En la mañanera del pasado 18 de octubre, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador anunció, con particular triunfalismo, la próxima visita de su homólogo norteamericano a México para participar en el encuentro de los ahora países miembros del T-MEC, es decir Estados Unidos, Canadá y México como país anfitrión. AMLO señaló: “tuvimos una cordial conversación con el presidente Joe Biden sobre migración, seguridad y cooperación para el desarrollo y me confirmó que visitará México para participar en la Cumbre de Líderes de América del Norte”, que será la décima Cumbre desde que se creó este mecanismo de intercambio entre los miembros del entonces TLCAN/NAFTA en 2005.
Esta décima Cumbre de Líderes de América del Norte, que se llevará a cabo por cuarta ocasión en territorio mexicano (las tres anteriores fueron en 2006, 2009 y 2014) si bien ya había sido negociada en el marco de la IX Cumbre de las Américas que tuvo lugar del 6 al 10 de junio del año en curso en Los Ángeles, California, luego de una reunión trilateral entre el canciller mexicano, Marcelo Ebrard y sus pares de Estados Unidos, Antony Blinken, y de Canadá, Mélanie Joly, en el contexto de la última jornada de la IX Cumbre de las Américas, ahora se anuncia como un gran logro de la diplomacia mexicana.
Para el canciller Marcelo Ebrard, el diálogo entre Biden y AMLO “fue una conversación muy afectuosa y cercana. Me dio mucho gusto constatar la estrecha relación de ambos presidentes y la cercanía entre México y Estados Unidos”.
Llama la atención el anuncio de la visita de Biden, 4 meses después de la reunión de los encargados de política exterior de los países miembros del T-MEC, en Los Ángeles, en la medida que los líderes de los 3 países siempre participaron en estos encuentros. Lejos de constituir un éxito de la diplomacia mexicana, este anuncio muestra la preocupación en México de un posible desaire del inquilino de la Casa Blanca, en respuesta a la negación del presidente mexicano de acudir a la IX Cumbre de las Américas por su apoyo a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua que no fueron invitados por el presidente Joe Biden.
La Cumbre de Líderes de América del Norte, creada en 2005, fue reactivada en 2021, esto después de que el ahora expresidente Donald Trump decidiera no convocarla durante los cuatro años que duró su mandato desde la edición del año 2016. A partir de la creación de este mecanismo de diálogo, la Cumbre de Líderes de América del Norte ha tenido como sede 5 ocasiones los Estados Unidos, 3 México y 2 Canadá.
Estos encuentros que se celebran en distintas ciudades de las tres naciones “permiten a los gobiernos identificar prioridades comunes, acordar objetivos y definir líneas de acción específicas”, como lo especifica el comunicado emitido por la Secretaría de Relaciones Exteriores de México.
Sin embargo, aunque el anuncio buscó mostrar una relación armoniosa entre Estados Unidos y México, varios temas estarán en la mesa de discusión, en particular el respaldo del presidente López Obrador a los regímenes más antidemocráticos del continente que fue lo que motivo su ausencia de la Cumbre de Los Ángeles.
El tema de la migración, como siempre estará en la mesa de negociación, sobre todo por la presencia de miles de venezolanos, haitianos y centroamericanos además de los mexicanos en la frontera con Estados Unidos y la posición laxa de México frente a los flujos migratorios.
Por otra parte, el recién anuncio de Putín de un acuerdo con nuestro país para desarrollar un sistema similar al GPS, es una espina clavada en el pecho norteamericano y a pesar de las tardías denuncias de México sobre las acciones rusas en Ucrania, es muy evidente el doble juego del presidente mexicano.
Ahora una gran incógnita que se cierne en torno a la presencia del mandatario norteamericano es si llegará Biden fortalecido o debilitado para la Cumbre de diciembre? Según una encuesta de RealClear Politics, la proyección para las elecciones de medio término del 8 de noviembre en los Estados Unidos, muestra una fuerte tendencia a la caída de los demócratas que podrían pasar de 220 a 182 en la Cámara de Representantes, mientras los Republicanos subirán de 212 a 219, con 34 escaños inciertos. En el Senado, tanto los republicanos como los Demócratas bajarán a 46 con 6 curules inciertos.
Ante este panorama, AMLO negociará con un presidente que podría dejar la Casa Blanca en 2024 y con ello los acuerdos contraídos deberán esperar mejores tiempos, si olvidar el incierto destino de la crisis mundial y los efectos en todos los ámbitos de la vida nacional. Tiempos sombríos parecen vislumbrarse.
El autor es Doctor en Ciencia Política, especialista en política internacional y asuntos regionales. Profesor investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.