Alejandra Marcos

La encrucijada de los mercados

El optimismo que parece soslayar el entorno, está fundamentado en la promesa de que la IA transformará la estructura de la economía norteamericana.

Los mercados de renta variable han entrado a una euforia originada por la inteligencia artificial. Prácticamente todos los índices relevantes en Estados Unidos, el S&P 500, el Nasdaq y el Dow Jones, acumulan nuevos máximos históricos con una regularidad que ya no sorprende a nadie, y eso, precisamente, es lo que debería preocuparnos. El optimismo que parece soslayar el entorno, está fundamentado en la promesa de que la inteligencia artificial transformará la estructura de la economía norteamericana, lo que significará avances importantes en productividad, sumado a la solidez persistente de las utilidades corporativas, donde en cada uno de los trimestres han superado las expectativas del consenso, y en la apuesta de que el conflicto en Irán encontrará una solución más pronto que tarde.

Lo que añade una capa de complejidad adicional a este panorama es la magnitud del movimiento. El S&P 500 acumuló un avance del orden del 16 por ciento durante los meses de abril y mayo, movimiento que solamente se ha registrado después de la Segunda Guerra Mundial y tras periodos de recesiones. Llama la atención en particular el rendimiento en un contexto de política monetaria restrictiva y con señales de deterioro en el consumidor, así como mayor inflación.

El mercado de renta fija, en cambio, parece estar en contrasentido. El bono del Tesoro a 10 años cotiza en torno a 4.5 por ciento, y el de 30 años roza el 5 por ciento, incorporando un escenario donde existe el riesgo de que la inflación no regrese al objetivo y que el déficit fiscal, que sigue acelerándose bajo el peso del gasto estructural, termine trasladándose a una mayor prima de plazo. De acuerdo con el consenso de Bloomberg, la inflación CPI en Estados Unidos cerrará 2026 en 3.5 por ciento, y hay que reconocer que, incluso antes del conflicto en Medio Oriente, no existían señales de convergencia hacia el 2 por ciento que la Reserva Federal tiene como mandato.

Los inversionistas menos optimistas han comenzado a articular un escenario más severo, donde la inflación se acelera por encima del 4 por ciento, las tasas permanecen elevadas por más tiempo e inclusive se abren las probabilidades de nuevos incrementos por parte de la Fed. Bajo ese escenario, las valuaciones actuales, que descuentan un entorno de tasas considerablemente más bajas, tendrían que ajustarse de forma significativa. A ello se suma que, a pesar de los avances diplomáticos, todavía no existe un acuerdo formal con Irán, y la normalización del Estrecho de Ormuz no se resuelve de la noche a la mañana, independientemente de cuándo se firme un entendimiento entre las partes. Finalmente, el mercado cotiza a múltiplos que exigen una trayectoria de crecimiento en utilidades por encima del promedio histórico en un entorno que dista de garantizarla.

Además, por otro lado, para poder participar en la enorme cantidad de ofertas públicas iniciales y levantamientos de capital vinculados a compañías de inteligencia artificial, muchos inversionistas institucionales tendrán que ponerse líquidos, es decir, vender posiciones existentes para generar efectivo. Se habla de necesidades de capital que en algunos casos podrían alcanzar los 80 mil millones de dólares por compañía, lo que abre una pregunta que el mercado todavía no ha resuelto con claridad: ¿de dónde saldrán esos recursos y cuál será el comportamiento del mercado?

La realidad es que ambos mercados, las acciones y los bonos, procesan información incompleta con horizontes distintos. Las valuaciones actuales de acciones reflejan una elevada complacencia frente a riesgos geopolíticos, inflación y política monetaria, sostenida en parte por una liquidez extraordinaria que actúa como amortiguador sistemático de cada corrección.

En algún punto, uno de los dos escenarios se impondrá de forma concluyente. O la inflación cede con sostenibilidad, la Fed recorta tasas de interés y las valuaciones actuales encuentran su justificación fundamental. O la inflación se reacelera, las tasas suben y el mercado accionario converge, dolorosamente, hacia lo que el mercado de bonos lleva meses anticipando. El problema del inversionista no es la falta de claridad sobre los riesgos; es que ambos escenarios son técnicamente plausibles.

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