Estados Unidos presentó un paquete arancelario que afecta a 60 economías y que aplica un gravamen máximo del 10 por ciento sobre determinados productos.
Este nuevo impuesto responde a la expiración de un gravamen del 10 por ciento, aprobado después de que el Supremo tumbara los llamados “aranceles recíprocos”, y es la última medida dentro de una serie de acciones que el presidente, Donald Trump, adoptó desde que retornó a la Casa Blanca en enero de 2025, con distintas respuestas por parte de sus socios comerciales.
La nueva estrategia para mantener vivo el arancel global mínimo del 10 por ciento se basa en el argumento de que las economías afectadas compiten de manera injusta contra Estados Unidos por no poner freno al trabajo forzado, algo que, según los expertos, también es un problema en el país norteamericano.
Estados Unidos, que mantiene desde hace casi un siglo restricciones a los bienes producidos mediante trabajo forzoso, tampoco está exento de críticas: organizaciones laborales cuestionan que su legislación permita determinadas formas de trabajo penitenciario que consideran coercitivas.
Esto sabemos de los productos afectados por los nuevos aranceles de Trump
La medida restablece además las exenciones arancelarias a productos europeos como el corcho y los diamantes, que se suman a las ya existentes para aeronaves y sus componentes, medicamentos genéricos y principios activos.
Los nuevos aranceles no se aplicarán a todos los productos, debido a que quedan fuera el petróleo y el gas, determinados recursos nacionales, los bienes cubiertos por el acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá y productos que ya están sujetos a aranceles impuestos por motivos de seguridad nacional, como automóviles y acero.
Tras los aranceles contra México, Canadá y China, los gravámenes al acero, el aluminio y los automóviles y la posterior ofensiva global, los tribunales han obligado a la Administración a cambiar de vía, pero no han conseguido frenar su apuesta por utilizar los aranceles como una de sus principales herramientas de política comercial.
La medida contempla además excepciones para determinados bienes cuya imposición pueda generar problemas de suministro o disrupciones económicas.
¿Qué sabemos de los nuevos aranceles de Trump contra la Unión Europea?
Bruselas valora “positivamente” el anuncio, ya que “se ajusta a los compromisos arancelarios” que Trump pactó con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Escocia.
Sin embargo, la decisión añade tensión política y abre un nuevo espacio de conflicto, lo que subraya que la agresiva -y a ratos impredecible- estrategia comercial de la Administración Trump sigue siendo el factor con mayor potencial para desestabilizar las relaciones transatlánticas.
Aunque celebra que la Casa Blanca se adhiera al pacto, la Comisión cuestiona que el pretexto para los nuevos aranceles sea la lucha contra el trabajo forzado a nivel global, pues “la UE ya cuenta con reglas sólidas” en esta materia, dijo la portavoz del Ejecutivo comunitario, Paula Pinho.
De todas formas, la Comisión cree que el pacto ya ha logrado su principal objetivo, que no es otro que evitar una guerra comercial con EU, y considera que los últimos aranceles de Trump son “un impulso positivo para seguir explorando nuevas exenciones arancelarias”.
En este sentido, espera que EU acepte la lista que le ha propuesto con nuevos productos para los que desearía lograr una reducción de los gravámenes.
Bruselas no ha publicado la lista, pero sí ha revelado su interés en que haya exenciones para sectores estratégicos de la Unión Europea.
¿Cuáles serían los posibles acuerdos de EU con la Unión Europea?
Entre ellos, sí es conocida la intención de la UE de que Washington rebaje al 15 por ciento los aranceles al acero y al aluminio, para los que actualmente aplica un 50 por ciento.
La UE ha abierto la puerta a suspender el acuerdo si EU mantiene ese arancel el 31 de diciembre de 2026 o si, en líneas generales, las preferencias arancelarias que le ha concedido a Washington para exportar sus bienes industriales al 0 por ciento ponen en riesgo la economía del bloque.
Entre las áreas más críticas para la continuidad del tratado, destaca, ante todo, la carga impositiva que EU debe aplicar al acero y al aluminio europeos en virtud del tratado que acaba de entrar en vigor.
Si EU avanza con lentitud o sustituye solo parcialmente sus aranceles del 50 por ciento por contingentes, la UE se enfrentaría al dilema de cancelar el pacto y arriesgarse a una nueva escalada comercial con el Gobierno Trump o tolerar una cierta discriminación a un sector clave de la industria pesada europea.







