Claudio Suárez es uno de los futbolistas más queridos en la historia del futbol mexicano, pero no todos conocen sus inicios: se formó en los llanos de Texcoco e incluso, cuando se debutó como profesional, jugaba en la ‘talacha’ para mantenerse mientras mejoraba su contrato con Pumas.
Sin embargo y pese a su relativamente baja estatura, su gran talento y oficio en la defensa lo convertirían en una auténtica eminencia como defensa central, en un infaltable de la Selección Mexicana e inmortalizaría el apodo de el ‘Emperador’.

¿Cómo fueron los inicios de Claudio Suárez? De los llanos de Texcoco a Primera División
Claudio Suárez nació en Texcoco, Estado de México, en una familia de nueve hijos en la que, si bien no faltaba lo básico, tampoco había grandes lujos: asistió a escuelas públicas y trabajaba desde muy joven para ayudar con los gastos de la casa.
“Íbamos a trabajar, ya sea luego a vender dulces, preparábamos tortas”, recordó en entrevista con Javier Alarcón. “Nos poníamos a trabajar de pintores, de albañiles, de lo que fuera. Íbamos a cortar pasto con los vecinos también, trabajé de cerillo, o sea, de mil usos, de recoge basura también. Pues todos (los hermanos) para llevar algo a casa”, detalló.
Fue en ese contexto cuando el futbol apareció como un ‘escaparate’ para él y sus hermanos varones. Una vez que terminaban sus labores, armaban la clásica ‘cascarita’. Cuando era adolescente comenzó a jugar en un equipo junto con sus hermanos mayores, quienes competían con adultos, a veces en canchas de tierra o hasta de piedras.
“Y ya después empecé, a la edad de 14 o 15 años, cuando mis cuatro hermanos mayores jugaban en un equipo de adultos. Ahí fue cuando debuté prácticamente; los cinco jugábamos en el mismo equipo. Era peligroso porque luego se armaban las campales. Le pegaban a uno de mis hermanos; el grande era bravísimo”, recordó.

Sergio, tres años mayor que él, fue el primer hermano que ilusionó a la familia Suárez con el profesionalismo. Llegó a las fuerzas básicas de Pumas, aunque no debutó en Primera División. Claudio, quien inicialmente jugaba como mediocampista, también ingresó a la cantera universitaria; sin embargo, el trayecto desde Texcoco hasta Cantera no era sencillo e incluso tuvo que dejar de entrenar por un tiempo.
“Yo hacía entre dos y dos horas y media para ir a los entrenamientos de Pumas. Afortunadamente nos dieron la oportunidad a mi hermano y a mí de probarnos”, recordó. “Yo lo suspendí por cuestión económica y prácticamente lo abandoné”.
Tiempo después se probó con Atlante, pero no se quedó. Afortunadamente, Pumas le dio una nueva oportunidad a los 18 años en las divisiones inferiores y, un año más tarde, ya estaba debutando con el primer equipo.
“(Jugué) con el profe Juan Armenta y, de ahí, prácticamente estuve un año y me debutó Miguel Mejía Barón en 1988-89, cuando eran temporadas largas”, relató para el podcast Lavolpismo. “Y de ahí ya prácticamente empezó el tema del profesionalismo, de estar ya más metido”.

Claudio Suárez percibía más dinero jugando en los llanos que en sus inicios en Pumas
Pese a que el sueño ya estaba prácticamente cumplido, todavía existía un problema: el sueldo que percibía no era el de un futbolista del primer equipo, sino el de uno de las reservas.
“Al principio no recibía un buen sueldo (...), ya jugando yo en Primera División y me iba a talachar”, expresó con el exportero Ricardo Lavolpe.
Para sostenerse mientras mejoraba su contrato con el conjunto universitario, Suárez jugaba en equipos amateur de su natal municipio del Estado de México.
“En Texcoco porque me pagaban más y con eso podía solventar mis gastos de camiones, transporte y comidas”, contó.

Eventualmente, Suárez se convirtió en una eminencia del futbol mexicano. Jugó en Pumas, Tigres, Chivas y el extinto Chivas USA de la MLS. Con la Selección Mexicana disputó 177 partidos y anotó seis goles. Aunque ganó tres veces la Copa Oro, su logro más recordado es la Copa Confederaciones de 1999, cuando México derrotó a Brasil en la gran final.
Su legado también inmortalizó su apodo: el ‘Emperador’. Curiosamente, nunca supo el origen del sobrenombre por el que, hasta hoy, es recordado.
“Me puso el sobrenombre un comentarista de televisión en ese entonces, Gerardo Peña. Fue cuando inicié en Pumas, en la temporada 1988-1989, que debuté y al año prácticamente empecé mis primeros pasos en el futbol profesional”, dijo a ESPN. “Nunca supe por qué; creo que él tuvo una enfermedad, un derrame cerebral, y no le pude preguntar”, agregó.
El jugador cree que pudo haber estado relacionado con su lugar de origen, ya que vivía cerca de las pirámides de Teotihuacán, aunque se quedó sin la certeza.







