Hubo un tiempo en que el Estadio Azteca era solo un extraño hoyo en la tierra que los niños usaban como resbaladilla, mientras la construcción disputaba con dinamita un complicado partido contra la roca volcánica. Es una escena difícil de imaginar desde las gradas donde se han jugado tres Copas Mundiales, pero así comenzó todo.
El Coloso de Santa Úrsula se ha vuelto un coleccionista de memorias deportivas, del recuerdo de Pelé levantando su tercer Copa del Mundo con Brasil en 1970 a la ‘Mano de Dios’ de Diego Armando Maradona en 1986. Ahora su portería se quedará con el beso de Guillermo ‘Memo’ Ochoa al despedirse de la Selección Mexicana en su sexto y último mundial.
El eco de aquel “¡Ochoa, Ochoa, Ochoa!" —que sonó en el partido donde México derrotó 3-0 a Chequia en la fase de grupos del Mundial 2026—, resuena hasta la cercana calle Las Flores, donde las micheladas y los tacos meten gol de vestidor en cada juego.
![Guillermo Ochoa recibió un homenaje en el Estadio Ciudad de México en el juego de México vs. Chequia. [Fotografía. Cuartoscuro]](https://www.elfinanciero.com.mx/resizer/v2/2M74UOKVXVGQLMMHJ2PTVKO7R4.jpg?auth=8d3322cef2e103d240fc1fbb0e6efa959ae2d816a1823bbeefe98f5329b08fc8&width=400&height=225&quality=85)
Aunque ahora el Azteca está delimitado por muros y vallas que acarrean a los aficionados, sus arterias más vitales las cimentaron sus vecinos en la década de los 60.
“Somos nativos de aquí. Nos tocó desde que hicieron el hoyo grandísimo y nos íbamos a ahí a jugar, nos gustaba irnos de resbaladilla hasta el fondo del estadio. Nos reuníamos muchos, nos aventábamos al hoyo (...) Aquí crecimos todos”, recuerda divertida Agustina Aguilar, quien ahora tiene una heladería en Las Flores y de niña vio nacer a ese ‘volcán’ de concreto.

Vecinos recuerdan cómo construyeron el Estadio Azteca
El papá de Agustina también nació en el barrio, le contaba cómo antes había solo una entrada, el resto eran veredas, biznagas y piedras; una época en la que no tenían agua y luz.
A inicios de los años 60, las excavaciones del Azteca se encontraron con algo más necio que el Muro de Berlín: la naturaleza de roca volcánica que se negaba a incorporarse a la mancha urbana y para la cual requirieron muchos explosivos.
La familia de Julio, quien tiene un puesto de micheladas en Las Flores, también grabó su historia en las piedras del Azteca: “Mis abuelos fueron de los primeros que llegaron (a la zona), antes de que estuviera el estadio. Mi papá trabajó en la construcción, cuando dinamitaban”.

Según le ha contado su papá, en ese entonces tocaban unas campanas para que la gente se hiciera a un lado, justo antes de la explosión.
“Era pura piedra. Nos gritaban cuando andábamos todos adentro que ya iban a echar la dinamita (...) Nos decían ‘ya váyanse, váyanse, porque vamos a echar el cuete’, así decían. Gritaban ‘¡cuete, cuete!’. Ya nada más se oían las piedras cayendo (...) botaban las piedritas hasta acá, todo lo que dinamitaban”, agrega Agustina desde su negocio.
Los niños jugaban en los túneles del Estadio Azteca
El Estadio Azteca fue inaugurado al mediodía del 29 de mayo de 1966, con un partido de Club América vs. Torino Futbol Club de Italia. Ahí se celebró un México vs. Colombia en los Juegos Olímpicos de 1968, además de los Juegos Panamericanos de 1975 y los mundiales de 1970 y 1986.
Ha sido casa de varios clubes: América, Cruz Azul, Atlante, Necaxa y hasta el Atlético Español. Pero, sobre todo, los niños del barrio jugaron de locales en otros tiempos.
“Podíamos irnos a jugar hasta el estacionamiento, la mayoría nos íbamos para allá, los que tenían bici por Día de Reyes. Podíamos recorrerlo todo, nos gustaba irnos y meternos a los túneles cuando no había partido, le dábamos toda la vuelta al estadio, era libre, no había bardas”, dice Agustina.
Cerca de la heladería de Agustina, en el puesto de tacos Los Hermanitos, César Hernández nos cuenta que su abuelita lleva viviendo en la zona desde la década de los 30. En su familia han visto toda la transformación, “mi mamá jugaba en los túneles del estadio cuando no estaba bardeado”.

La calle de Las Flores, el corazón culinario del Estadio Azteca
De acuerdo con Agustina, en la década de los 80, Las Flores obtuvo su distintivo: adoquín en lugar de pavimento. El día de la inauguración de la calle los visitó el expresidente Miguel de la Madrid.
Esa vialidad antes no se caracterizaba por el comercio, si acaso había algunos puestos de carnitas, pero era conocida porque ahí estacionaban los automóviles que llegaban al estadio: “Aquí en su casa cabían unos 30 carritos”, dice Agustina. Ahora, destaca por la venta de alimentos y bebidas.
Julio, otro vecino, vende refrescos preparados, cantaritos, micheladas y azulitos, sus precios van de 100 a 120 pesos, mientras que en el estadio las bebidas cuestan de 280 a 430. En el Mundial 2026 encontraron “una fuente de ingresos para el barrio”.

Las Flores es un referente en todos partidos de Cruz Azul y América. “El ambiente del barrio es pesado, pero muy amigable, mucha gente viene, estaciona sus coches, le ofreces el baño, una miche, siempre regresan, se sienten acogidos, con la confianza”, considera Julio.
“Llegan muchos extranjeros y se van con un buen sabor de boca (...) Hay mucho tráfico (con el Mundial), pero nos está beneficiando, gracias a dios”, agrega César, quien vende tacos de aguja, longaniza, campechanos y bistec en 40 pesos, la mitad de lo que cuestan dentro del Azteca.
César destaca el ambiente en Las Flores, por ejemplo, en el partido de Colombia vs. Uzbekistán, llegaron todos los colombianos que no pudieron entrar al estadio, “hicieron una fiesta impresionante, desde tempranito se juntaron en esta calle, hasta la 1 de la mañana se fueron, comprando miches, tacos, todo”.
“Todo el mundo se reúne aquí, ahorita es la calle que más negocio tiene, somos vecinos”, menciona Agustina.

Un Mundial cercado para los vecinos del Azteca
Para la señora Agustina, quien vivió su infancia dentro del Azteca, ver tantas restricciones de paso la hace sentir encerrada, pues por su edad no puede hacer recorridos tan extensos a pie cuando hay cierres viales: “No podemos salir para ningún lado, ya no somos libres”.
Ahora recuerda con nostalgia otros mundiales, cuando caminaban libremente hasta la explanada: “Antes era más bonito, se sentía más el futbol, se vivió más alegre, con todavía más ambiente ahorita. Se disfrutaba parejo, toda la gente revuelta. Nada de que porque hay dinero, puedes pasar; porque no hay, no puedes pasar”.
A pesar de vivir tan cerca del Azteca, no van tan seguido a los partidos, menos al torneo de la FIFA: “A un mundial no, de dónde”.
César comparte el mismo sentimiento, pero Las Flores armó su propia Copa del Mundo: “Están muy elevados los costos (de los boletos). Aquí los vemos en la tele, aquí también está el ambiente, todos los que no pudieron entrar aquí llegan (...) Aquí no hay nada de rivalidad de equipos, aquí todos somos México”.







