Lo nuevo no siempre es mejor.
Una de las mayores críticas al sistema judicial anterior era el acaparamiento del poder, la concentración de decisiones y el empoderamiento de unos cuantos personajes que terminaban convertidos en dueños de parcelas enteras de la justicia.
La reforma-venganza del Bienestar prometió acabar con eso. Hoy la historia se repite. Solo cambiaron los protagonistas.
Se creyó que con la llegada de Hugo Aguilar a la presidencia de la SCJN comenzaría una nueva época. Que, emulando la historia de Benito Juárez, sería el héroe que la justicia mexicana necesitaba: el protagonista perfecto de una novela cuyo guión —acordeón podría llamarse— parecía escrito de antemano.
Pero el tiempo dijo otra cosa.
Frente a una presidencia tibia, quien verdaderamente ha tomado las riendas del Poder Judicial federal es un poderoso hombre llamado –inhale y exhale– Don Dinero o Néstor Vargas, para los amigos.
Exconsejero jurídico de Claudia Sheinbaum cuando era jefa de Gobierno de la CDMX y hoy presidente impuesto del Órgano de Administración Judicial, Vargas entendió antes que muchos una regla elemental del poder: quien controla el dinero, controla casi todo.
Presupuesto, plazas, nombramientos, ascensos, estructura y recursos pasan por el organismo que encabeza. Y Don Dinero sabe perfectamente cuánto vale tener la chequera.
Ya he dedicado tres columnas a los escándalos que se acumulan en el OAJ bajo la presidencia de Néstor Vargas, un personaje oscuro que no solo preside el organismo: se siente dueño de él.
El OAJ está integrado por cinco consejeros, al menos en el papel. Porque Vargas ha sometido a sus pares en una larga cadena de atropellos, excesos y cinismo: contrataciones de personal en flagrante impedimento, nepotismo, uso discrecional de recursos públicos, ascensos inexplicables y otras graves infracciones.
Precisamente todo aquello de lo que se acusaba al viejo Poder Judicial.
La historia se repite. Solo que ahora pintada de guinda.
Futurismo en el OAJ
Néstor Vargas ya piensa en lo que sigue. El próximo año –si antes no cambian las reglas– necesitará asegurar su reelección como presidente del OAJ. Sin el apoyo de los demás integrantes sería imposible. Pero para eso están las lealtades. Vargas las construye desde ahora.
A Néstor Vargas le temen y no falta mucho para comprobarlo. En septiembre comenzarán a moverse iniciativas para reformar la Constitución y las leyes con un propósito muy concreto: ponerle límites jurídicos a un Néstor desatado, que trata con prepotencia y altanería a ministros y magistrados y que ha convertido la administración judicial en territorio propio.
Cuando apenas comienza un nuevo sistema y ya hay que reformar la ley para contener a uno de sus principales funcionarios, algo salió bastante mal.
Al OAJ llegan personajes con sueños por cumplir. Buscan plazas, ascensos y mejores prestaciones.
El caso más escandaloso, repito, es el del chofer de la consejera Catalina Ramírez, Juan Carlos Cruz Castañeda, a quien con el aval de Néstor Vargas lo hicieron coordinador, así pasó de cobrar 23 mil a casi 90 mil pesos mensuales. Una auténtica historia de superación personal. Hay quienes tardan décadas en construir una carrera dentro del Poder Judicial. Otros únicamente necesitan encontrar el elevador correcto.
La cuna clientelar de la ‘4T’
El OAJ, cuna clientelar de la ‘4T’, está plagada del color guinda.
Catalina Ramírez Hernández, impuesta por Hugo Aguilar cuando no pudo colocar a su fiel escudera Greysi Adriana Muñoz por la guerra mediática iniciada en su contra, se suponía que operaría en favor de los intereses de Aguilar. Duró poco la encomienda, pronto se vio sometida a la voluntad de Vargas.

José Alberto Gallegos Ramírez, también exalfil de Hugo Aguilar y emanado de las filas del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, pronto encontró en Néstor Vargas un sustituto de la voluntad que originalmente lo llevó a esa silla.

Y después está Surit Berenice Romero, pareja del diputado Leonel Godoy, exgobernador de Michoacán y que, en su página de Wikipedia, seguramente elaborada por ella misma, se define como miembro de Morena y egresada de la internacionalmente reconocida Universidad Cuautitlán Izcalli, donde uno puede convertirse en abogado en tan solo dos años. Una auténtica proeza académica para dirigir el destino de jueces y magistrados.

Finalmente está la más reciente integrante, Xóchitl Almendra Hernández Torres (que entró para reemplazar a Lorena Josefina Pérez Romo, que misteriosamente renunció después de enfrentarse a Néstor Vargas hace unos meses), quien anuncia ya ser la sustituta de Néstor Vargas en caso de que su intento de reelección fracase.

Curiosamente, a Xóchitl Almendra la ligan a Lenia Batres, por lo que su influencia dentro del OAJ ya se siente, imaginemos cómo será al llegar a la presidencia de la SCJN; Néstor tendría los días contados ante las imposiciones de Lenia Batres.
Esta es la nueva realidad del Poder (Per)Judicial. El nepotismo que prometieron erradicar: multiplicado. El poder que prometieron democratizar: concentrado. Los privilegios que prometieron desaparecer: encontraron nuevos beneficiarios.
Al final, en el nuevo Poder (Per)Judicial, por encima de ministros, magistrados, jueces, discursos, acordeones y promesas de democratización, parece mandar el mismo personaje que ha gobernado desde siempre: un poderoso caballero llamado Don Dinero.