El vals de la despedida
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El vals de la despedida

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El vals de la despedida

08/05/2018
Actualización 08/05/2018 - 9:01

El fin de semana el quinceañero se vistió de rojo. Sus ilusiones, cree él, han reverdecido en pleno mayo. Está por ejecutar un vals. “Un dos tres, un dos tres”, decía una cantante. Qué felicidad el relanzamiento de la campaña. Que las fuerzas vivas del partido celebren la unidad decretada por el altísimo que ha sacrificado a uno de sus hijos, el de rulos para más señas. Que suenen los tambores. Saquen las matracas. Que se escuche bonito, de aquí a Los Pinoooos…

Qué maravilla esta nueva oportunidad que tienen de quererme, clama a los cuatro vientos este cándido candidato. Quiéranme, ciudadanos, pues soy la contradicción en esencia pura. Abrazo a impresentables, pero les prometo que no soy como ellos. Mis aliados tienen aviones y casas en San Antonio, pero yo pago a meses sin intereses mis trajes. Dios bendiga la economía mexicana que nos da para vivir endeudados. ¿Ven? Soy como ustedes, igualito a ustedes, víctima de ellos pero útil a ellos. ¿Quién podría representar mejor al México agachón? ¿Quién?

Acabado el primer debate descendió a un nuevo purgatorio. “Que se baje, que se baje”, coreaban en los clubes de industriales de los lugares de México donde hay industriales. No me bajo, no me rajo, no renuncio, no declino… Durante dos semanas el candidato buscó todos los sinónimos para no decir el sustantivo exacto. No puedo bajarme porque yo no me subí. No vine, me trajeron. No me impuse, me impusieron. Por tanto, no me mando, me mandan. Y no me han mandado quitarme, desvanecerme… aún.

Lo que en noviembre pensaron que iba a ser una fiesta, no ha llegado ni a entremés. El candidato honesto que iba a limpiar los pecados, no del mundo pero sí de toda una camarilla de tres partidos, no pudo con la montaña de la corrupción. David sólo triunfa en la Biblia. Goliat es troglodita un día sí y otro también. Cada semana un escándalo de este gobierno y sus aliados, cada semana una prueba más de su ineficacia e indolencia, cada semana cosas que restan a esa campaña y a un delfín con menos futuro que la vaquita marina.

Y es que si algo no les falla a los reporteros es la intuición. Distinguen a leguas una campaña a la deriva; en las últimas semanas lo único que la prensa quiso saber es si, comenzado el segundo acto, nuestro personaje finalmente iba a resultar útil: él quería hablar de peligros para México, pero los periodistas sólo buscaban la confirmación de lo obvio, saber de boca propia del espectro si ya sabía que ya no existía: oiga, ¿usted cuándo deja de ser usted? ¿Cómo le va a hacer para bajarse sin bajarse? ¿Vuelve al PAN? ¿Cuándo el abrazo del adiós? ¿Quiere chamba en el gabinete? ¿En el actual? ¿En el del Frente? ¿En el del Peje?

Chicos, les juro que vamos bien, que remontaré, que todo fue culpa de Ochoa y su liquidación y sus taxis. Les prometo que en los cincuenta días que marcarán a México caerá sobre la nación una amnesia colectiva, nadie recordará a los Duarte ni a Odebrecht, ni a Ruiz Esparza ni que consentimos a Trump, ni a las estafas o los espionajes, es la hora del perdón nacional, indulgencia plena a los que nos robaron, porque prometieron que si llego yo ya no nos robarán. Démosles otro oportunidad, porque, a poco no, así como para ellos robar es cultural, para nosotros perdonarlos también es cultural, eso y no llegar al quinto partido definen nuestra identidad. ¡Viva México, priista!

Así que venga, todos al relanzamiento. Más confeti, más bots. Celebremos esta hora de felicidad, nadie verá venir el fraude, perdón, la remontada épica. Cosas más increíbles se han visto, si no pregúntenle al Trife.

El aspirante piensa (o al menos dice) que esta nueva danza lo reposicionará. Están listos los chambelanes y ensayada la coreografía con un nuevo maestro de ceremonias guerrerense. Pero el novel aprendiz de político no sabe, no puede saberlo, que es la marcha de la despedida. En el diccionario de los dinosaurios no existe la palabra futuro, todo es corrupción.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.