Los retos de comunicación de AMLO
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Los retos de comunicación de AMLO

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Los retos de comunicación de AMLO

09/11/2018
Actualización 09/11/2018 - 11:23

A tres semanas de que tome posesión el gobierno de López Obrador, las expectativas de qué va a hacer se extienden también a cómo va a comunicar. La comunicación del nuevo gobierno cuenta con una gran ventaja, pero también enfrenta varios retos. Su gran ventaja es la legitimidad que le dio la mayoría de los votos, esos treinta millones a los que algunos de sus simpatizantes suelen referirse con frecuencia. El holgado triunfo dota al nuevo gobierno de una enorme seguridad comunicacional, una especie de autoconfianza para decir las cosas.

Entre los retos, percibo por lo menos tres, que será muy interesante ver cómo se van sorteando. El primero tiene que ver con el hecho de que la sociedad estaba, y sigue estando, profundamente insatisfecha y muy polarizada. Ninguna de esas características desapareció después de la elección, y seguirán una vez que asuma el nuevo gobierno. Parte del éxito electoral de AMLO fue haber articulado y alimentado el descontento. Pero éste sigue ahí, y culpar a otros por lo que venga no tendrá los mismos efectos que tuvo en la movilización de apoyo electoral. Además, alimentar el descontento requería de cierta polarización. Me pregunto si es factible llevar a cabo una comunicación despolarizante que a su vez sea funcional al nuevo gobierno.

El segundo reto tiene que ver con el discurso democrático de inclusión. El equipo de transición ha puesto la palabra “democracia” al frente de su retórica. Ya Fox lo había hecho pero con resultados negativos: con la democracia se iban a resolver muchas cosas, por lo que el desgaste del gobierno significó también un desgaste para la democracia como idea. Uno de los principales retos del discurso del nuevo gobierno será la parte de inclusión que conlleva la democracia, equilibrando la inclusión de grupos vulnerables con la inclusión genérica de todos los ciudadanos, no solamente de unos cuantos. En las campañas, el discurso era en buena medida excluyente, “ellos contra nosotros”, lo cual continuó en el periodo de transición. El uso continuo de la palabra'fifí' es un buen ejemplo, ya que inició como una diferenciación social (los buenos y los aprovechados) y ha derivado en una diferenciación política (los buenos y los golpistas).

De acuerdo con una encuesta nacional que realizamos para El Financiero a principios de octubre (los días 5 y 6 a 450 entrevistados por vía telefónica), el 26 por ciento de los entrevistados ha escuchado la palabra fifí y el 7 por ciento se considera fifí. Entre quienes la han escuchado hay menos votantes de AMLO, por lo que es factible que haya una atención selectiva a estos referentes. Pero lo más interesante es que la gran mayoría se opone al uso de palabras que dividen. En la encuesta se preguntó si “está bien que los políticos utilicen palabras como ‘fifí’ que nos recuerden o concienticen sobre las grandes diferencias sociales que hay en México, o está mal que se usen esas palabras que dividen a los grupos sociales porque crean conflictos y discriminación”: el 9 por ciento opina que está bien y el 82 por ciento que está mal. Lección: la gran mayoría rechaza el lenguaje divisivo o excluyente.

El tercer reto tiene que ver con las expectativas y los posibles resultados. Así como el triunfo contundente subió la confianza propia de los ganadores, sus resultados la pueden mantener arriba o desinflarla. Y vaya que las expectativas son altas. En este punto la comunicación tendrá que ser lo más efectiva posible para reportar avances y logros, así como para explicar procesos y plazos. En la narrativa del equipo de transición, “la democracia participativa” echó para atrás el NAIM en Texcoco, lo cual resulta consistente con el discurso antielitista de la campaña. Los seguidores ven la cancelación del aeropuerto como una victoria de AMLO, pero los resultados ya en el ejercicio de gobierno (economía, seguridad, corrupción…) van a requerir mucho más que entregar la cabeza de un aeropuerto a las bases de apoyo. Se perfilan retos muy interesantes en el quehacer comunicacional.

Hoy se publican los resultados de la encuesta Latinobarómetro 2018, y el informe, aún con embargo al escribir estas líneas, señala que 2018 no fue un buen año para la democracia en la región. Ya iremos comentando.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.