Estimado lector, le comparto que la cartera de crédito vigente de la banca comercial al cierre de junio 2021 reportó -6.59% anual nominal, es decir, sin descontar inflación. Lo anterior, según cifras del reporte de agregados monetarios y actividad financiera publicado por Banco de México (Banxico). Cabe señalar que con este ya van 8 meses seguidos con una tasa negativa. Probablemente le parezca mucho, pero todo es relativo.
A la fecha referida y con base a la misma fuente de información, la cartera vigente de crédito al consumo que incluye tarjeta de crédito, nómina, personales y bienes de consumo duradero se ubicó en -3.12%, manteniendo una tasa negativa por 14 meses consecutivos. La última vez que se observó un hecho similar, se remonta a diciembre de 2008, justo cuando registró -2.94% y que se ligaron 22 meses ininterrumpidos para retomar la senda de crecimiento, al menos de manera marginal.
No pretendo abrir un debate, pero: ¿Acaso en ambas ocasiones el rezago del consumo obedeció a que las personas prefirieron ahorrar que solicitar crédito? ¿Pudo esto haberse concatenado con condiciones más estrictas en el otorgamiento de financiamiento por parte de los bancos? Cada uno tendrá su propia y respetable versión, pero esta última interrogante no puede desvincularse del tamaño del banco ni tampoco con su nicho principal de mercado.
Continuando con el tema, información de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) revela que el crédito al consumo de la banca consolidada tuvo un índice de morosidad de 8.05% en diciembre 2008 que contrasta con el manejable 3.93% de junio 2021. No obstante, este ultimo porcentaje podría estar sesgado a la baja por la aplicación de los criterios contables especiales de carácter temporal establecidos por los bancos en respuesta a la pandemia.
Al respecto me pregunto si quizá en los próximos meses estaremos observando aumentos relevantes de cartera vencida. De hecho, no descarto un impacto a la morosidad ajustada por castigos y quebrantos. Datos de la CNBV revelan que a diciembre 2008 dicho indicador alcanzó 17.05% y 14.30% a junio 2021.
Todavía más aún cuando el día de la publicación de esta columna, es casi un hecho que Banxico anuncie al medio día un incremento de 25 puntos base (pbs) en la tasa de referencia. Incluso, no me sorprendería que el aumento fuera de 50 pbs. ¡Espero equivocarme! Como referencia, en diciembre 2008, el diferencial entre la TIIE mensual a 28 días y la inflación era de 221 pbs, mientras que a junio 2021 resulta de -129 pbs. No es un error, usted leyó bien.
Para clarificar aún más sobre el más que probable ajuste de tasas de interés, para que dicho diferencial de junio 2021 empate a la inflación y suponiendo que esta última ya no aumentara, se necesitarían simple y sencillamente 5 ajustes de la TIIE, cada uno de 25 pbs.
Cabe recordar que en lo que resta del año, faltan por celebrarse 4 juntas de política monetaria. De ahí, mi opinión sobre un posible incremento de 50 pbs, más aún si siguen las presiones inflacionarias al alza persisten. De ahí el debate sobre si la inflación es permanente o transitoria.
Casualmente, por decirlo de alguna manera, la curva de inflación se invirtió y sobrepasó a la tasa de referencia constantemente desde marzo 2021, es decir, por 4 meses consecutivos. Este fenómeno no se presentaba desde junio 2014 y mayo 2009, justo cuando se registró un comportamiento similar por 7 y 4 meses en fila, respectivamente.
Es importante subrayar que recientemente se modificaron las ponderaciones de riesgo para los créditos al consumo, así como de otros productos y, que implícitamente beneficiaran a los acreditados con mejores condiciones de tasas de interés y para los bancos podría permitirles impulsar el crecimiento y mantener métricas de capital más altas. ¡Ya veremos!
A título personal y como conclusión, solo espero que con la denominada tercera ola por la pandemia y las medidas de confinamiento ante el semáforo epidemiológico no se repita un escenario similar o incluso de mayor duración en la contracción del crédito, ya sea en términos porcentuales o de tiempo como lo ocurrido entre 2008 y 2009.
De hecho, en una columna previa, ya había comentado que al menos en el pasado reciente, el consumo ha explicado aproximadamente 2/3 partes del PIB (véase: https://bit.ly/3jDKtVs). Imagine que podría suceder de concretarse este escenario y el impacto económico.
El autor es economista por el Tecnológico de Monterrey (Campus Monterrey) con máster en finanzas y administración, ambos grados por EGADE. Actualmente es Director de Estudios Económicos y Relación con Inversionistas de Grupo Unicco, aunque las opiniones aquí plasmadas son a título personal.
Esta es una columna de opinión. Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad únicamente de quien la firma y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.