CDMX

Simulacro Nacional 2026: ¿Por qué la CDMX se mueve como ‘gelatina’ cuando tiembla?

La CDMX se asienta sobre terrenos con comportamientos muy distintos ante un terremoto.

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La ciudad se divide, para efectos de su comportamiento sísmico, en tres grandes zonas. (Foto: EFE) (Mario Guzmán/EFE)

El terremoto del 19 de septiembre de 1985 cambió la forma de construir en Ciudad de México y aceleró el desarrollo de normas adaptadas a las peculiaridades de su subsuelo, pero 41 años después persiste el desafío de evaluar las edificaciones levantadas antes de esas reformas.

La capital mexicana se asienta sobre terrenos con comportamientos muy distintos ante un terremoto: desde zonas firmes hasta los suelos blandos del antiguo lago, capaces de amplificar las ondas sísmicas y aumentar sus efectos sobre determinadas construcciones.

En entrevista con EFE, Carlos Valdés González, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que esta composición del suelo genera un fenómeno de amplificación conocido popularmente como “efecto gelatina”.

“En el terreno central o blando, el movimiento va a ser amplificado por estas arcillas suaves que se comportan como una gelatina; mientras que en el terreno duro, un sismo se siente literalmente como un solo golpe seco de muy corta duración”, detalló.


La ciudad se divide, para efectos de su comportamiento sísmico, en tres grandes zonas: terreno firme, transición y suelo lacustre blando, este último formado por depósitos de arcilla que condicionan la manera en que las ondas sísmicas afectan a las edificaciones.

Según Valdés, las características del subsuelo han obligado a desarrollar durante décadas conocimiento especializado e incorporar progresivamente mayores exigencias de seguridad estructural.

El comportamiento de los edificios también varía dependiendo del origen y las características del terremoto, explicó el especialista, quien distinguió entre los sismos de subducción originados en las costas mexicanas del Pacífico y movimientos intraplaca más cercanos a la capital.

¿Qué cambió en la CDMX tras el sismo de 1985?

El terremoto de magnitud 8.1 de 1985, que provocó el derrumbe de cientos de edificios y dejó miles de muertos, marcó un punto de inflexión en las normas de construcción de la entonces capital mexicana.

Tras la catástrofe se emitieron normas de emergencia y, en 1987, entró en vigor un nuevo Reglamento de Construcciones para el entonces Distrito Federal que incorporó las lecciones obtenidas de los daños causados por los terremotos de septiembre de 1985.

Las modificaciones reforzaron los criterios de diseño sísmico y profundizaron la consideración de las distintas características del subsuelo en el cálculo de las estructuras.

Para Valdés, sin embargo, uno de los principales retos cuatro décadas después está en las construcciones anteriores a esos cambios normativos y en la necesidad de revisar su estado.

“La regulación actual no es retroactiva, por lo que es responsabilidad directa de la ciudadanía verificar el estado de salud de sus viviendas”, puntualizó el investigador, quien recomendó dar seguimiento a fisuras y grietas y recurrir a especialistas cuando sea necesario.

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Cada 19 de septiembre, México realiza un simulacro nacional que mantiene presente una fecha especialmente marcada por los terremotos de 1985 y 2017. EFE (Mario Guzmán/EFE)

¿Cómo se puede reducir el riesgo ante los sismos en CDMX?

El experto sostuvo que reducir el riesgo sísmico tampoco depende exclusivamente de la ingeniería, sino de la preparación de la población y de su capacidad para responder cuando un terremoto interrumpe servicios básicos.

“Si bien hemos avanzado en la realización de simulacros organizados, todavía queda mucho por hacer en el plano personal para reaccionar ante fallas masivas en las comunicaciones o en la red eléctrica”, advirtió.

Cada 19 de septiembre, México realiza un simulacro nacional que mantiene presente una fecha especialmente marcada por los terremotos de 1985 y 2017, ocurridos el mismo día con 32 años de diferencia.

Para Valdés, las lecciones acumuladas han permitido avanzar tanto en el conocimiento del subsuelo como en las normas de construcción y la prevención, aunque la seguridad sísmica exige una revisión permanente de las edificaciones y una mayor preparación ciudadana.

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