los ingresos presupuestarios en el primer semestre del año ante la crisis en que se encuentra nuestra economía.

En el periodo enero-junio, los ingresos presupuestarios fueron inferiores en 169 mil millones de pesos respecto a lo que se había programado para esos seis meses.

Eso se atribuye a menores ingresos petroleros, que fueron inferiores en 208.8 mil millones de pesos frente a los esperados, pero también a menores ingresos tributarios, que quedaron 67.4 mil millones por debajo de lo programado.

Sólo en junio, cuando inició la reapertura gradual de la economía, los ingresos tributarios cayeron 10 por ciento en términos reales respecto al mismo mes del año anterior.

La captación del ISR, que aporta más de la mitad de los ingresos tributarios del gobierno, creció 1.6 por ciento.

Sin embargo, la recaudación del IVA y la del IEPS disminuyeron 26.3 y 14.8 por ciento, respectivamente.

Esas cifras reflejan los efectos que la pandemia por el Covid-19 y su propagación han tenido sobre la recaudación.

Aunque los ingresos petroleros son los que más se han desviado de lo programado, el complejo entorno económico anticipa más pérdidas de ingresos fiscales en el segundo semestre del año.

La delicada situación de las finanzas públicas del país podría agravarse aún más sin ingresos suficientes para estabilizar el Presupuesto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.