Inyección de una dosis de optimismo
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Inyección de una dosis de optimismo

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Inyección de una dosis de optimismo

11/12/2019

Ya se tienen todas las piezas del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC, que sustituirá al TLCAN de 1994.

La conclusión de las negociaciones para las modificaciones al texto original, firmado el 30 de noviembre de 2018 en Buenos Aires, inyecta una dosis de optimismo.

El acuerdo fue sellado ayer en Palacio Nacional con la firma de los jefes negociadores, Jesús Seade, de México; Robert Lighthizer, de EU, y Chrystia Freeland, de Canadá.

Sin embargo, en algunos sectores se cree que México cedió en donde había conseguido no ceder en la renegociación de los últimos meses.

Por ejemplo, la regla de origen sobre acero en la industria automotriz se considera aún restrictiva y con efectos adversos en la competitividad nacional, aun cuando se acordó un plazo de siete años para que 70 por ciento del acero en autos sea fundido en la región.

De por sí, el T-MEC impone condiciones restrictivas para la industria automotriz de la región:

Libre comercio para autos que cumplan con la regla de origen, que establece el valor de contenido regional en 75 por ciento y que obliga a que 40 por ciento del costo del vehículo se produzca en plantas que paguen salarios, al menos, de 16 dólares estadounidenses por hora.

En cuanto a los paneles laborales para destrabar controversias, no habrá inspectores estadounidenses, pero sí verificaciones por parte de expertos independientes.

El pasado 19 de junio el Senado mexicano aprobó el T-MEC y ahora deberá ratificar el Protocolo de Enmiendas, lo que podría ocurrir antes de que concluya el periodo ordinario de sesiones el 15 de diciembre, según el senador Ricardo Monreal.

“El que México hubiera sido el primer país en aprobarlo… fue una decisión inteligente”, dijo el también presidente de la Junta de Coordinación Política.

Eso “adquiere hoy mayor relevancia por haber blindado al tratado de cambios sustantivos a partir del intenso proceso de renegociación que condujeron durante varios meses los equipos negociadores de México y EU”, agregó Monreal.

Mientras el T-MEC no estuviera ratificado, se mantenía el riesgo de reapertura e inclusión de enmiendas por presión política de la mayoría demócrata y los sindicatos en EU.

Pero es necesaria aún la aprobación por parte del Congreso estadounidense y el Parlamento canadiense, lo que de manera ideal debería suceder en las próximas semanas.

La ratificación y posterior entrada en vigor del acuerdo –90 días después– generarán certidumbre al comercio en Norteamérica y la inversión en México.

Se estima que el T-MEC facilitará la inversión, pues en la renegociación se fortalecieron los sistemas de solución de controversias para evitar la ‘ley del más fuerte’.

El tratado incorporó un mecanismo de revisión periódica, pues será revisado cada seis años y renovado cada 16, lo que permite tener un horizonte de largo plazo.

Pero si el acuerdo no se ratifica en la Cámara de Representantes y el Senado de EU a más tardar en enero, será más complicado generar confianza sobre México y abrir oportunidades de inversión en sectores estratégicos.

Las expectativas de crecimiento de los analistas para la economía mexicana en 2020, de 1.1 por ciento en la encuesta del Banco de México y de 1 por ciento en la de Citibanamex, asumen que el T-MEC será ratificado por los tres países en los primeros meses del año.

Sin la certidumbre de la pronta entrada en vigor del tratado, el crecimiento económico de México será menor a 1 por ciento.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.