Colaborador Invitado

¿Tengo otros datos?

Gastos que van desde la irregularidad hasta la notoria ineficiencia afectan a la economía e imagen de nuestro país, pero más aún al bienestar de las personas.

Durante al menos dos años las cifras económicas del país parecen ser un juego de caprichos y engaños, en el que desvaríos y mentiras del actual gobierno son cubiertos siempre por el presidente con la triste y célebre frase de “yo tengo otros datos”. Y lo hace igual con sus afirmaciones, sin que éstas tengan sustento alguno.


La imagen en el exterior de nuestro país no puede ser peor. Y con una frecuencia que nadie desea surgen datos que confirman esto. Cifras de dominio público indican, por ejemplo: la situación económica de Pemex, que ha significado incluso que las calificadoras la consideren como una empresa “chatarra”; la cancelación del aeropuerto de Texcoco que ascendió -según datos de la Auditoría Superior de la Federación- a alrededor de 113 mil millones de pesos; la refinería de Dos Bocas y el tren maya que van a costar 330 mil millones de pesos; la construcción del aeropuerto de Santa Lucía con un costo de 190 mil millones de pesos; la intervención para cancelar una inversión importante para realizar una cervecería en Mexicali, con un costo de 23 mil millones de pesos; subsidios a Centro América por mil 500 millones de pesos, a los que habrá que sumar apoyos que se quieren dar a otros países, como a Cuba; la construcción de estadios de beisbol por mil 200 millones de pesos; la absurda y narcisista consulta pública por 530 millones de pesos; pérdidas en el Banco del Bienestar por 426 millones de pesos; el mantener “estacionado” el avión presidencial en California por 250 millones de pesos; y, adicionalmente, 200 millones de pesos por traer médicos cubanos. Eso, sin considerar los gastos que se están erogando para convertir a la Cancillería de nuestro país en una triste copia de la arena coliseo, para que rudos y técnicos venezolanos hagan de su pleito una atracción mediática para distraer al público de nuestro país.


Qué no decir de los gastos para celebrar la conmemoración de la resistencia de Tenochtitlan, haciendo unos vergonzosos templos de tabla-roca que más bien parecieran un pastel de merengue para una fiesta infantil de mal gusto, y teniendo a un lado sin atender al Templo Mayor, cuya estructura colapsó en abril pasado por las fuertes lluvias. En fin, todos estos son gastos que van desde la irregularidad hasta la notoria ineficiencia, y sin duda alguna afectan a la economía e imagen de nuestro país, pero más aún al bienestar de las personas, particularmente de los más rezagados.


Esto ha colocado a la economía mexicana en los niveles que tenía aproximadamente hace 10 años. Con cifras del INEGI y Banxico se puede observar que en 2020 el PIB per cápita de los mexicanos fue de 8,522 dólares, por debajo de los 9,416 dólares que se tenían en 2010. Y lo peor de todo es que esta historia de terror todavía no llega a su fin, lo cierto es que cada vez somos más pobres, con el agravante de que lo único que va en crecimiento en este país es el odio entre sus habitantes, luchas de clases, enemistad entre “conservadores y liberales”, entre Morena y los medios de comunicación, y finalmente en las últimas semanas, entre europeos y mexicanos. La división y confrontación como sello de gobierno.


Esto sigue y seguiría, y aquellos que osen cuestionar siquiera los caprichos y mandatos del falso mesías irán cayendo poco a poco, entre sus mal llamados y cuestionados enemigos, tal y como ya lo hace con los medios de comunicación, entre otros. No hay que olvidar tampoco el serio conflicto hacia donde Andrés López está apuntando sus baterías en los últimos tiempos, es decir, el poder judicial contra los habitantes del país.


El día de hoy leía que, lejos de pensar en el crecimiento de las inversiones -después del escenario adverso en la destrucción presidencial del Estado de Derecho contra las empresas productoras de energías limpias-, la compañía de trenes Kansas City Southern México está estudiando la salida de nuestro país. Porque otro de los grupos de interés de este gobierno, los mal llamados maestros de la CNTE, han detenido el flujo de mercancías del puerto de Lázaro Cárdenas, y ahora se les ve lejos de las clases tomando el sol sobre las vías del tren, sin que nadie haga absolutamente nada, no al menos las autoridades responsables. En tanto, el mismo presidente ha iniciado la batalla entre los candidatos pre-destapados por él mismo para sucederlo en la presidencia.


Veremos qué pasa, ojalá esto lo decida la democracia de nuestro país, la suerte está echada y los dados están cargados por el mismo presidente. Parafraseando a Jan-Werner Müller, el peligro para la democracia es el populismo: “una forma degradada de democracia que promete hacer el bien bajo los más altos ideales democráticos”.

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