En México necesitamos grandes transformaciones humanas. El futuro sólo será nuestro si asumimos la responsabilidad de preparar y formar a las nuevas generaciones. Es una asignatura pendiente del Estado mexicano. Por muchas décadas hemos desperdiciado el tiempo en batallas intrascendentes. La dispersión, las ocurrencias sexenales y la falta de continuidad de algunos destellos educativos venturosos han anclado a nuestro país. No sabemos, a ciencia cierta, a dónde vamos, en qué puerto atracar, cuál es nuestro destino.
El país requiere continuidad de las acciones exitosas de gobierno. No podemos construir por las mañanas y destruir por las tardes. No podemos inventar nuestro país cada tres y seis años. Es un despropósito, una aberración política y un enorme desperdicio económico y de energía social. Un desperdicio de pueblo.
«No todo está podrido en Dinamarca». Debemos darle la bienvenida y celebrar el éxito ajeno, al margen de consideraciones ideológicas, y sumarlo en beneficio del país. Depuremos nuestra alma política y desterremos la envidia, el encono y la frustración que entorpecen el paso a la Historia y que irremediablemente conducen al olvido colectivo y a la intrascendencia política.
Los pueblos de mayor avance y desarrollo son aquellos que han institucionalizado la política y el ejercicio del poder, aquellos que se han atrevido a realizar a fondo reformas de la educación, destinado recursos para lograr el objetivo y, por supuesto, poniendo al frente de esta noble responsabilidad a la mejor gente, a la altura de las circunstancias. En nuestro país, Justo Sierra con Porfirio Díaz, José Vasconcelos con Álvaro Obregón y Jaime Torres Bodet con Adolfo López Mateos. Luces brillantes en el atajo de la obscuridad.
El camino de la transformación necesariamente pasa por la educación. Es el soporte de la estructura del edificio colectivo y el sostén para que florezcan la ciencia y la tecnología. Estas reflexiones tienen sentido y actualidad por el propósito que tiene el gobierno de cancelar el Programa de Escuelas de Tiempo Completo. Es un error y un despropósito político. Un agravio para nuestras y nuestros niños, para sus madres y para los maestros, pues atenta contra su misión, vocación natural y sentido de vida.
El Programa de Escuelas de Tiempo Completo es una acción promisoria de gobierno, su cancelación sería un error. Se atentaría contra la formación de las nuevas generaciones. Dedicar el tiempo suficiente a su formación y desarrollo debe ser prioridad del Estado mexicano. Estas escuelas deben convertirse en el hogar generoso que fortalezca el alma y el espíritu de nuestras y nuestros hijos, toda una jornada diaria de aprendizaje, esparcimiento, deporte, convivencia social, protección a su integridad, alimentación y la utilización inteligente de los avances tecnológicos de la comunicación en su beneficio. Documentales, películas educativas, reportajes, etcétera.
El programa se debe fomentar, continuar y darle un sentido integral para el desarrollo del niño; ya existe la infraestructura, que ha costado mucho tiempo y dinero del pueblo y del gobierno. Además de la importante función de la formación docente es un recinto de protección física y emocional, así como un espacio de tiempo invaluable que las madres necesitan para llevar a cabo su trabajo y apoyar el sustento familiar y su independencia.
El presidente debe reconsiderar este funesto propósito de cancelación. Los representantes populares deben hacer su trabajo y defender este importante programa nacional.
