Jorge Arturo Castillo

Vivir más cambia las cuentas

México celebró a sus adultos mayores mientras avanza hacia una transformación demográfica que modificará el empleo, la salud, los cuidados, las pensiones y hasta los mercados.

Este viernes hubo felicitaciones, fotografías familiares y mensajes dedicados a quienes durante muchos años hemos llamado simplemente los abuelos. El 28 de agosto es en México el Día Nacional de las Personas Adultas Mayores y la celebración tiene una carga afectiva inevitable. Detrás de ella, sin embargo, ocurre una transformación mucho menos visible: México está envejeciendo y tendrá que aprender a vivir, trabajar, consumir y cuidar de una manera distinta.

Basta mirar las cifras para entender la magnitud del cambio. La Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2024, cuyos resultados presentó el INEGI este año, estima que existen 32 millones de mexicanos de 50 años y más. A partir de la distribución por edades reportada por la propia encuesta, alrededor de 17.8 millones han cumplido 60 años. Detrás viene una generación todavía más numerosa que durante las próximas décadas irá modificando la pirámide poblacional.

Durante mucho tiempo hablamos del bono demográfico como una ventaja de México: una población relativamente joven y una elevada proporción de personas en edad de trabajar. Esa ventana no es permanente. Menos nacimientos y una vida más larga están acelerando una transición que otros países comenzaron antes. Frente a otras economías de la OCDE, México todavía conserva una población relativamente joven, aunque el organismo anticipa un envejecimiento particularmente rápido.

Reducir semejante transformación a las pensiones sería quedarse corto. Una sociedad con más personas mayores necesitará financiar atención para enfermedades crónicas, desarrollar cuidados de largo plazo, adaptar viviendas y ciudades, construir servicios financieros distintos y encontrar mecanismos para que quienes quieran y puedan continuar trabajando no sean expulsados del mercado únicamente por haber cumplido cierta edad.

Hay además una pregunta que durante años quedó encerrada dentro de las familias: ¿quién cuida? Cuando alguien pierde autonomía, otra persona suele reducir jornadas, rechazar empleos o abandonar temporalmente el mercado laboral para atenderla. Ese trabajo tiene valor económico aunque pocas veces aparezca en una nómina. Conforme aumente la población de mayor edad, seguir suponiendo que las familias —y principalmente las mujeres— absorberán indefinidamente esa responsabilidad será cada vez menos sostenible.

Pero envejecer tampoco convierte automáticamente a alguien en dependiente ni improductivo. Millones de personas mayores continúan trabajando, comprando, ahorrando, viajando, emprendiendo, cuidando a otros y tomando decisiones económicas. Mirarlas exclusivamente como receptoras de pensiones o servicios médicos reproduce un estereotipo y, de paso, impide comprender el mercado que está apareciendo frente a nosotros.

Desde hace algunos años se utiliza el concepto de “economía plateada” para describir las actividades económicas vinculadas con las necesidades y demandas de una población que vive más tiempo. Salud, cuidados, industria farmacéutica, servicios financieros, tecnología, turismo y vivienda adaptada figuran entre los sectores con posibilidades de crecimiento. Así, la misma transformación demográfica que presionará determinadas cuentas públicas también puede generar empresas, empleos y nuevos mercados.

Ahí aparece una oportunidad que México apenas comienza a mirar. Una aplicación bancaria diseñada pensando en alguien de 25 años puede resultar incomprensible a los 75; una casa construida sin considerar movilidad terminará necesitando modificaciones; una ciudad llena de escaleras, banquetas rotas y transporte inaccesible envejece peor que sus habitantes. Algo semejante ocurrirá con seguros, turismo, medicamentos, dispositivos médicos, telemedicina, alimentación y servicios de asistencia.

También el mercado laboral tendrá que revisar sus contradicciones. Resulta extraño buscar nuevos consumidores entre una población cada vez más longeva mientras muchas empresas consideran viejo a un trabajador de 50 o 55 años. Desaprovechar experiencia laboral justo cuando disminuye proporcionalmente la población joven parece una estrategia difícil de sostener. Parte de la productividad futura dependerá de encontrar maneras de mantener incorporadas a personas mayores que quieran continuar participando en la economía.

Nada de esto elimina los costos. Habrá mayor presión sobre pensiones, sistemas sanitarios y cuidados. Prepararse requerirá recursos, pero sobre todo reconocer que las decisiones tomadas ahora determinarán en qué condiciones llegará al retiro una generación que todavía está trabajando.

Quizá por eso este 28 de agosto convendría hacer algo más que felicitar a nuestros abuelos. Quienes hoy tenemos 40 o 50 años o más somos parte de las estadísticas que mañana describirán el envejecimiento de México. Hablar de adultos mayores parece hablar de otros hasta que uno mira el calendario. Esta discusión también trata de nosotros y del país en el que queremos envejecer.

Sala de Urgencias

  • Regreso a clases, también contra el dengue. Mientras millones de estudiantes preparan su retorno a las aulas, esta semana se desplegaron acciones de la segunda Jornada Nacional contra el Dengue, Chikungunya y Zika. En Morelos, por ejemplo, 238 brigadistas trabajaron del 24 al 28 de agosto en 14 municipios con control larvario, nebulización, ovitrampas y eliminación de criaderos, incluyendo comunidades escolares. La coincidencia importa: un patio, recipiente o depósito con agua puede convertirse en criadero del mosquito. Volver a clases también debería incluir una revisión de aquello que dejamos acumular durante las vacaciones.

COLUMNAS ANTERIORES

El costo que nadie quiere pagar
El medicamento más caro es el que no llega

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.