Estados Unidos: lejos de la paridad de género
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Estados Unidos: lejos de la paridad de género

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Estados Unidos: lejos de la paridad de género

15/11/2018

Estados Unidos a pesar de ser una democracia liberal, no cuenta con medidas de acción afirmativa o cuotas de género en la postulación de candidaturas de los partidos políticos, como ocurre en México y muchos otros países del mundo. Por esta razón, el crecimiento del número de mujeres en cargos federales, estatales y locales en las recientes elecciones intermedias fue un hecho revelador del ánimo social. El discurso y las políticas de Trump contrarios a los derechos de las mujeres y minorías étnicas, religiosas y sexuales han sido contraproducentes y galvanizado la movilización de estos grupos. Las marchas de mujeres, que convocaron a miles de ciudadanos inconformes, fueron el preludio de lo que ocurrió el pasado 6 de noviembre.

Los triunfos más notables ocurrieron en el poder Legislativo. En enero de 2019, el Congreso estadounidense alcanzará la mayor representación de mujeres en su historia: 99 mujeres representantes (de 435 escaños) y 23 senadoras (de 100 asientos). Apenas hace un siglo, en 1917, se eligió a la primera mujer legisladora, Jeannette Rankin (de Montana). El triunfo de las elecciones intermedias representa un avance modesto comparado con la legislatura que termina, en la que hay 84 mujeres en la Cámara Baja. En el Senado, se mantuvo el mismo número de mujeres.

Además del número, muchas de las candidatas electas este año tienen características particulares. Más de 30 no tenían experiencia política y vencieron a personajes que buscaban su reelección (como Alexandria Ocasio-Cortez, quien será la legisladora más joven hasta ahora); otras reflejan la composición plural de EU (Young Kim, de origen coreano, Deb Haaland y Sharice Davids, indígenas e Ilhan Omar y Rashida Tlaib, musulmanas). Las cuatro últimas son candidatas progresistas. Haaland y Davids defienden la interrupción legal del embarazo, los derechos de la comunidad LGBTTTI, la calidad de la educación pública, la lucha contra el cambio climático y el uso de energías renovables. Omar y Tlaib nacieron en países en guerra –donde sufrieron las consecuencias de intervenciones extranjeras– y ahora en EU reconcilian sus creencias religiosas con su activismo feminista.

En esta elección, Estados Unidos mostró fracturas entre regiones del país, edades, razas y géneros. El resultado es amargo para el presidente Donald Trump, quien se enfrentará a un Legislativo dividido. De entrada, la Constitución le da facultades al Congreso sobre el presidente para aprobar leyes –incluidas las relacionadas con el comercio y la migración– y un peso decisivo para la política exterior. En ese sentido, las mujeres demócratas pueden ser un freno a las medidas más gravosas del presidente. Esperemos que ellas –sobre todo las que asumirán por primera vez una responsabilidad pública–impidan la derogación de Roe vs Wade, impulsen discusiones sobre el estado de la educación, la cobertura médica, la reforma migratoria, el control de la venta de armas y el rumbo de la política exterior.

Si bien el Partido Republicano afianzó su mayoría en el Senado gracias a la movilización de su base electoral –fuera de las grandes ciudades–, la pérdida en la Cámara de Representantes y en gobiernos y legislaturas estatales advierten de la polarización del país. Los dos grandes partidos se separan cada vez más del centro: hacia 2020, el consenso bipartidista está en crisis. Mientras Trump se atrinchera, los demócratas confían en que asegurar el apoyo de grupos más amplios de votantes, entre ellos grupos de mujeres progresistas, será clave para recuperar la Casa Blanca.

Los resultados de estas elecciones se han calificado incorrectamente como “el año de la mujer” o “la ola rosa”, cuando en realidad el avance numérico fue pequeño. En Estados Unidos aún falta un buen camino que recorrer para alcanzar la paridad en los puestos de elección popular, logro que en México se ha alcanzado gracias a las cuotas de género; tema que podrían discutir y presumir las legisladoras mexicanas en las reuniones interparlamentarias con sus pares de EU.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.