Monterrey

Rosa Nelly Trevinyo: ¿Calidad de vida?

Para alcanzar un estado de bienestar debes balancear 5 rubros.

Cuando escucho a los miembros de siguiente generación decir: “Yo no quiero trabajar de sol a sol, como mi padre y mi abuelo, yo quiero calidad de vida” mi semblante cambia. Y entonces pregunto: ¿A qué te refieres con calidad de vida? Y es que, aunque tener una posición privilegiada ayuda a mantener un mejor balance trabajo-familia, cuando diriges una empresa familiar, no hay sustituto para el trabajo arduo.

De hecho, la mayoría de las y los dirigentes de empresa que tengo el placer de servir no sólo invierten un sinnúmero de horas en la labor, sino que son perseverantes y exigentes con ellos mismos. Y aunque algunos admiten que han sacrificado tiempo con su familia y se han limitado en la práctica de hobbies, también reconocen que han alcanzado metas inimaginables: “He trabajo mucho, pero también he logrado mucho; nunca pensé que íbamos a crecer tanto”; “… estoy contento, tengo un nivel de vida envidiable y esta empresa me dio la oportunidad de probarme—y de probarles—de lo que soy capaz”.

Aunque la calidad de vida es subjetiva y nuestra visión de ella cambia a lo largo del tiempo, lo cierto es que el concepto tiene que ver con alcanzar un estado de bienestar en por lo menos 5 rubros (balanceados):

  • Bienestar físico: Se refiere a tener buena salud—incluye el acceso a un hospital de calidad, a una buena alimentación, a un lugar donde hacer deporte, etc.
  • Bienestar económico: Tener un ingreso que permita cubrir nuestras necesidades básicas—y las de nuestra familia (en caso de tenerla).
  • Bienestar social: Se relaciona con tener redes de apoyo y buenas interacciones con los grupos de personas que frecuentamos—colaboradores, amigos, familia.
  • Bienestar emocional: Se trata del aspecto psicológico—por ejemplo: la autoestima, los sentimientos positivos, el aprendizaje, la auto-imagen, el desarrollo espiritual.
  • Desarrollo personal: Significa que la persona siente que tiene la oportunidad de alcanzar sus metas, de auto-realizarse; de desplegar sus capacidades y talentos.

Con todo, a veces, en aras de “tener calidad de vida” y de “dedicarle más tiempo a mi familia” los miembros de la siguiente generación pierden el rumbo y dejan de lado su propio desarrollo personal. Quieren tener los beneficios de ser directores generales, sin desarrollar las habilidades y cumplir las responsabilidades que el puesto envuelve. Eso no es tener calidad de vida, es comodidad.

Para muestra basta un botón. Te invito a responder honestamente—con un sí o un no—las siguientes preguntas:

  1. ¿Posees los recursos necesarios para alimentarte sanamente, vestirte bien y tener condiciones saludables y seguras en tu casa? En caso de tener familia, ¿puedes cubrir sus gastos básicos y enviar a una escuela privada a tus hijos?
  2. ¿Estás a gusto con tu nivel educativo? En caso de que la respuesta sea no, ¿tienes la posibilidad de educarte más?
  3. ¿Tus ingresos te permiten viajar, tener seguro de gastos médicos, elegir tu platillo favorito en un restaurante y movilizarte en automóvil propio?
  4. ¿Te sientes bien física y emocionalmente? ¿Te levantas con ánimo para afrontar el nuevo día?
  5. ¿Te motiva tu trabajo? ¿Te ofrece oportunidades de crecimiento? Si no es así, ¿puedes conseguir otro empleo o iniciar una empresa?

Si contestaste que sí a la mayoría de las preguntas anteriores, tu calidad de vida es bastante decente. Y aunque siempre puede mejorar, la forma de hacerlo no es cumpliendo a medias con tu puesto de trabajo, sino buscando un rol que te permita trabajar menos y disfrutar más. Obviamente, eso implicará ajustar tu nivel de vida—y de gasto.

En resumen: La aspiración de tener calidad de vida no debe de ser un obstáculo para cumplir con nuestro rol profesional, sino al contrario, debe ser un incentivo para desarrollar nuestro talento. Y es que, alcanzar la calidad de vida requiere balancear los 5 rubros—incluido el desarrollo personal. Sin embargo, hacerlo requiere forzosamente laboriosidad y excelencia. Como bien decía Picasso: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”.

La autora es Socia de Trevinyo-Rodríguez & Asociados, Fundadora del Centro de Empresas Familiares del TEC de Monterrey y Miembro del Consejo de Empresas Familiares en el sector Médico, Petrolero y de Retail.

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