¿Tienes un jefe que todo lo absorbe? ¿O eres tú ese jefe que sostiene su eficiencia en la sobrecarga, en estar siempre disponible y en resolver lo que otros dejaron pendiente?
La escena es más común de lo que parece. Hay líderes que han aprendido a funcionar así y, con el tiempo, llegan a confundir esa capacidad de respuesta con una forma sana de dirigir.
Cuando las prioridades son confusas, el líder traduce. Cuando existe tensión entre áreas, negocia. Cuando alguien incumple, corrige. Cuando la dirección cambia de criterio, contiene al equipo. Cada acto parece razonable por separado. El problema aparece cuando dichas actitudes se acumulan y terminan formando una manera silenciosa de operar.
Al principio, esa disposición genera alivio, pues el equipo sabe que alguien detiene los errores, corrige desviaciones y evita daños mayores. Con el tiempo, esa ayuda se vuelve costumbre y se transforma en dependencia. El líder que quiso asegurar calidad termina revisándolo todo y limita a los demás.
Ser indispensable resulta atractivo ya que da sensación de utilidad, reconocimiento y control. También puede ocultar inseguridad, necesidad de aprobación o dificultad para confiar en el criterio de otros. A veces, detrás de un jefe siempre disponible hay una persona que teme soltar porque asocia el control con el buen desempeño.
Las señales son claras. “Yo lo veo”, “mándamelo y lo ajusto”, “lo reviso en la noche”, “cópienme para estar enterado”. La organización escucha disponibilidad, aunque en realidad observa un síndrome en acción.
Es cierto, una parte del liderazgo consiste en asumir responsabilidad; pero otra parte, más difícil y menos vistosa, implica devolverla a donde corresponde. Esto lleva a definir quién debe conversar antes de escalar un conflicto, qué asunto merece atención y cuál solo busca refugio en la autoridad del jefe. Devolver responsabilidad incomoda porque cambia hábitos. También permite que las personas crezcan.
El cambio suele generar resistencia. Algunos colaboradores sentirán que el líder ayuda menos. Algunas áreas interpretarán los límites como distancia. Incluso el propio jefe experimentará culpa cuando deje de resolver aquello que antes atendía de inmediato. Por eso este ajuste requiere claridad. Acompañar también significa permitir que otros usen su criterio, enfrenten conversaciones y asuman consecuencias.
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