Ex director del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL).
A cincuenta años de su origen, el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL) cierra un ciclo bajo mi gestión con una convicción firme: lo que hoy celebramos no es un punto de llegada, sino el cimiento de lo que México podrá construir con la energía como palanca de desarrollo.
Por eso esta columna mira hacia adelante. El instituto entrega a la nación capacidades científicas probadas y, sobre todo, una nueva visión que ordena el rumbo y convierte el conocimiento acumulado en porvenir. Medio siglo de trayectoria adquiere así su sentido más pleno: ser plataforma de lo que viene.
El país avanza hacia metas ambiciosas: 38 por ciento de generación energética renovable para 2030 y 22,674 MW de nueva capacidad. Frente a ese horizonte, el INEEL aporta algo que ninguna meta alcanza por decreto: la inteligencia técnica que la hace posible. Lo demuestra el trabajo en redes inteligentes y automatización, donde el instituto opera sistemas de control y supervisión que sostienen la confiabilidad de procesos críticos y avanzan hacia una cobertura nacional cada vez más amplia. Esa infraestructura es, en los hechos, el sistema nervioso del sistema eléctrico mexicano, y su valor crece a medida que la red se moderniza.
La nueva visión articula este patrimonio con una claridad nueva. Su propósito es ordenar las capacidades del instituto en proyectos priorizados, con impacto medible y vinculación directa con las prioridades nacionales. La geotermia y los sistemas térmicos avanzan junto con la SENER, la Comisión Federal de Electricidad y Petróleos Mexicanos, con soluciones para recuperar calor y elevar el aprovechamiento energético. Los sistemas eléctricos integran atención técnica y de prevención operativa, formación de posgrado y modernización de redes en una sola ruta de valor público. Y las energías alternas consolidan desarrollos con madurez tecnológica real, listos para escalar hacia la industria. La fortaleza del INEEL en esta etapa reside precisamente ahí: en hacer que investigación, operación y formación caminen en la misma dirección, con un propósito compartido.
Ese es el legado más valioso que dejamos: una institución con rumbo definido, con proyectos listos para crecer y con un horizonte que le da coherencia a cada línea de trabajo. La claridad estratégica permite que cada avance proyecte un alcance mayor y que el porvenir energético del país tenga en el instituto un aliado de largo plazo, capaz de anticipar los retos que vienen y de responder con soluciones propias.
Leo este cierre como parte de la continuidad y la visión que la presidenta Claudia Sheinbaum encomendó al sector. Al nuevo titular, el Dr. Víctor Rodríguez Padilla, le entrego una institución sólida, con capacidades técnicas probadas y una agenda clara para seguir fortaleciendo el desarrollo energético de México. Su trayectoria en la academia y en el servicio público le ofrece los elementos para conducir con solvencia esta etapa y consolidar lo alcanzado.
Agradezco a Javier Jileta y a su equipo en Scientika por creer en las raíces científicas de México y por confiar en la capacidad de todo mi equipo para impulsar una visión de país mejor. El INEEL llega a este momento con bases firmes, conocimiento acumulado y una mirada puesta en el futuro. Ese es el verdadero motivo de la celebración: no lo que termina, sino todo lo que el Instituto le permitirá a México emprender mañana.
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