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Centros comerciales, los nuevos sitios de reunión

Singulares pasadizos urbanos son los verdaderos antecesores de los grandes recintos comerciales de hoy. Lugares que, al igual que sus antiguos parientes europeos, nos aíslan del mundo exterior y nos adentran en el embrujo de la fantasmagoría consumista.

Sin duda alguna uno de los lugares de reunión y uno de los sitios en donde más gente converge hoy en día son los centros comerciales. Me refiero a los shopping malls, esas ubicuas construcciones cerradas y climatizadas que, a propósito, nos apartan de nuestro entorno y nos adentran en una atmósfera diferente, y muchas veces opulenta, para encapsularnos en el hipnotizador mundo del consumo de los bienes materiales.

Estos nuevos templos del comercio tienen su origen en los pasajes y galerías parisinas y arcadas inglesas del siglo XVIII y XIX. En aquella época, las estrechas e intrincadas calles de Paris se habían convertido en verdaderos bazares y desfiladeros de multitudes, que se sucedían sin cesar durante el día, para adquirir un sinfín de productos textiles motivados por una gran oferta en aquella industria y en la creciente manufactura de artículos de lujo y el ubicuo negocio de las apuestas, el alcohol y la prostitución.

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ESPACIOS PÚBLICOS ACONDICIONADOS

Estos eran verdaderos desfiles de todas las clases sociales, y todos con el mismo propósito de comprar e intercambiar ropa y objetos suntuosos, así como darse gusto con descarado desenfreno con los placeres mundanos.

Así pues, una nueva necesidad se fue generando, la de propiciar que dicho gentío permaneciera más tiempo en esas calles a pesar de las inclemencias del tiempo; por lo tanto las calles se techaron con arcos de metal y vidrio formando techumbres abovedadas y acristaladas. Fueron espacios públicos acondicionados especialmente y que cambiaron para siempre la forma de comerciar, convivir, disfrutar y libar en la ciudad. Los pasajes parisinos fueron el primer sitio en donde se usaron las luces de gas.

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TECHAR LAS CALLES CON METAL Y CRISTAL

En Inglaterra, esta innovadora y exitosa forma de techar las calles con metal y cristal se hizo popular casi cuarenta años después de los primeros pasajes parisinos. Ahí, al otro lado del Canal de la Mancha, adoptaron el nombre de arcadas o arcades, presumiblemente por el estilo arquitectónico de la Royal Opera Arcade de Londres y sus peculiares arcos y pilastras.

Conforme el siglo XIX fue avanzando y siendo pródigo en avances tecnológicos y constructivos, las arcadas y pasajes o galerías (arcade en Londres y gallerie o passage en Paris) se fueron haciendo más populares por toda Europa y se construyeron sendos corredores que, predestinadamente, unían calles y avenidas para formar ostentosos pasillos cubiertos, para beneplácito y disfrute de la gente.

Son buenos ejemplos la Galería Vittorio Emanuele II en Milán o la Galería Umberto I en Nápoles. Hoy día, muchas de las arcadas, galerías y pasajes originales aún se yerguen; atestiguando los nuevos tiempos y la renovación urbana. Algunas todavía cumplen su función original y otras son tan sólo un hito poético que cuenta a sus visitantes un pedazo de la historia del lugar.

Finalmente, y cualquiera sea el caso, estos singulares pasadizos urbanos son los verdaderos antecesores de los grandes recintos comerciales de hoy. Lugares que, al igual que sus antiguos parientes europeos, nos aíslan del mundo exterior y nos adentran en el embrujo de la fantasmagoría consumista.

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