La ilusión de cualquier familia empresaria es tener un negocio rentable y una familia unida. Pese a ello, existen ocasiones en que las preferencias y objetivos de los miembros de la familia (socios) no están alineadas. En este punto, hay que tomar decisiones: Podemos perseguir el propio interés o sacrificarnos (auto-limitarnos) por mantener una sana relación familiar-empresarial.
Si bien las relaciones familiares-empresariales requieren ciertos sacrificios, hay que tener cuidado. Antes de decidir, es preciso analizar si nuestro sacrificio vale (o no) la pena. Y es que, a veces, la auto-limitación puede ser muy grande a título personal, profesional o patrimonial, por ejemplo: a) moverme de país porque se está abriendo una subsidiaria del grupo y alguien de la familia debe estar al frente, b) decidir dirigir el negocio familiar, aunque no me apasione, con tal de no defraudar a mi familia, c) invertir gran cantidad de mi patrimonio personal—aún sabiendo que lo que me proponen no será rentable—con tal de no tener conflictos con mi cónyuge e hijos.
Algunas veces, el sacrificio es inevitable, no obstante, cuando llega el momento de decidir, hay que ser inteligentes. Debemos considerar, y a fondo, estos 4 factores.
1. METAS COMPARTIDAS. Lo primero es evaluar si quiero y puedo (o no) sacrificarme. ¿Qué efectos tendrá ese acto en mí y en los otros? Para que un sacrificio valga la pena, hay que asegurarnos de que algo mejorará; de que alcanzaremos una meta común a nivel familiar-empresarial. Igualmente, hay que evaluar si podemos o no vivir el resto de nuestras vidas con esa decisión. Y es que, si el sacrificio se realiza y el resultado termina siendo un desengaño (las cosas no mejoran), el ambiente se tornará hostil y la cruz se cargará en familia. Un sacrificio para alcanzar la paz familiar-empresarial sólo ES ACEPTABLE cuando nos ayuda a acercarnos a nuestros objetivos comunes.
2. COMPROMISO & RECIPROCIDAD. Lo segundo es evaluar si la familia empresaria corresponderá de alguna forma—¿Saldremos ganando todos? ¿Alguien más ha expresado su voluntad de sacrificarse en el futuro? ¿Estamos trabajando juntos para descubrir qué es lo mejor o simplemente esperan que cambie de opinión y ceda? Cuando un miembro de la familia empresaria concede siempre y no hay reciprocidad por parte de los demás, se genera un patrón de desequilibrio de poder en la relación. Y este desequilibrio es una fórmula infalible para el resentimiento y el conflicto a largo plazo. Así que, si la familia empresaria acepta el sacrificio y no asume ninguna responsabilidad ni compromiso por su parte, la guerra está cantada.
3. MOTIVACIÓN REAL. Lo tercero es analizar cuál es la motivación real detrás del sacrificio. ¿Estoy negociando la paz o evadiendo el conflicto? Aunque el resultado pudiera ser el mismo, el proceso es MUY diferente. Al sacrificarse para evitar el conflicto, uno piensa: “puede que no sea lo correcto, e incluso que me sienta mal, pero al menos no pelearemos, no dañaré la relación”. El punto es que, si ésta es la lógica detrás del sacrificio, la relación suele estar ya bastante desgastada—tanto, que no tenemos confianza ni apoyo como para expresar nuestros deseos. En este contexto, el sacrificio sólo proveerá paz aparente; no unirá ni impulsará la armonía. Además, priorizar constantemente las necesidades de los demás por encima de las propias puede llevarnos a pagar un costo muy alto en términos de autoestima y salud mental.
4. CONCIENCIA & COMUNICACIÓN. Lo siguiente es preguntarnos: ¿He comunicado a los demás que este acto implica para mi un sacrificio? Si la familia empresaria no es consciente de lo mucho que esto significa para ti, no apreciarán tu altruismo. Cuando se verbalizan y comparten las cosas, las familias empresarias que exhiben relaciones sólidas y mutua preocupación por sus miembros, activan su ingenio y construyen soluciones que reducen el impacto del sacrificio, o que lo hacen más tolerable y compartido. Además, lo agradecen y muestran reconocimiento y compromiso a futuro.
Aunque las investigaciones demuestran que las familias empresarias que tienen más posibilidades de permanecer unidas son las que están dispuestas a sacrificarse—o a auto-limitarse en sus acciones en pro del bien común, no debemos ceder sin pensarlo bien. Se deben considerar los pros y contras, saber si podemos vivir o no con ello, tener una comunicación clara, hacer preguntas difíciles y asegurarnos de que estamos concediendo por las razones correctas.
En resumen: Amar, negociar y sacrificar son tres palabras que se complementan. Y para alcanzar una paz real a nivel familiar-empresarial, hay que entenderlas, practicarlas y sostenerlas. Y es que, cuando el sacrificio se hace por las razones adecuadas, éste une; cuando se realiza por las razones equivocadas, aleja y desune.
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