El año pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, implementó el aumento arancelario más alto desde la legislación Smoot-Hawley de la década de los treinta del siglo pasado, una política que, por cierto, contribuyó a profundizar la Gran Depresión.
¿Qué se buscaba con la imposición de elevados aranceles en esta ocasión? De acuerdo con el propio presidente Trump, estos versátiles impuestos pueden ayudar a alcanzar objetivos muy diversos: desde reducir el tráfico de fentanilo y facilitar la anexión de Groenlandia, hasta disminuir la migración ilegal. En el ámbito económico, desde su primer mandato Trump ha sostenido de manera consistente que los aranceles contribuirían a aumentar el empleo manufacturero en Estados Unidos y a reducir el déficit comercial, déficit que, según el Presidente, es evidencia de que otros países “se aprovechan” de Estados Unidos. Todo ello con la ventaja adicional de no generar presiones inflacionarias.
Después de casi un año de haberse implementado los aranceles, ¿se han logrado estos objetivos? Veamos primero el tema del déficit comercial.
Entre enero y noviembre de 2025 —último dato disponible— el déficit comercial de Estados Unidos aumentó en aproximadamente 33 mil millones de dólares, lo que representa un incremento cercano al 4% respecto al mismo periodo de 2024, cuando los aranceles aún no estaban en vigor. Hasta el momento, no hay evidencia de una reducción clara del déficit comercial como resultado de los aranceles.
Algunos dirán que es pronto para sacar conclusiones. Sin embargo, la evidencia histórica muestra que los aranceles no reducen el déficit comercial y que éste en realidad se explica por desbalances macroeconómicos: Estados Unidos ahorra menos de lo que invierte y mientras eso no cambie, seguirá registrando déficits comerciales. Puede modificarse la composición del déficit —por ejemplo, reducirse con algunos países (como China) y aumentar con otros—, pero el déficit agregado necesariamente persistirá.
Ahora bien, si lo que se desea es reducir el déficit comercial, sería necesario incrementar el ahorro nacional, lo cual podría lograrse con una reducción del déficit fiscal. Esto además ayudaría a disminuir las tasas de interés de largo plazo en la deuda gubernamental. Por otra parte, hay que señalar que un déficit comercial no es necesariamente algo negativo para una economía. Los consumidores estadounidenses pueden adquirir más bienes del exterior porque —hasta ahora— el resto del mundo ha estado dispuesto a financiarlos.
¿Qué podemos decir del empleo manufacturero? Los datos revelan que durante 2025 no sólo no hubo creación neta de puestos manufactureros en Estados Unidos, sino que se registró una ligera disminución de alrededor de 8 mil empleos. Acá tampoco se han logrado los efectos prometidos.
Y es poco probable que se logren. La reducción del empleo industrial en Estados Unidos comenzó mucho antes de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte o de la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio. En este proceso el cambio tecnológico ha jugado un papel central, combinado con el fuerte crecimiento de la productividad en otros sectores como los tecnológicos, que ha hecho que los empleos en este sector resulten más atractivos que los manufactureros.
En este punto, cabe preguntarse si en todo caso es deseable crear más empleos manufactureros cuando no necesariamente están mejor remunerados que los del sector de tecnología o de servicios. Cuando en Estados Unidos comenzó a caer el porcentaje de la población empleada en el campo, también hubo protestas y se implementaron políticas (infructuosas) para revertir la tendencia. Hoy nadie habla de ello. Lo que ocurrió fue que los empleos industriales se volvieron más productivos —y por tanto mejor remunerados— que los agropecuarios. Algo similar ocurre hoy entre el sector manufacturero y el de servicios.
Intentar dirigir artificialmente capital y trabajo hacia sectores menos eficientes puede resultar contraproducente y terminar reduciendo la eficiencia general de la economía.
Y finalmente, ¿qué hay de la inflación? Si bien esta no ha aumentado tanto como se esperaba, ello puede explicarse por el adelantamiento de importaciones y por la capacidad de las empresas para retrasar el traslado del impacto arancelario a los precios a los consumidores. Pero también es cierto que, de acuerdo con la Reserva Federal, de no haber sido por los aranceles, la inflación ya se encontraría en su objetivo, facilitando aún más la relajación monetaria.
En resumen, con los datos observados en 2025, no parece que los aranceles estén cumpliendo con lo prometido en términos económicos. Tanto la teoría económica como la experiencia histórica indican que difícilmente lo harán.