Carlos Javier Gonzalez

Tecnologías para la inclusión social

La exclusión social no se refiere solo a los servicios básicos como educación y salud, pasa por un gran número de satisfactores que en una sociedad igualan a sus integrantes.

Las transformaciones sociales que quiere hacer la llamada ‘cuarta transformación’ son sin duda alguna una deuda que como sociedad tenemos desde hace muchos años e incluso siglos con las grandes capas de nuestra sociedad, que han sido explotadas, empobrecidas, despreciadas, abusadas y un sin número de agravios que como sociedad hemos tolerado e incluso fomentado de manera vergonzosa. La exclusión social no se refiere solamente a los servicios básicos tales como educación y salud, sino que también pasa por un gran número de satisfactores que en una sociedad igualan a sus integrantes. Para nadie es un secreto que en México el acceso a los servicios en general depende de la capacidad económica de las personas, dada la organización no sólo económica, sino también cultural y social en la que durante muchos años hemos visto como normal estas diferencias e incluso, como un signo de éxito el poder acceder a servicios de mejor calidad que el resto de la población mediante un desembolso de dinero. Es aquí donde las políticas públicas deben dirigir sus esfuerzos, en lograr cerrar esta brecha de la ignominia en un país que se precia de ser la economía número trece o quince del mundo dependiendo de la fuente. La pregunta que se hacen los tomadores de decisiones desde hace años es ¿cómo cerrar esta brecha? Y en realidad no parece una tarea fácil de lograr, de hecho, son pocos los países en el mundo que han logrado esta transformación en los últimos cien años. Sin embargo, debemos reconocer que el avance en las tecnologías puede llegar a ayudar a la inclusión social e igualdad si logramos conciliar dos valores que parecerían excluyentes entre sí: la solidaridad y la rentabilidad. Los esfuerzos de orientar la políticas de Estado en materia de desarrollo tecnológico hacia la masificación de algunos de los servicios más importantes pueden ser un buen inicio para lograr que estas tecnologías sirvan como vehículos de inclusión social. Por ejemplo, existen aplicaciones que han logrado la difusión de rutinas de salud al alcance de un celular; o también la inclusión financiera que poco a poco va permeando a través de las fintech; la inclusión educativa mediante cursos y sistemas de aprendizaje de idiomas, oficios, etcétera, a costos muy económicos, entre muchos otros.

Muchas instituciones financieras han comprendido bien que existe un sector de la población que debe ser incluido no sólo por razones de negocios, sino por razones de justicia. Y es así que poco a poco van desarrollando programas de inclusión financiera que permitan al grueso de la población acceder a la bancarización con todo lo que ello conlleva. Y en este contexto cabe preguntarse si no hará falta utilizar la tecnología para algo que es fundamental como el acceso a la justicia. En México contar con un abogado que defienda los intereses de las personas se ha convertido en un artículo de lujo, porque los buenos abogados cobran honorarios muy altos para el común de las personas, lo que los orilla a contratar servicios de coyotes que en muchos casos engañan a sus clientes con la única intención de obtener el pago de un honorario y los famosos ‘gastos’ a cambio de mal atender los asuntos de las personas. Esta inclusión legal debe de ser una de las prioridades de las sociedades en general y de la sociedad mexicana en particular y es por eso que un grupo de inversionistas preparan una transición de los servicios legales hacia una tecnología que permita abaratar los costos de los mismos y ponerlos al alcance de grandes capas de la población hasta ahora excluida de este servicio. Sin duda la inclusión legal es un imperativo nacional que hará que aquellos que ahora son tratados como desiguales, encuentren igualdad ante los órganos de impartición de justicia. Será un gran paso.

En anexo

En este proceso de lograr la inclusión social en el mayor número de rubros es muy importante contar con empresas y empresarios que se encuentren comprometidos con el desarrollo futuro de las tecnologías con visión social y que arriesguen sus inversiones en nuestro país para producir tecnología mexicana. Un ejemplo claro de esto es Kata Software de Héctor Obregón Roa, quien acaba de lograr un levantamiento de capital por cuatro y medio millones de dólares de parte de RW Capital y Estrategia. Kata Software se ha distinguido por la producción de tecnologías enfocadas al sector financiero con una visión social que permita la inclusión financiera de grandes capas de la población en América Latina. Ojalá muchas empresas sigan este ejemplo y contribuyan a cerrar las brechas sociales en nuestro país desde sus trincheras.

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