Las redes sociales están transformando la cultura a pasos agigantados. Hace unos meses me pidieron una colaboración para el Tribunal Electoral de la CDMX, en la que hice una descripción cronológica del impacto de las redes sociales en los procesos electorales de México, desde la presidencia de Ernesto Zedillo y hasta la elección de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México.
En ese texto aseguré que uno de los principales retos culturales a los que nos enfrentamos como país, es el de la homogeneización de las generaciones nativas de internet. Sabemos que las redes sociales propician la polarización de las audiencias, al estar inmersos en una burbuja de amigos, seguidores y contenidos que confirman nuestras creencias; las ideologías que se alejan de nuestras creencias solamente las vemos en forma tangencial.
Otro de los efectos secundarios de este fenómeno es la llamada cultura TikTok. El algoritmo de esa red social es tan poderoso que, sin importar límites culturales o geográficos, nos presenta contenido producido en cualquier lugar del mundo, con una alta probabilidad de que nos guste. El algoritmo de TikTok ya nos conoce mejor que nosotros mismos, y nos abre una ventana a un mundo llamado internet global.
Twitter es para enterarse y debatir. Facebook para unirnos con parientes, amigos y conocidos. Instagram para presumir un estilo de vida. Pero todas esas redes sociales todavía eran ‘cerradas’. ¿A qué me refiero? A que nuestros amigos y seguidores estaban bajo control y eran ideológica y culturalmente cercanos. A menos que usted sea una figura pública, conoce casi a todos sus seguidores o contactos.
Con las nuevas plataformas, que encabezan TikTok, Twitch, entre otras, viene la era de las redes sociales que rompen barreras globales. Los adolescentes del mundo ya están conectados en las mismas tendencias, usan los mismos memes, conocen las mismas canciones, bailan los mismos bailes y se suben a los mismos ‘tren del mame y del meme’, sin importar dónde se encuentren.
No sabemos todavía el impacto que tendrá esto en el futuro de las generaciones que apenas se están formando, y que entrarán al mercado laboral en los próximos años. Ya vimos que los millennials están en su propia revolución, pero la de los centennials claramente es la revolución que viene.